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Los retos de Johannesburgo

Diana Pombo Holgu铆n, Mayo 02 de 2003, Este art韈ulo ha sido consultado 3720 veces

Las expectativas fueron grandes para los ambientalistas, defensores de los derechos culturales y territoriales de los pueblos ind铆genas cuando se anunci贸 la inminente firma de los convenios sobre Cambio Clim谩tico y Diversidad Biol贸gica en el marco de los acuerdos de R铆o. Se hablaba del pago de la deuda ecol贸gica, de recursos para la conservaci贸n de los bosques y para el desarrollo tecnol贸gico, se trabajaba en mecanismos para garantizar la participaci贸n de los pueblos en la toma de decisiones que los afecten; se mencionaba incluso la interculturalidad y el di谩logo de saberes como parte de una construcci贸n cuyos resultados estaban ya a la vista. Hasta se lleg贸 a creer que se hab铆a encontrado el escenario adecuado para garantizar el reconocimiento efectivo de los derechos territoriales y culturales de los pueblos ind铆genas y extenderlos a las comunidades negras, derechos que hasta entonces s贸lo contaban, entre los acuerdos multillaterales, con la d茅bil protecci贸n del Convenio 169 de la OIT.

Diez a帽os despu茅s de R铆o, la Cumbre de Johannesburgo termina por hacer evidente cu谩l era el proceso que realmente se estaba iniciando, proceso al que muchos aportamos lo mejor de nuestros esfuerzos.

El inicio de los noventa fue una 茅poca de grandes cambios en Colombia y Latinoam茅rica: en el marco de procesos altamente participativos se adelantaban las reformas del Estado, dentro de las cuales se preparaba la Asamblea Nacional Constituyente para la definici贸n de Colombia como un Estado de Derecho, basado en el reconocimiento de derechos territoriales, culturales y ciudadanos, y se constru铆a una nueva institucionalidad ambiental. Al mismo tiempo se planteaban las posiciones que Colombia llevar铆a a las grandes convenciones que se firmar铆an en el marco de la Cumbre de la Tierra, como se llam贸 la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo. Todos estos eventos, sin excepci贸n, respond铆an a un 煤nico y contundente hecho: las naciones del mundo, sin excluir a Colombia, deb铆an adecuar sus marcos institucionales y de negociaci贸n para abrir paso a la econom铆a global.

Todos los espacios que se abrieron entonces, coincidieron en mantener la misma dualidad: al tiempo que hac铆an 茅nfasis expl铆cito en reconocer derechos soberanos a la Naci贸n, a las naciones, a los grupos 茅tnicos y a los ciudadanos sobre sus territorios y el patrimonio contenido en ellos, reconoc铆an los derechos a los dem谩s pa铆ses para acceder a los recursos biol贸gicos como puerta de entrada para garantizar la participaci贸n en los beneficios que se derivasen del acceso a los recursos gen茅ticos, que eran los que en realidad importaban, y para globalizar los beneficios de los servicios ambientales disponibles en el planeta, los cuales, como era de esperarse, hac铆an parte del patrimonio de los pa铆ses menos desarrollados.

El papel preponderante que se asign贸 a la equidad en la participaci贸n en las oportunidades y beneficios que se deriven de los usos de la oferta ambiental del planeta fue evidente desde el inicio, a pesar de los saludos a la bandera que se hac铆an a trav茅s de temas como el reconocimiento de los derechos de los pueblos a decidir si aportar铆an o no sus conocimientos a los procesos cient铆ficos, tecnol贸gicos y comerciales de la biotecnolog铆a, o al cumplimiento del compromiso de las naciones por reducir la contaminaci贸n causada por ellos. R谩pidamente se separ贸 el manejo de los recursos gen茅ticos del recurso biol贸gico que los contiene, lo que aisl贸 a las comunidades de su control, y de manera igualmente r谩pida la reducci贸n de la contaminaci贸n se convirti贸 en un mercado de futuros, organizado a trav茅s de una bolsa internacional donde las naciones industrializadas negocian los porcentajes espec铆ficos que les han sido asignados sobre un total estimado de reducci贸n de emisiones de carbono a cinco o a diez a帽os.

Si as铆 se plantearon las cosas desde el inicio, 驴cu谩l es entonces el significado espec铆fico de Johannesburgo?, 驴Cu谩l es el aprendizaje, cu谩les los retos que se derivan de ese gran montaje escenogr谩fico con treinta mil actores, que fue la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible?

Si pensamos en el proceso preparatorio, podemos ver que 茅ste no dur贸 uno, ni dos a帽os, sino los diez transcurridos desde la firma de los acuerdos de R铆o. Desde su constituci贸n en 1994, la Organizaci贸n Mundial del Comercio se fue imponiendo como el escenario central de negociaci贸n internacional, y los acuerdos de R铆o fueron sufriendo progresivos ajustes, hasta consolidarse en lo que hoy son: un mecanismo internacional para promover alianzas globales alrededor de la conservaci贸n ambiental, cuidando mucho de que las acciones que se realicen en este marco no vayan a constituir controles no arancelarios al comercio.

Por el camino se dio un primer gran paso cualitativo: el cambio radical en los fundamentos 茅ticos que orientan las relaciones entre pa铆ses. Si al inicio de los noventa la 茅tica se defin铆a en t茅rminos del respeto por los procesos vitales y su diversidad sobre cualquier otra consideraci贸n (la vida no se patenta), el milenio comienza con un planteamiento totalmente diferente, avalado por todos, o casi todos, los pa铆ses del globo: nada se debe oponer al derecho que tiene un pa铆s a participar en t茅rminos de equidad en una negociaci贸n comercial internacional. 隆Vaya coincidencia! El tercero de los objetivos del Convenio sobre Diversidad Biol贸gica, planteado desde 1991: el derecho a la participaci贸n equitativa en los beneficios que se deriven de la utilizaci贸n de los recursos gen茅ticos, l茅ase en t茅rminos generales del patrimonio natural.

驴Qu茅 fue Johannesburgo, adem谩s de un gran aval internacional a este replanteamiento de los principios 茅ticos que orientan las relaciones internacionales? Hubo otro gran hito, otra gran muerte, ampliamente anunciada por ONG de diversas tendencias: la sustituci贸n de los pa铆ses por las corporaciones multinacionales como actores centrales de los espacios de negociaci贸n multilateral, lo que de alguna manera puede estar anunciando tambi茅n la pr贸xima muerte de los escenarios de negociaci贸n multilateral.

Si los valores asociados al territorio, como son la vida, el patrimonio natural y cultural y su diversidad asociada, pierden preponderancia frente a los fundamentos de la globalizaci贸n, representados en derecho a participar en igualdad de condiciones en transacciones comerciales 驴Qu茅 sentido tiene que sean representantes de los pa铆ses, que son unidades territoriales, los actores en una negociaci贸n que ya no se podr铆a llamar internacional sino global? 驴A qui茅n o a qu茅 se aplicar铆a entonces esa igualdad?

La Cumbre de Johannesburgo indudablemente avanz贸 en el sentido de aportar claridad al respecto. M谩s que en ninguna otra negociaci贸n internacional, se vio la presencia de representantes de empresas multinacionales en las diversas delegaciones. Mientras representantes de las ONG ingenuamente reclam谩bamos nuestro derecho a estar presentes como observadores, las empresas distribu铆an estrat茅gicamente a sus representantes en varias delegaciones nacionales, consiguiendo as铆 hacer prevalecer los intereses de grandes grupos econ贸micos por encima de cualquier consideraci贸n de orden nacional. S贸lo resta la oficializaci贸n del espacio que van a tener estos intereses corporativos en el escenario internacional.

Ya lo anticipaba el Plan de Trabajo de la Cumbre, cuando introdujo la participaci贸n activa del sector privado en la toma de decisiones sobre los temas de la Cumbre. 驴Es acaso el sector privado, en un escenario multilateral, algo diferente a las Corporaciones Multinacionales? Volvemos entonces al tema de la minimizaci贸n de los Estados nacionales, tema que tambi茅n se empez贸 a discutir a ra铆z de las reformas del Estado en 1991, como se mencion贸 anteriormente. Si ya es un hecho que los pa铆ses tienen peso en escenarios internacionales en la medida en que representen los intereses de grandes grupos econ贸micos, la capacidad negociadora de un pa铆s para defender sus intereses territoriales, entre los que se destacan los relacionados con su patrimonio natural y cultural, va a depender de su propia competitividad. 驴C贸mo construye entonces los fundamentos de su competitividad internacional un pa铆s como Colombia, cuya ventaja comparativa radica en su potencial natural? Mediante alianzas, ya que no cuenta con grupos econ贸micos suficientemente fuertes al interior de su territorio, es la respuesta que surge en primera instancia. 驴Alianzas con qui茅n? Con los pa铆ses amaz贸nicos, andinos y del Caribe, ya que con ellos comparte su patrimonio natural y cultural, opinar铆a una mente simple y desprevenida como la de quienes escribimos para la revista Semillas. Sin embargo, la cosa parece no ser tan evidente, a veces nos toca, o queremos, dormir con el enemigo.

Una de las conclusiones m谩s llamativas de mi participaci贸n en la Cumbre fue constatar al regreso que en el pa铆s se estaba dando exactamente el mismo proceso que se vio en Johannesburgo. Una nueva reducci贸n del Estado, una institucionalidad ambiental desdibujada, las prioridades ambientales y los retos de la sostenibilidad supeditados a otras prioridades m谩s evidentes e inmediatas como la guerra y la crisis econ贸mica. Las ONG totalmente desorganizadas y desorientadas. Y la verificaci贸n de que en el escenario nacional, las posibilidades de defender prioridades ambientales est谩n tambi茅n asociadas a la capacidad de generar niveles de competitividad a partir de los valores y potencialidades del patrimonio natural.

M谩s que conclusiones, lo que suscita la Cumbre de Johannesburgo es much铆simos cuestionamientos sobre la mejor forma de abordar nuestro trabajo como ambientalistas de aqu铆 en adelante. Es evidente que las reglas del juego cambiaron, y que no lo hicieron para facilitarnos la tarea.

Algunos sugieren la veedur铆a ciudadana y la resistencia civil como alternativa. Hay quienes plantean que debemos aprender a permear los espacios donde se toman las decisiones sobre los procesos de desarrollo. Otros, que debemos fortalecer la dimensi贸n econ贸mica de la gesti贸n ambiental. Lo 煤nico cierto es, si hay algo que compete a las organizaciones no gubernamentales y a las organizaciones comunitarias interesadas en el tema, es la tarea de promover y facilitar este tipo de discusiones.    

* Diana Pombo es directora del Instituto de Gesti贸n Ambiental

Publicado en Mayo 02 de 2003| Compartir
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