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Experiencias locales

Quinto Festival de Expresiones Rurales y Urbanas. "En el campo y la ciudad, danzando por la vida"

Fernando Salazar Ferreira, Colombia, Diciembre 10 de 2015, Este artículo ha sido consultado 265 veces

Las semillas nos ponen a danzar en el campo y la ciudad a un nuevo ritmo, al ritmo de la soberanía alimentaria, al ritmo de las culturas, de los territorios, de las identidades y al ritmo del crecimiento de la misma semilla. Las semillas son un lenguaje que se hace música en los huertos, en los labrados, en las chacras, en las tulpas, en las terrazas, en los sistemas agroforestales, en los valles, las montañas y cada vez con más fuerza en los huertos urbanos. A su ritmo danzan bajo el sol: campesinas, campesinos, citadinos, afrodescendientes, indígenas, niñas y niños.

Con las semillas criollas, ¡se danza a otro ritmo!

Las  semillas  tienen  siempre  un  espacio  de  privilegio  en  el  Festival de Expresiones Rurales y Urbanas[1] y en esta la quinta versión han llegado desde: Vichada, Meta, Chocó, Cauca, Risaralda, Guajira, Caldas, Antioquia; también  de  Pangote,  Málaga,  Floridablanca,  el páramo  de  Santurban,  Lebrija,  Tona  y  otros tantos parajes donde crecen, se cosechan y son custodiadas por manos dedicadas que se precian de cuidar el patrimonio agroalimentario del país, sin interés diferente a compartirlas en trueques, llevándolas incluso como su equipaje más valorado y delicado, las semillas son vida, las semillas son libres, como proclama de la Red de Semillas Libres de Colombia.

Con los participantes del festival caminan las semillas criollas, en mochilas, en el bolsillo y a la par sus historias: la de las mujeres campesinas de Lebrija, custodiando plantas medicinales, los usos y propiedades de cada una de ellas, en medio de la hostilidad del monocultivo han abierto camino a la agrobiodiversidad, han mejorado su alimentación, la salud de sus familias, sus economías y también fortalecen el tejido social con el vivero comunitario. Son manos de mujeres las que convocan la minga para rescatar semillas, para proteger el agua y los suelos.

Los sistemas agroforestales en Santa Cruz de la Colina (Matanza) son parte del lenguaje cotidiano en las comunidades que apropiaron este método de siembra o mejor este plan de vida donde se cultivan “bosques comestibles”; los frutales, las maderas, el pan coger, el café, la apicultura: el alimento para el suelo y para los animales están en un mismo lugar, aquí el saber popular y la semilla criolla se juntan, se comparten y se renuevan en cada aprendizaje.

Las terrazas ahora se replican desde el Cerro de La Judía (Floridablanca) hasta otras parcelas de la provincia y no solo brindan la posibilidad de disponer de alimento sano, igual que se consigue detener la erosión de los suelos en estas zonas de ladera, además ofrecen la posibilidad de retener las manos de jóvenes campesinos que no migraran a la ciudad; desde la terraza también se pueden avistar las aves, identificarlas y aprender de cada especie sus particularidades, saber que ellas, las semillas criollas y el campesino mismo están amenazados por el modelo de desarrollo dominante.

 

 

Desde Málaga, el páramo del Almorzadero y sus alrededores se pregona que para el “buen vivir” lo que importa es lo que está sobre el suelo, lo que se siembra, la lana que se esquila y se hace abrigo en las manos de los mayores; el grano de trigo que se somete a la piedra y llega a la mesa para alimentar la familia. Están convencidos que los recursos minerales lo que están bajo su suelo puede quedarse allí, son campesinos y custodios de semillas, de saberes y eso es mejor que ser obrero de la gran minería.

En el páramo de Santurbán son cada vez más los que quieren ver a cielo abierto y a gran escala el trigo, la cebada, la quinua, el apio y las variedades de arvejas y habas criollas que han venido rescatando e intercambiando con diferentes comunidades con quienes comparten la amenaza de ser expulsados de su territorio por la voracidad del sistema económico, pero con quienes tejen lazos de solidaridad y defienden la vida.

Desde este territorio paramuno también se “cacarea” un nuevo diálogo que busca el rescate de las especies criollas, es el sueño de un grupo de amigos del pueblo de Cachirí y están próximos a celebrar el Tercer Festival del Gallo y la Gallina Criolla en esta localidad de Suratá. Han entregado en adopción muchos ejemplares de gallinas criollas como las patas de pato, la carga leña, las satas y otras tantas a familias campesinas que a su vez se encargan de reproducirlas. Ellos cuidan de “no poner todos los huevos en la misma canasta”; como popularmente se comenta preservar cada raza requiere tener encerradas las pollitas.

Este es el ritmo que le infieren las semillas criollas a los pies, las manos, los rostros, las mentes y los corazones de quienes vivimos el Quinto Festival como custodios de semillas. Después de la danzatón del “baila que baila”, del taller de video-animación, de los conversatorios sobre alternativas al desarrollo y bosques, el reto alimentario de la “Cocina Humeante”, del ciclo-paseo y el mercado del buen vivir, entre muchas otras actividades, la siguiente escena del festival está en cada huerta, terraza o vivero comunitario a donde llegaron las semillas intercambiadas o que resultaron del trueque[2].

Con sus nombres u otros nuevos en este momento estarán ya creciendo y haciendo parte de nuestra “troja de semillas” y a su ritmo llegarán a próximos espacios y festivales para contar historias y recordar: “En el campo y la ciudad voy danzando por la vida, para que este territorio se cure de las heridas”.

 


[1] Como antesala al Quinto Festival, se realizaron 24 actividades previas de integración campo-ciudad, y durante los tres días del Quinto Festival de Expresiones Rurales y Urbanas (06 - 08 de noviembre de 2015), se desarrollaron 15 actividades de diálogo campo-ciudad con un número total de 4117 personas asistentes; que involucraron grupos y comunidades de 57 localidades rurales y urbanas, procedentes de 41 municipios (18 municipios de la región nororiental, y 23 municipios de otras regiones del país).

[2] Algunas de las especies de semillas criollas que se encontraron en el Quinto Festival: Frijoles: cuarentano, radical, chachafruto, guandul, frijoles cacha o dálmata, mucuna; Cañas de azúcar de 2 variedades, sin nombre solo diferenciadas por el color del tallo; Tubérculos: achiras, yacon rojo y blanco, yuca de 4 variedades, papas de al menos 8 variedades; Plantas medicinales y aromáticas: aroma, mejorana, albahaca, cardamomo, romero, marihuana, ruda, caléndula, cúrcuma, jengibre, flor de jamaica; Ají: 5 variedades entre otros amarillo, habanero, chile de arbolito, ají rojo; Hortalizas y verduras: tomate cherry, zanahoria, ahuyama, habichuela mantequilla, calabaza, cebolla blanca de rama; Cereales: maíz en variedades harinoso y duro, maíz noventano, maíz mini, trigo, cebada, amaranto, quinua; Frutales: icaco del municipio de Lebrija (arbusto, fruto de corteza roja y pulpa blanca), borojo, sacha inchi o maní amazónico, pitahaya, árbol del pan; Forestales: roble, chochos.

 

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Publicado en Diciembre 10 de 2015| Compartir
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