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Semillas ancestrales, elemento libertario

Mario Mejía Gutiérrez, Colombia, Julio 01 de 2016, Este artículo ha sido consultado 5479 veces

La nueva resolución 3168 de 2015 del Instituto Agropecuario – ICA, que remplazó la resolución 970 de 2010, criminaliza las semillas ancestrales. Mediante esta norma, se prohíbe que un campesino le regale o venda a otro un puñado de semillas. La prepotencia autoritaria se asume por encima de once mil años de historia de la humanidad. En los planes de desarrollo forzado se legisla a favor de los acumuladores de la riqueza que brota de las culturas. El ICA, otrora instituto de investigación agrícola, convertido en brazo policial de la Organización Mundial del Comercio - OMC, cuya misión es encauzar todo centavito hacia los pulpos de acumulación y hacia los balances billonarios de los bancos. El ICA reconoce como semillas lícitas solo las de origen industrializado, cientifizado. Pero resulta que todas las semillas son de origen pre científico, patrimonio de los pueblos, de libre acceso ancestral. Las semillas son creaciones culturales milenarias, patrimonios colectivos de los pueblos, exentos, por lo tanto, de apropiación, embargo o limitación; es por ello que no se puede aplicar sobre ellas ninguna forma de propiedad intelectual y tampoco control para su libre uso y circulación. La desobediencia civil es, entonces, respuesta legítima y obligada contra la opresión, contra la hegemonía de la ciudad sobre el campo, contra el sometimiento de la agricultura a la visión inversionista y al control monopólico de las transnacionales semilleras.

 

Algo de historia

La agricultura parece ser creación femenina desde el neolítico, hace once mil años. La selección de las semillas probablemente se hacía desde criterios de adaptación al entorno, cualidades culinarias y utilitarias: método llamado selección masal, en el lenguaje de la modernidad. Un método parcialmente intuitivo, del que fue paradigma Burbanks en Estados Unidos.

Fue el método que usó Mark Alfred Carleton a partir de 1898 cuando colectó trigos rusos, resistentes al tizón y al frio, especialmente la variedad Karkov, con los cuales Canadá y Estados Unidos pudieron construir sus potentes zonas trigueras actuales[1]

Al método de la selección masal, de origen campesino ancestral, podríamos atribuir la creación del sistema universal de todas las semillas cultivadas: paradigma, la invención de infinitas razas de maíz por culturas de Abya Yala. La envoltura de la mazorca de maíz no es dehiscente, argumento de algunos para sostener que el maíz solo fue posible mediante intervención humana.

El método de la selección masal está vigente, incluso adoptado como método de los científicos. El método masal empieza a ser interferido por el método de los cruzamientos genéticos, origen atribuido al monje Mendel hacia la época de 1865-1866, quien se entretenía manipulando polen de guisantes. Mendel personifica la intrusión de la ciencia en el campo de la herencia, inaugurando un horizonte genético, que en agricultura constituye uno de los pilares de la visión hegemónica moderna, bioquímica: simultáneamente, se estaba desarrollando la visión química (que promovió Liebig) por industriales transnacionales, que previeron la coyuntura de uncir a los agricultores del mundo al carro de los agroquímicos. A la vez que Mendel cruzaba guisantes autógamos en Austria, William James Beal intentaba algo similar en Iowa en maíz, cruzando variedades (década de 1870), obteniendo híbridos más productivos. Treinta años más tarde (década de 1900) George Harrison Shull, Instituto Carnegie, Granja de Long Island, comprobó la hipótesis de líneas puras, con cuya base Henry Wallace estableció la Pioneer en 1927, empresa hibridadora. (Fuente: Paul de Kruif, Vencedores del hambre).

La alianza bioquímica se impone diáfanamente a partir de la primera guerra mundial, para la cual el dúo alemán Haber – Bosch aporta gases letales (cloro y mostaza), origen de los insecticidas clorados, indiscriminadamente utilizados hasta su prohibición por nocivos, en la década de 1970, tras tenaz lucha ambientalista, en la cual sobresalió en Colombia la palmirana agrónoma Elsa Nivia.

En la década de 1930, hacia 1936, un grupo de agrónomos, entre ellos Norman Bourlaug, trabajando en una estación experimental agrícola mejicana, propusieron el potenciamiento de la semilla mediante mecanización, riego, genética, inversiones, fertilizantes, venenos: así nació el concepto de revolución verde, por el cual Bourlaug recibió el Nobel de Paz, ya que el Nobel de agricultura, la ocupación más importante del mundo, no ha existido.

Simultáneamente con el inicio de la hegemonía de la visión bioquímica de la agricultura, fue necesario buscar alternativas frente a aquel método brutal de agredir a la Naturaleza. Pioneros alternativos: Howard, agricultura orgánica, formulada en el periodo 1898 – 1916; la reforma agraria alemana de 1903; Steiner, 1924; Okada y Taniguchi, década de 1920 y 1930. Posteriores a los primeros: Klages y geógrafos de la producción agrícola, 1940 – 1980; Ana Primavessi, década de 1940; Chaboussou, 1964; Kervran, 1953. Alternativas reaccionantes a la crisis energética, petrolera, de la década de 1970, primer peak – oil: Aubert, Roger, el dúo Mollison – Holgren, el dúo Montecinos – Altieri – Yurgevick; Schumacher, Fukuoka, el fortalecimiento de los métodos ANOG, Rush – Miller, lithothamne, Lemaire – Boucher… A finales del siglo 20 e inicios del 21 el entomólogo y físico Callahan, quien propone el vínculo de la Física entre Biología y Química, y el tratamiento a los insectos mediante ondas electromagnéticas; Nithouf, Lipton y Montaigner, biólogos moleculares, quienes desafían el determinismo genético del ADN, y proponen que la herencia depende del ambiente, argumento a favor de las semillas ancestrales; Lowenfels y Lewis, 2010 y 2013, quienes trabajan a nivel iónico el proceso de nutrición vegetal y nos introducen a la visión cuántica en agricultura. 

En la década de 1980, la transnacional Monsanto, da origen a la nueva revolución verde con la invención de las semillas transgénicas, semillas desnaturalizadas, privatizadas, semillas de patente, totalmente ajenas al concepto colectivo de semillas ancestrales, semillas de libre acceso. El poder social residente en la posesión de las semillas le es arrebatado a los campesinos por las transnacionales en alianza con los gobiernos: para prueba el caso en Colombia de la resolución ICA 970 de 2010 y la nueva resolución que la reemplaza: que obligan a comprar y vender semillas de patente, certificadas.

 

 

Semilla

La naturaleza le confió a la semilla la función de reproducción, perpetuar la vida. En la semilla reside el milagro de la vida. Cada vez que germina una semilla se repite el proceso y fenómeno de la creación. En la germinación intervienen procesos de hidrolísis, enzimáticos, en que los compuestos almacenados en las semillas se transforman en sustancias más simples. La sacarosa pasa a glucosa, dextrosa, levulosa. Las grasas pasan a lípidos. Las proteínas a aminoácidos. Los almidones a carbohidratos de molécula corta. Incluso, el proceso crea sustancias nuevas.

De acuerdo con Lowis Kervran, 1953, en transmutación biológica de los elementos, las enzimas pueden transmutar un elemento en otro, interviniendo el núcleo. Es el caso de la transmutación de silicio (piedritas) en calcio, proceso que con las aves comienza en la molleja. Algas y levaduras pueden transmutar sodio en potasio, como la ha logrado industrialmente Komaki en Japón.

Según Soleil[2], en la germinación, la lisina se multiplica por cuatro en trigo, por seis en cebada, por ocho en avena, por doce en arroz. En soya se aumenta por cuatro el caroteno en 72 horas, por dos la riboflavina en 54 horas, por dos el ácido nicotínico en 72 horas. El caroteno se duplica en trigo y arroz en siete días. El ácido ascórbico se quintuplica en trigo en cinco días.

Microorganismos y enzimas le abren a la agricultura y a la alimentación amplios horizontes, libertarios frente a la hegemonía de la mentalidad N-P-K y de las comidas industrializadas. Chicha, pan y vino son ejemplos clásicos, así como la opción alimentaria a base de germinados.

 

Sembrar y comer

Excepto la cultura de tasa de ganancia, la comida como mercancía, todas las demás culturas ritualizan la siembra, la cosecha, la comida. La cocina es paso siguiente a la cosecha. Santa Teresa decía que la cocina era el lugar donde sentía más cercana a Dios. Incluimos en este artículo dos oraciones de origen popular: oración Tzeltal – maya ante la milpa[3], y oración al consumir alimentos[4].

 

 

Ante la milpa

Tú eres mi padre, tú eres mi señor

aquí estamos delante de ti

para agradecerte con nuestras bocas.

 

Tú nos diste como regalo

esta tierra, estos terrenos

para nuestra vida.

 

Por eso, ahora, que inicia la siembra

de maíz, te damos molestia,

te pedimos perdón por nuestras faltas,

porque te vamos a lastimar

mira que no buscamos lastimar

a nuestros hermanos,

a nuestra comunidad.

 

El trabajo nuestro nos va a procurar

nuestra vida, que es lo que te agrada.

Nuestra palabra te pide protección,

que no encontremos enfermedad,

hambre, engaño.

 

Estamos ante la tierra, nuestra madre,

nuestra señora. Ayúdanos a cuidar

y defender nuestra vida, para que

nosotros y nuestros hijos nos ayudemos

y te respetemos.

 

 

Oración al comer

Señor, bendice estos alimentos

que vamos a consumir;

haz que nos sirvan para el cuerpo.

y para el alma; que se nos transformen

en salud, alegría, solidaridad y trabajo.

 

Concede el pan a los que no lo tienen.

unos tienen y no pueden

muchos pueden y no tienen

nosotros, que tenemos y podemos,

te damos gracias, Señor.

 

Conclusión

Postulado de Raimon Pannikar: rescatar el sentido femenino de la vida: entre múltiples logros Yin, familia, agricultura, cocina.

Santa teresa encontraba en la cocina ocasión para sentirse próxima a Dios, próxima al carácter de sagrado de la comida: un derecho que la sociedad de la tasa de ganancia ha transformado en commodities.

Jerry Mander en su libro En ausencia de lo sagrado, 1994, describe el proceso de destrucción a las culturas indígenas de Norteamérica, a través de la imposición política, el despojo y la tecnología. Están siendo desechadas por la visión de acumulación las culturas sacralizantes de la naturaleza: la espiritualidad de los humanos que se sienten naturaleza, seres creados por la inteligente Gaia, proyectos de vida en convivencia con otros múltiples proyectos.

William Ospina, en el capítulo final, Los deberes de la América latina, del libro Es tarde para el hombre, 1994, plantea oponer al poder que niega lo sagrado y saquea la naturaleza, el poder de lo divino, de lo sagrado, de lo espiritual.

Las espiritualidades de Abya Yala tomaron el camino ético de la solidaridad, de la reciprocidad, de donde resultaron aportándole al mundo el mayor caudal de especies comestibles. Pensar diferente da resultados diferentes. Incluso estaban en el milenario camino de transformar la selva amazónica en un vasto huerto de árboles de fruto comestible[5].

 

 

En la espiritualidad andina Aymara la naturaleza se la quiere como a hermano, las semillas son miembros de la familia que hay que enamorar. En la espiritualidad Uwa, de Arauca, Colombia, la tierra es un organismo en que el ser humano es Naturaleza.

Las culturas que están reemplazando al ser humano por tecnologías, y lo están sometiendo a ellas, contrastan con espiritualidades del bien vivir, no desarrollistas. Las Constituciones de Bolivia 2007 y Ecuador 2008 indican el resurgimiento de Abya Yala. El retorno de la minga, ácrata, horizontal, sin ánimo de lucro, solidaria.

La experiencia de misioneros católicos holandeses entre Aymaras cristianos, indican teologías divergentes del dogma romano, y espiritualidades que evocan a los ancestros, cuyo cúmulo de sabiduría permiten la vida social actual; que buscan armonía con la naturaleza; que exigen solidaridad, social; atención a niños, ancianos y demás sectores frágiles[6]. En las espiritualidades andinas la agricultura es terapia, es oración, gozo, ocasión de solidaridad, a diferencia de la cultura griega donde el trabajo manual es vileza, y de la cultura cristiana donde el trabajo es castigo. La visión ancestral de naturaleza nunca se eclipsó en Abya Yala. No obstante siglos de imposición de la dieta europea cerealera y carnívora, ha persistido la cocina popular. Incluso algunos intelectuales se han ocupado de los dones naturales para la dieta precolombina, frugivora y de raíces[7].

En el mito – rito amazónico de Yuruparí, la deidad determinó convertirse en alimento para la humanidad: el chontaduro, la guama, el humari, etc. En el mito barasano, Vaupés, Colombia, fueron hongos los primeros alimentos que la naturaleza ofreció a la humanidad.

 

Epílogo

Jerry Mander titula el capítulo 14 de su libro En ausencia de lo sagrado, con referencia a Lecciones en economía de la edad de piedra. Ese capítulo se inicia citando el libro del jurista canadiense Thomas R. Berger, Village Journey (peregrinación a las aldeas), donde consigna el testimonio de una nativa de Alaska, inuit (esquimal): “Provengo de una familia de subsistencia. Así me crie, y es algo que me enorgullece. Quiero que mis hijos también se críen de la misma forma. Nos fortalece a nosotros los ipiat. Es algo diferente que ir a comprar a una tienda. Nuestro almacén tiene una extensión de millones de hectáreas, y nos da orgullo”.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  


[1] Ver de Paul de Kruif, 1940, Los vencedores del hambre, Ed. Losada SA, Buenos Aires, 396 págs.

[2] Vivez Soleil, 1994, Brotes y germinados caseros, Ed. Obelisco, Barcelona, 125 págs.

[3] Oración Maya: aporte del Padre Oscar Rodríguez, de la provincia mexicana de la Compañía de Jesús. Publicada en nuestro libro Agriculturas de no violencia, 1999.

[4] Oración al comer: aporte del Sr. Álvaro Obando Saavedra. Promoción 2005 de Promotores ecológicos de la provincia de Soto, Santander, Colombia. Publicada en nuestro libro Plegaria.

[5] Ver de Charles Mann 1491: una nueva historia de las Américas antes de Colón, 2006.

[6] Ver del Padre Hans Van den Berg, 1989, La tierra no de asi no más: los ritos agrícolas en la religión de los aymaras cristianos, CEOLA, Latinamerican Studies, Amsterdam, 352 págs.

Ver del Padre Stephan Rist, 2002, Si estamos de buen corazón, siempre hay producción, AGRUCO, La Paz, 505 págs.

[7] Ver del Padre Enrique Pérez Arbeláez Plantas útiles de Colombia. De Víctor Manuel Patiño Plantas cultivadas y animales domésticos en América equinoccial. De Rafael Pomero Castañeda Frutas silvestres de Colombia de Hernando Garcia Barriga Flora medicinal de Colombia. De Celestino Pesce Oleaginosas de Amazonia. De Pablo Emilio Cavalcanti. Frutos comestíveis de amazonía.

Publicado en Julio 01 de 2016| Compartir
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