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Experiencias locales

Permanencia en el territorio por autogestión campesina

Gustavo Vanegas, Colombia, Diciembre 10 de 2015, Este artículo ha sido consultado 436 veces

El departamento de Bolívar es uno de los más grandes que tiene Colombia, su extensión es de 25.978 km², que representa el 20 % del territorio del Caribe Colombiano y el 2,3 % del total nacional. Su territorio alargado, va desde el Mar Caribe, hasta las selvas del Carare, colinda con los departamentos de Antioquia, Atlántico, Cesar, Córdoba, Sucre, Magdalena, Santander.

El departamento de Bolívar según acuerdo de la asamblea, está dividido en seis zonas de desarrollo económico y social, denominados ZODES, donde agrupa los municipios geográficamente, los zodes son: Dique, Montes de María, Mojana, Depresión Momposina, Loba y Bajo Magdalena.

La Diócesis de Magangué a través de La Pastoral social desde el año 2004 ha venido haciendo presencia en los zodes del Bajo Magdalena y Loba dentro de su jurisdicción eclesial, atiende las necesidades de las comunidades pobres abandonadas por el Estado con incidencia de grupos armados al margen de la ley, con proyectos productivos y ayudas asistenciales.

Desde el año 2011 se viene trabajando en los zodes de Loba y Depresión Momposina, los municipios de Barranco, San Martín, Hatillo y altos del Rosario, un proyecto denominado “Reconstrucción del tejido social y sistemas agropecuarios en las parroquias de la Vicaria de San Martín de la Diócesis de Magangué”.

Municipios del sur de Bolívar comprenden un área total de 150.400 hectáreas con una población aproximada de 53.870 habitantes

El proyecto nace por la necesidad de brindar a la población la posibilidad de obtener productos para la alimentación de la población, contribuir a la recuperación y mejoramiento de los recursos naturales y crear mejores condiciones para garantizar la permanencia de las comunidades en el territorio.

El proceso de autogestión que adelanta la Pastoral Social consiste en el acompañamiento directo en las parcelas de los campesinos y campesinas con promotores sociales y agroecológicos en la búsqueda de la seguridad alimentaria, donde los destinatarios/as puedan hacer un reconocimiento de los recursos que lo rodean, y así aprovechen y optimicen su uso en las fincas.

El proceso ha permitido que los productores-as valoren la importancia de la recuperación y conservación de las semillas criollas o nativas para las comunidades, por su adaptabilidad a las condiciones ambientales locales, sin tener que utilizar paquetes agronómicos de alto costo y dependencia de insumos externos.

Es así, como actualmente se cuenta con especies de plantas recuperadas como: sorgo, caña de azúcar, mucuna, canavalia, botón de oro, chaya, cenicero, hortalizas, arroz, maíz, plátano, fríjoles, ahuyama, batata, yuca entre otras, para la alimentación de la familia, del suelo y la cría de animales.

En el acompañamiento que se hace a las comunidades se tienen muchos aprendizajes pero uno de los más importantes y que le ha servido para avanzar en el proceso, es identificar aquellos destinatarios/as que sean más receptivos, que captan rápidamente el mensaje y lo ponen en práctica, para después mostrar a las demás familias a través de intercambio de experiencia “Campesino – campesino”. 

 

¿Cuál es la problemática que nos llevó a trabajar en procesos productivos alternativos?

En un recorrido hecho por el director de la Pastoral Social de la Diócesis de Magangué, Presbítero Leonel Comas Drago, por la zona del Sur de Bolívar denominada Zodes de Loba, acompañado de un funcionario de la agencia Católica Alemana (Misereor), identificaron junto con moradores de la región, uno de los problemas más visibles era los altos costos de los alimentos, en esos momentos la economía giraba alrededor de la minería del oro y el cultivo de coca y la producción de pancoger era escasa o nula.

Los suelos de las parcelas degradadas totalmente por los socavones y descapote con maquinarias, muchas fincas estaban abandonadas por la época violenta que habían protagonizado, primero las guerrillas, luego los paramilitares y posteriormente las bandas criminales; igualmente las aguas de las quebradas, caños y ciénagas han sido contaminadas con el vertimiento de productos utilizados en la actividad minera como el mercurio y el cianuro y son las  causantes de la mortandad de peces y problemas en la piel de la población, igualmente es una región donde la presencia del estado es asistencial y los pocos recursos destinados para estas comunidades son mal administrados por los gobiernos locales.

Por todo lo anterior, se tomó la decisión de formular una propuesta para presentársela a Misereor con el objeto de contribuir en los cambios a esta realidad que afecta en común a todas las poblaciones de estos municipios sur bolivarenses y muchas otras zonas rurales del país.

 

 

Metodología y estrategias

El proceso de la autogestión utiliza la metodología con un enfoque endógeno, donde se trata al máximo de disminuir la dependencia de insumos externos de la finca, se inicia con el acompañamiento donde se identifiquen los recursos con los cuales se cuenta para potenciarlos, aprovechándolos al máximo sin poner en peligro su sostenibilidad en el tiempo.

Los sistemas productivos se orientan principalmente a la producción de alimentos para el autoconsumo de las familias como principio de la seguridad alimentaria “El hambre es el peor enemigo del campesino”,[1] de allí se toma como paso primordial  solucionar el problema de alimentación y después en producir excedentes para criar animales, intercambios con vecinos, la transformación y por último la comercialización directa de los productos.

Para el logro de los avances obtenidos ha sido muy importante la aplicación de  estrategias como el método de aprender – haciendo, donde la parcela se ha convertido en el aula de clases para el aprendizaje y en donde el conocimiento se construye desde los intercambios de saberes entre campesinos-as con la asesoría y acompañamiento de los promotores agroecológicos y sociales de la Pastoral.

En este tipo de proceso, es clave la empatía del equipo promotor y destinatarios-as, también el tiempo de permanencia de los acompañantes en campo y parcelas de los productores-as,  conociendo de cerca sus problemáticas a nivel productivo, social, ambiental, cultural e incluso religioso.

Como se tienen cuatro municipios en cada uno, se ha dado mayor énfasis en un tema, especialmente en el municipio de Barranco de Loba, donde la oferta ambiental y la vocación de los campesinos son por el cultivo de arroz. Con ellos se está trabajando por la recuperación y conservación de semillas criollas de esta especie, ya se ha logrado obtener en campo veintiún variedades (llanero, chombo ligerito, español blanco lerdo, rabo de vaca, Palmira morado, playita, pollera sucia, Tolima, marfil, hoja liza, brillante, lara, ina blanco lerdo, cucaracho lerdo, Guayaquil lerdo, casi lerdo, Manteco, cheverito ligerito, Mocari, pablo monte y canillita), las cuales se manejan en lotes de terrenos de las parcelas de los productores-as con trabajo comunitario, ya que este resultado sería muy difícil obtenerlo individualmente.

 

 

En el municipio de Altos del Rosario donde se tienen caracterizadas actualmente once   variedades de yuca criolla  (Brasilera o ligerito macho, mona blanca criolla, lengua de venado, cogollo de ceiba, pan hembra, venezolana, negrita, hombre grande, pan macho, algodón y botón).

En el municipio de San Martin de Loba se está trabajando con cuatro variedades de caña para alimentación humana y forrajes para animales. Los huertos circulares y sistemas agroforestales, además de servir como sitios para la producción de alimentos, también se han constituido como alternativas de producción y conservación de semillas y bancos vivos de semillas donde se tiene una amplia diversidad de especies de pancoger, forrajeras, frutales, maderables, medicinales y hortalizas.

Para la caracterización de las semillas criollas y nativas, se hacen reuniones con productores/as, de acuerdo al número de variedades que manejen en sus parcelas, se define las características, y con esta información los promotores de Pastoral Social llenan las fichas dispuestas para este fin.

Es importante que las personas dentro del proceso empiecen a practicar y a convencer con el ejemplo a vecinos para ampliar la cobertura a nivel comunitario. La introducción y recuperación de especies agrícolas promisorias servirán para enriquecer patios y parcelas de los productores, como también para alimentar el suelo, personas, animales y la venta de excedentes.

 

Dificultades

La zona donde se adelanta el proyecto ha sido históricamente afectada por problemas de orden público, la incidencia de grupos armados al margen de la ley, y también la población que tiene como ocupación la minería o cultivos ilícitos que económicamente les representa una suma considerable de dinero, como el caso de quien trabaja como ‘raspachin’ de hoja de coca, el jornal puede estar entre 60 a 70 mil pesos aproximadamente y en las minas por turnos de 24 horas puede ganar entre 300 o 350 mil pesos aproximadamente, cuando un jornal en labores del campo normalmente tiene un valor de 20 mil pesos; esta situación hace difícil entrar a dialogar con estas comunidades para que se dediquen a producir alimento y a mejorar sus parcelas.

Otra gran dificultad, es el arraigo a prácticas tradicionales de manejo de cultivos, la quema y aplicación de agroquímicos, sin tener en cuenta el daño que se causa a los recursos naturales, contaminación del agua, suelo, aire, extinción de flora y fauna, como también la salud de las personas al hacer las aplicaciones y el consumo de estos alimentos con residuos tóxicos.

También se ha tenido dificultades con proyectos asistenciales que llegan al territorio con ayudas materiales y económicas sin proceso de formación y capacitación.  

 

 

Proyecciones del trabajo (retos y desafíos)

El reto que se tiene a corto plazo es consolidar las organizaciones de campesinos-as capaces de lograr el desarrollo rural de sus comunidades por la autogestión y la defensa de sus derechos humanos, a través del acompañamiento permanente, capacitaciones e intercambio de experiencias.

La estrategia implementada por parte del proyecto con las comunidades a largo plazo, debe llevarnos al fortalecimiento del tejido social y productivo, a partir de la organización campesina, la recuperación de semillas locales y la siembra masiva de alimentos para el autoconsumo, el trueque y el mercado local, para garantizar a la comunidad campesina, su permanencia en su territorio a pesar de las dificultades sociales y medio ambientales que tiene el sur de Bolívar.

En el tema de recuperadores y custodios de semillas, el proceso busca seguir trabajando por el rescate de las semillas criollas y nativas de especies de pancoger, forrajeras, frutales, maderables, hortalizas, verduras y medicinales, adaptadas a las condiciones ambientales de la región.

Otro de los retos importantes que se tienen a corto plazo, es la construcción y manejo de dos casas comunitarias para la conservación de semillas criollas y nativas, de tal forma que se garantice el germoplasma en cualquier época del año para los productores.

Este proceso es un libro abierto que no termina de escribirse, cada página en blanco se llena con los saberes y experiencias de los campesinos como herramienta de resistencia y permanencia en el territorio.


[1] Wilson Cárdenas –Campesino de la vereda La Rayita/ Barranco de Loba

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Publicado en Diciembre 10 de 2015| Compartir
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