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Papel del campesinado en la soberanía, autonomía y en la seguridad alimentaria nacional

Carlos Ancizar Rico Álvarez - Profesional independiente en el sector agricultura. , Colombia, Julio 01 de 2016, Este artículo ha sido consultado 2012 veces

Para establecer el papel del campesinado en la soberanía, autonomía y en la seguridad alimentaria nacional, primero se debe establecer lo que desde la base campesina se entiende en el marco de los conceptos soberanía, autonomía y seguridad alimentaria.

La soberanía, se entiende como, la apropiación y dominio del Estado sobre los bienes y medios de producción (tierra, agua, bosque y capital) garantizando la accesibilidad a estos por parte de los productores y/o de quienes requieren de ellos para la producción, transformación e intercambio o comercialización.

De otra parte la autonomía se constituye en la capacidad de decisión del productor en lo que se refiere a la producción que realiza, es decir, su libertad para decidir qué cultiva, cuándo lo cultiva, cómo lo cultiva y para quién lo cultiva.

Finalmente la seguridad alimentaria, se concibe como lasuficiencia de alimentos que no es otra cosa que la capacidad de producción territorial que abastezca la totalidad de alimentos requeridos para el consumo propio y el abastecimiento de los centros de consumo cercanos; además la seguridad alimentaria debe también garantizar la calidad de origen de los alimentos, es decir sus cualidades nutricionales y sanitarias en función de las necesidades del consumidor y el fácil acceso a estos tanto en variedad como en calidad con él objetivo de satisfacer las necesidades nutricionales de las comunidades consumidoras.

Una vez precisados estos conceptos es importante realizar un recorrido histórico que permita contextualizar el entorno en el que se ha debatido la producción alimentaria y su comercialización.

El ser humano situado en un entorno específico del universo, quizá no se pregunte quién es, sino donde está, olvidándose momentáneamente de sí mismo para contemplar el entorno donde se encuentra esforzándose por conocerlo y volviéndose sobre sí mismo al reconocer las necesidades que le apremian: hambre y sed, frío y calor, desarrollando conciencia sobre la necesidad de satisfacerlas e investigar en su entorno la existencia de elementos y la forma de utilizarlos.

Los frutos y/o las especies naturales y vegetales son sus primeras fuentes de inspiración para el desarrollo de sus facultades y el reconocimiento de sus congéneres en función de su accionar para la conservación de la vida.

 

 

La primera distribución del trabajo y el descubrimiento de las semillas al observar la germinación de los frutos bajo los efectos del sol y el agua, revolucionan el pensamiento y dinamizan el accionar de las comunidades al fortalecer su interrelación y avanzar en los mecanismos de producción e intercambio de bienes y servicios, todo ello dentro de un entorno eminentemente rural y orientado fundamentalmente a la satisfacción de necesidades básicas de las personas, las familias y las comunidades.

Con el surgimiento del comercio y el descubrimiento de la moneda como medio de intercambio y por ende el surgimiento de una conciencia utilitarista de apropiación y acumulación individual, se reemplaza la concepción implícita aunque no expresada, de un ser humano sujeto de necesidades básicas, diferenciado pero no aislado de los demás seres existentes en la naturaleza, dotado de inteligencia que le permite pensar, investigar, conocer y distinguir qué le sirve y qué no, así como de razón que le ayuda a medir su necesidad y cuantificar su nivel de satisfacción, y de voluntad para dinamizar su organismo, en función de generar mecanismos de acción para la satisfacción de sus necesidades y aspiraciones, en consecuencia, interrelacionado con sus congéneres y con la naturaleza y sus recursos.

Se desarrolla una conciencia del ser humano como instrumento productivo, factible de utilizar y de explotar en función del lucro y la acumulación de bienes, capital, y demás medios de producción, promoviéndose la construcción de un modelo económico y de organización social funcional ya no a la satisfacción de necesidades humanas y el logro de las aspiraciones justas de las personas, familias y comunidades conformantes de la sociedad global, sino a los intereses y ambiciones cada vez más incontrolables de quienes se habían hecho más poderosos y fuertes.

Se reemplaza el valor del trabajo y del ser humano que lo ejerce y produce, por el valor del capital, imponiendo el patrón dinero como el necesario y único satisfactor de necesidades del ser humano. Pero como la acumulación de capital requiere dinamización del comercio y aumento de la producción, y ésta a su vez necesita territorio, el ser humano se convierte en conquistador y productor bajo diferentes modalidades de dominación y explotación, que permiten ya no solo la acumulación de mercancías y de capital, sino de territorios y personas.

En el continente americano es sabido que a sus habitantes nativos (los aborígenes), el desconocimiento del mundo occidental les permitió desarrollar un modelo de tenencia del territorio y de uso del mismo que no solo permitía la sustentabilidad de la naturaleza y sus recursos, sino mediante el trabajo comunitario garantizar su seguridad alimentaria, construir y sostener la infraestructura de servicios necesarios a su sistema productivo y a la conservación, mejoramiento y reproducción de sus semillas, así como al desarrollo de su cultura y de su arte que expandía su espíritu y adornaba su existencia.

 

 

Con la llegada de Occidente, la llamada civilización, iniciada con el saqueo y traslado a España de todas la riquezas acumuladas por las culturas indígenas, por parte de los invasores españoles y continuada en la colonia con el robo de las tierras explotadas más fértiles y planas, la apropiación de las mismas, la utilización de la mano de obra indígena y negra esclavizada para la producción agropecuaria, la explotación de las minas y recursos naturales, se rompe un modelo de desarrollo y organización social basado en una cultura propia, nacida y desarrollada con la persona, con el ser humano mismo, consistente en el conocimiento de la naturaleza, de sus leyes y de cómo transformarla sin deteriorarla en bienes y servicios para la vida de todos los integrantes de las comunidades.

Con una metodología carente de técnicas rudimentarias pero si práctica y eficaz, ligaba directamente a la producción agrícola técnicas, instrumentos, semillas, lluvia, verano, aporques; para usos medicinales, investigando las propiedades de las plantas y animales; en la minería descubriendo y explotando sal, oro y plata; en la orfebrería maleando los metales; en la alimentación descubriendo, mezclando y cultivando la semillas, preparando y conservando alimentos vegetales y animales; en el comercio, aplicando equivalentes en el sistema de trueque para sus transacciones; en arquitectura, sistemas y materiales de construcción; en vestido, fibras y materias primas y confecciones de vestidos; en cerámica y alfarería hechura de utensilios de hogar; difundiendo una educación donde maestro, alumno y comunidad estaban directamente en contacto, ligados a la producción y a la investigación en y con la naturaleza.

Es todo lo anterior lo que se destruye para difundir, imponer, embutir en la mente del indígena y de los criollos la idea colonial de la desvalorización del ser y de la explotación.

Con la llamada independencia y la expulsión de los españoles, se afianza la estructura económica de explotación al consolidarse el sector terrateniente criollo en el poder, ampliando sus latifundios con el reparto de las tierras expropiadas a los españoles y más tarde con el remate de las tierras de manos muertas. Se cambia de metrópoli Inglaterra, Holanda y Francia, sin dominio territorial y militar pero manteniendo y ampliando el sistema de explotación comercial y financiero.

Comerciantes e inversionistas ingleses unidos a los criollos terratenientes amplían mercados en ambas direcciones, unos demandando materias primas baratas y mercado para sus productos y los criollos como nueva clase en el poder, ansiosos por exportar más, aumentan los mecanismos de explotación de los campesinos pobres, monopolizando el comercio a través de empresas con gran capital, que van absorbiendo o liquidando los comercios o mercados locales y nacionales, reemplazándolos por empresas distribuidoras dependientes de la gran industria que ha utilizado los mismos procedimientos para absorber, liquidar o sucursalizar la industria nacional.

No es ajeno a estos procedimientos el monopolio del transporte y el surgimiento de la intermediación a través del rompimiento de las comunidades, su aislamiento, con el cambio en los sistemas productivos, la separación de los productores-consumidores rurales, de los consumidores-productores urbanos, haciendo depender totalmente la existencia humana del mercado, dándole preponderancia al dinero como único medio para la subsistencia.

La organización de la industria, el comercio y el transporte en multinacionales y posteriormente en transnacionales, se orienta hacia el control de las materias primas y el conocimiento, en función de la mayor productividad a los más bajos costos tratando de homogenizar el conocimiento y reducir la diversidad productiva, aumentando la productividad a costa de la mayor explotación de la mano de obra, de su reemplazo por la tecnología mecánica sin que su mayor rentabilidad se distribuya entre quienes quedan privados del ingreso necesario a la suplencia de sus necesidades, de la destrucción de los ecosistemas, la contaminación del ambiente, en consecuencia la destrucción de la vida en el planeta, sumiendo en el hambre, la pobreza y la miseria a un número cada vez más creciente de la población mundial.

Las hambrunas desatadas como resultado de las guerras hicieron temer a los detentadores del capital y del poder no solo por la inseguridad alimentaria, sino por la imposibilidad de avanzar en el control de la producción y la comercialización de alimentos, por lo que se diseñan políticas, programas y proyectos de investigación para la aplicación de tecnología agropecuaria basada en los insumos y maquinaria utilizada en la guerra, la ofensiva en todos los países llamados subdesarrollados, hoy en vía de desarrollo, sobre control natal, la distribución gratuita de cereales y lácteos para consumidores, no solo con el propósito de destruir la producción interna de alimentos sino de imponer nuevas dietas alimentarias y crear condiciones para la aplicación de los programas de la llamada “Revolución Verde”, con nuevos instrumentos tecnológicos inapropiados para los ecosistemas existentes en nuestros territorios, la imposición de insumos agro tóxicos, el alejamiento o centralización de los mercados y el fortalecimiento de la intermediación, todo ello dentro de un complejo atentado criminal contra la seguridad alimentaria de los pueblos, la autonomía productiva de los agricultores y la soberanía sobre los bienes y medios de producción para los nacionales, al facilitar la mayor concentración de la tierra y mal uso de ella en unos pocos, o al dar en concesión amplias extensiones a grandes empresas fundamentalmente trasnacionales o nacionales vinculadas a estas, para explotaciones agroindustriales o proyectos minero-energéticos en territorios aptos para la agricultura.

 

 

Se induce a los campesinos a producir para el mercado, se cierran las posibilidades de crédito para la pequeña y mediana producción, lo mismo que para el trueque y el intercambio comercial en las ferias veredales, se privatizan las plazas de mercado, abriéndolas a los intermediarios que se surten de los grandes centros comerciales a donde los intermediarios llevan los productos que le compran al campesino cultivador, se dictan normas que centralizan el beneficio y la comercialización de cárnicos y lácteos impidiendo la producción, beneficio y utilización en la pequeña y mediana propiedad con la eliminación de los mataderos locales y la cría de especies menores cerca de las viviendas rurales, se imponen las patentes sobre organismos y vegetales vivos y se exige la utilización de semillas certificadas que se venden con sus respectivos paquetes tecnológicos so pena de impedirles su uso e intercambio o comercialización.

Frente a ello, el campesino que siempre desde el inicio de su existencia ha luchado por impedir su desarraigo de la tierra, el respeto por el desarrollo de su propia cultura, de las facilidades de crédito, de la tenencia de la tierra y de una asistencia técnica adecuada a las condiciones territoriales del entorno donde actúa, va desarrollando conciencia sobre las graves consecuencias de su adaptación a políticas, programas y proyectos de desarrollo rural planteados desde afuera sin su participación y en la mayoría de las ocasiones en contra de su voluntad, hoy reclama mediante las formas que le es posible el reconocimiento de sus más elementales derechos, el derecho a vivir en paz en sus territorios, el acceso a la tierra y demás bienes y medios de producción, la autonomía en sus procesos productivos, la derogatoria de normas que no contribuyen a un real Desarrollo Humano Integral y mucho menos a la construcción de una verdadera paz que garantice una sociedad justa y humana por lo fraterna, solidaria y autogestionaria.

El reto para el campesinado colombiano día a día es mayor si se tiene en cuenta que hoy por hoy, además de la desigualdad que siempre le ha aquejado, también debe hacerle frente a los diversos obstáculos que por parte de la legislación nacional se imponen, un ejemplo de ello son: las leyes sobre semillas, tratados de libre comercio y la asociación obligada de los campesinos al gran capital como se observa en las políticas de asociatividad orientadas a las alianzas estratégicas y las cadenas alimentarias.

Sin embargo los campesinos no ceden a estas presiones y con la orientación y apoyo de diversas entidades como el Grupo Semillas, la Red de Semillas Libres de Colombia y otras, diversos grupos campesinos, indígenas y afrodescendientes, vienen promoviendo y desarrollando programas autónomos de producción asociativa en agricultura agroecológica y orgánica, avanzado en la provisión de la seguridad alimentaria familiar y regional en diversos municipios y departamentos, esperando la generalización de esta cultura en la búsqueda permanente de una verdadera seguridad alimentaria, autonomía productiva y soberanía nacional.

Publicado en Julio 01 de 2016| Compartir
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