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Minga social y comunitaria en defensa del patrimonio ambiental y la soberanía alimentaria. Santander, 3 - 6 de junio de 2006

Fundaexpresión y Compromiso, Equipo de participación y desarrollo., Julio 31 de 2006, Este artículo ha sido consultado 5416 veces


Claudia Gimena Roa y Adam J. Rankin1
Agradecimiento especial a Mauricio Meza2

“Ojalá la tierra siguiese tan natural como nació” C.G.R.

 

“Érase una vez el alimento y el agua” narraba un cuentero, “pero el agua también es alimento” dijeron muchas voces de las comunidades campesinas y pescadores que manifestaron que el agua y alimento eran y son uno solo.  

“Érase una vez la identidad cultural y la biodiversidad” siguió el cuentero, pero las voces gritaban: “somos, somos, todavía somos” y despertaron los ríos, las montañas, los bosques y los habitantes locales; todo aquello que un día nació libre y corrió libre por miles de años. 

Y es que en honor a esos ríos, montañas, peces, semillas, alimentos y conocimientos populares, que ya no son tan libres, sino considerados como otra mercancía de compra y venta; y en reconocimiento a la celebración del día mundial del medio ambiente, las organizaciones ambienta­listas y sociales de Santander, por primera vez se vinculan a tres campañas a nivel nacional, para unir esfuerzos en defensa del patrimonio ambiental y la soberanía alimentaria de la región.  

Las campañas que se vienen desarrollando son: Campaña El Agua un Bien Público, Campaña por El Derecho a la Alimentación y Contra el Hambre y la Campaña en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Diversidad Biológica y Cultural. Las tres campañas unificaron criterios con reflexiones y debates teóricos y con la puesta en práctica de una minga social y comunitaria durante los días 3 a 6 de junio de 2006 en diversos lugares de Santander3.   

Y vinieron las comunidades campesinas atravesando montañas de la provincia de García Rovira, mujeres y hombres de sabiduría y alegría, con ofrendas de papa criolla, trigo y vino de naranja. Y vinieron los pescadores de Magdalena Medio, comunidades de humedal y atarraya, una delegación de mujeres con cosecha de pescado salado para que aguantara el viaje. Y participaron como anfitriones: la Escuela agroecológica de promotores campesinos de la provincia de Soto, los custodios del bosque andino Asomaklenke y las mujeres de la asociación campesina Ammucale de Lebrija. El encuentro se hizo también con sectores de la población urbana: la asociación de tenderos, la liga de usuarios de servicios públicos, el movimiento ambientalista, los sindicatos, los jóvenes de la barra del Atlético Bucaramanga y representantes del sector académico. 

Se realizó una minga de representación diversa con propósitos de articulación, reciprocidad e intercambio. Aunque la palabra minga empieza a ocupar un lugar de importancia en Santander, como en toda Colombia, en esta región se habla mucho más de convite, como forma de trabajo comunitario. En nuestro caso se hizo el convite con las provincias de Soto, de García Rovira, Guanentina y pescadores del Magdalena Medio. Nos reunió un convite de 400 personas en la totalidad del evento. 

La Campaña El Agua un Bien Público, durante un taller sobre herramientas jurídicas, orientado por parte de Rafael Colmenares de Ecofondo, el día 3 de junio en la Universidad Cooperativa de Colombia, nos ubicó en un contexto internacional sobre la situación del agua, que es de orden geopolítico, en el cual las empresas multinacionales quieren apropiarse de este recurso vital, a través de la privatización de ríos, acueductos y embotellamiento del agua. A nivel nacional, resaltó con un análisis detallado, las amenazas de la Ley Forestal y del Proyecto de Ley de Agua, que trazan políticas de privatización y saqueo de los recursos naturales, con impactos graves sobre los territorios colectivos de comunidades indígenas, afro­colombianas y campesinas, además de afectar la población urbana.  

Tatiana Roa de Censat Agua Viva, por su parte, sostiene que el problema del agua no es de escasez, sino de la distribución inequitativa que hay de este recurso: “Nos dicen que el agua es escasa, ¿pero escasa para quién? escasa seguramente para la gente pobre, porque cuando se mira a las empresas, llevan años tomando agua de los acuíferos subterráneos”. En oposición al proceso de privatización del agua, se ha levantado un vigoroso movimiento por la defensa del agua, por el afianzamiento de su carácter de bien común, no mercantil, por la gestión pública del agua a través de entes estatales que actúen con transparencia y control social, y por la ampliación a la gestión comunitaria del agua.  

La campaña del agua resaltó la importancia del Páramo del Almorzadero, como un caso símbolo en Santander, por anteponer el derecho colectivo al agua frente a la explotación carbonífera en el ecosistema del páramo. Este caso a nivel regional, bien podría compararse con las luchas que se han dado en el continente, particularmente en Bolivia y Guatemala en defensa del patrimonio ambiental. Desde hace 15 años, es ejemplo de persistencia que muestra cómo las comunidades campesinas, juntas de acción comunal, comerciantes, transportadores, ambientalis­tas, jóvenes, educadores y mujeres, han resistido la presión de la empresa Carboriente (hoy Comantrac) y también las políticas estatales para continuar con el proyecto minero de explotación de carbón antracita en las entrañas del páramo.  

Con preocupación una delegación de 20 personas de García Rovira, manifestaron que la legislación ambiental y minera han cambiado para favorecer la explotación carbonifera contra los ecosistemas y la herencia cultural. Los campesinos de García Rovira insisten después de tantos años en que la preservación del páramo para ellos es más importante porque los provee de agua y vida, que son las reales «riquezas» de esta provincia santadereana. Como respaldo a este proceso, las organizaciones sociales y ambientalistas firmaron una solicitud a la Corporación Autónoma Regional de Santander - CAS para detener la aprobación de cualquier licencia de explotación minera que atente contra el ecosistema.

 

Minga por el acceso colectivo al agua

Al día siguiente, domingo 4 de junio, rumbo a las tierras áridas de Lebrija, acompañamos a las comunidades campesinas de la Vereda El Salado en una minga por el acceso colectivo al agua. La Asociación Municipal de Mujeres Campesinas de Lebrija- Ammu­cale ha emprendido una labor de concientización en torno al derecho que las familias tienen con respecto al agua, por medio de una campaña denominada “Piña dulce, agua amarga”, como dicen sus representantes: “porque aunque el municipio de Lebrija es reconocido por la producción piñera y sus frutos dulces, el agua que consumimos los habitantes del campo tiene un sabor amargo por toda la contaminación y dificultades que tenemos por el acceso a este recurso vital”.

Por esta razón Ammucale reconoce El Mandato Agrario (Colombia-2003) que manifiesta: “el agua es un bien social que no puede ser privatizado. Se garantizará el consumo de agua potable a toda la población [...] se reconoce el papel de las mujeres en la construcción de la identidad cultural, en la defensa de la integridad de las comunidades y como gestoras de vida”. 

A este caso también se refirió Rafael Colmenares de Ecofondo, haciendo un parangón con los aspectos que están aconteciendo a nivel mundial, en un contexto más local en cuanto a que en las veredas del municipio de Lebrija, el acceso al agua se ha privilegiado para el monocultivo de la piña, las empresas avícolas y porcícolas en detrimento de la vida y subsistencia de los pobladores rurales.  

Las mujeres han analizado con base en documentos como el plan de desarrollo municipal y el plan de ordenamiento territorial de Lebrija, que demuestran que de 100 acueductos veredales, sólo uno tiene un tratamiento técnico adecuado. Esto es un indicador que las poblaciones campesinas no están consumiendo agua que permita desarrollarse plenamente en el campo de la salud y de la alimentación. De hecho las mujeres han manifestado que muchas familias se están enfermando por infecciones intestinales, brotes en la piel y parásitos por la mala calidad del agua.

Para la minga en la Vereda El Salado, se definieron dos tareas a realizar. Una que fue la puesta en práctica de un pozo de cosecha de aguas lluvias para producción de alimentos, como alternativa social que se ha venido implementado y difundiendo en esta vereda. La segunda tarea fue una caminata de observación y análisis de la problemática de la quebrada Las Lajas.

En esta jornada, David Villamizar, habitante del páramo del Almorzadero comentó que aunque los climas y ecosistemas eran distintos, en la quebrada Las Lajas se sentía un poco como en el páramo, pues se presentan impactos similares como: “la invasión de talas, los problemas que se ven con la aplicación indiscriminada de químicos, la contaminación de las empresas, esto obedece a que el ser humano jamás se llena. Tendríamos que empezar a sensibilizarnos y que llegará día en que la tierra no produzca nada”. Ismael Villamizar, otro habitante del páramo, dijo que veía muchos residuos de jabón, pero con algo de esperanza añadió: “hay algunas señales de vida, se lograron contar cuatro especies de peces”.

Los caminantes de Ecoverde, grupo de ambienta­listas entusiastas que recorren los caminos de Santander cada domingo, decidieron ser parte activa de este convite, pues siempre han manifestado su voz de apoyo a diversas comunidades de Santander, y han acompañado las problemáticas del agua de la región. La jornada comunitaria culminó con un festivo intercambio de semillas y trueque de alimentos de diversos pisos térmicos entre todos los participantes.

El Día Mundial del Medio Ambiente, lunes 5 de junio, la minga pasó de clima caliente a las montañas del bosque andino de La Judía en las veredas de Helechales y La Judía del municipio de Floridablanca. Aquí, los pescadores del Magdalena Medio, acostumbrados a recorrer sus jornadas en el agua, decidieron emprender una distinta: caminaron empinada­men­te hasta llegar a la Reserva Comunitaria y Campesina Los Maklenkes en donde se hizo la siembra de árboles nativos, para dar una inauguración a la reserva que está ubicada en una de las áreas de importancia en biodiversidad de Colombia.

La reserva Los Maklenkes se ha constituido como una alternativa comunitaria para cimentar un espacio de preservación del patrimonio ambiental y cultural del bosque, entre organizaciones campesinas y sociales de la región, y también como propuesta que se centra en bosques, basados en las necesidades de la gente y del entorno, frente a los modelos de “conservación” que causan desplazamiento y desarraigo de las comunidades por compra y desalojo de tierras. 

La Asociación de Pescadores y Acuicultores del Magdalena Medio - Asopesamm, desde la montaña expresaron cómo el río Magdalena que es su mayor patrimonio, y los provee de alimentación y de agua, inicia su recorrido en las partes altas; de esta manera, la labor de los campesinos tanto del páramo como de los bosques andinos y sub­an­dinos inciden en la preservación de sus ecosis­temas en las partes bajas. Por esta razón la visita a la Reserva Comunitaria Los Maklenkes ayudó al debate sobre el diálogo y la responsabilidad entre comunidades de montaña y de río, como lo manifestó Rosauro Sierra: “Se trata de conservar una reserva que ayuda de alguna manera a nuestro recurso hídrico, pues la deforestación y la sedimentación de nuestras ciénagas son bastante grandes”.  

La presencia de los pescadores del Magdalena Medio es de gran trascendencia para las tres campañas, porque ellos representan el arraigo cultural que las comunidades afrocolombianas tienen sobre su territorio y el ejemplo que dan de resistencia y protección de sus humedales frente a los impactos de la ganadería extensiva, explotación minera y petrolera, las plantaciones de palma y las dificultades de estar inmersos en el conflicto armado colombiano. 

Ellos manifestaron que la pesca artesanal realizada en ríos, quebradas, ciénagas, caños, tiene una cobertura de aproximadamente 80.000 hectáreas, en donde el río Magdalena es punto de articulación, y hace caso omiso de las divisiones políticas de los departamentos de Antioquia, Santander, Cesar y Bolívar. Aunque los pescadores poseen limitado acceso de tierras, y todavía no han sido reconocidos sus derechos ancestrales al recurso hídrico, han empezado un proceso de soberanía alimentaria, fomentado en estrategias de repoblación pesquera de sus ciénagas con peces nativos, complementado con la creación de granjas familiares para obtener otras formas de sustento. De esta jornada, los pescadores y los campesinos del páramo y de la montaña, propusieron organizar intercambios de alimentos a nivel regional, que beneficien la nutrición y una economía justa y alternativa.  

Otro aspecto muy interesante que se debe resaltar del encuentro, fue la articulación del trabajo de las mujeres pescadoras y las mujeres campesinas de Lebrija. Hubo la posibilidad de analizar formas de participación y organización de los grupos de mujeres, y la influencia de los diferentes contextos geográficos y culturales en los cuales se desenvuelven la mujer campesina y pescadora. Después de la caminata se dio espacio de descanso y se hizo brindis con vino de naranja de la familia Cáceres, luego se realizó una integración con el procesamiento arte­sanal de alimentos, con la elaboración de pan con trigo natural de la región de Cerrito y chocolate casero con cacao de Lebrija, productos autóctonos y saberes culinarios, bajo la orientación pedagógica de Asomaklenke. 

Para concluir el encuentro, el martes 6 de junio nos reencontramos en la sede de la Universidad Cooperativa de Colombia esta vez con una cita para el lanzamiento de las otras dos campañas en Santander, buscando elementos comunes a la temática del derecho colectivo al agua y al alimento.  

Juan Carlos Morales de la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, que hizo la presentación de la Campaña por El Derecho a la Alimentación y Contra el Hambre, explicó que Colombia atraviesa una crisis alimentaria de gran proporción, con datos escalofriantes que la misma FAO ha aportado. Estos datos arrojan como conclusión que en Colombia el hambre crece a ritmo acelerado, con una tasa de crecimiento por encima de la región del Africa Subhariana. 

Con base en la defensa de la dignidad humana y reconociendo que Colombia ha suscrito varios tratados y acuerdos internacionales en materia de alimentación, el derecho a la alimentación se puede expresar en criterios de disponibilidad, acceso, calidad y aceptabilidad cultural. Juan Carlos expresó la importancia de defender el agua y el alimento como un asunto de soberanía nacional, que tiene que ver con la tradición de la producción campesina y pesquera. Esta campaña, en Santander, toma posición a partir del trabajo de varias organizaciones sociales como Planeta Paz, Compromiso, Fundación Mujer y Futuro, entre otras, viendo el problema del hambre y la mala nutrición en la región. 

Angel Tolosa, de Planeta Paz, también aportó a este debate sobre la manera cómo se quiere ejercer control sobre la producción de alimentos: “las trans­nacionales quieren manejar los alimentos pero sobretodo en tres líneas que son: grasas, cereales y proteínas. Es decir, ellas quieren producir el plato fuerte y los demás pueden hacerlo con el postre. Para eso exigen que los países en vía de desarrollo abran sus aranceles y ellas pueden inundarnos de productos; de esta forma se destruye la producción local y la soberanía alimentaria”. De igual forma, Mauricio Meza de la Corporación Compromiso actualizó al público sobre los datos de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, que reflejan la vulnerabilidad en la cual quedará el sector campesino y ambiental colombiano.  

Elizabeth López del Grupo Semillas hizo énfasis en el desarrollo de la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria, la Diversidad Biológica y Cultural, resaltando que los Santan­deres también deben entender la dinámica del contexto nacional e internacional, pues siendo Colombia un país tropical presenta una ubicación privilegiada en materia de biodiver­sidad, por esta razón no es valido el “pretexto” de los países del Norte de imponer paquetes tecnológicos para solucionar el hambre; particularmente es inaceptable la estrategia de las transnacionales para tener libre acceso a las semillas, patentarlas y luego modificarlas genéti­camente. Como estrategia de resistencia civil, implementada por las comunidades indígenas Zenú, quienes declararon su resguardo como territorio libre de transgénicos, es un ejemplo a promover en Santander.  

Las tres campañas tienen como eje común las problemáticas en torno a la alimentación y al agua, que no son problemas de escasez, sino de formas estructurales de generación de inequidad; en beneficio de las transnacionales, del capital privado, de la exportación, de la tecnología; dando prioridad a unos pocos por encima del bien colectivo. Este encuentro de comunidades, organizaciones sociales, academia y ambientalistas logró dimensionar una estrategia de trabajo hacia el futuro para la defensa del patrimonio ambiental y cultural de la región. Se ve como prioridad, mantener una metodología participativa en cuanto a la investigación social, la generación de movilización y opinión pública, la incidencia jurídica y en políticas públicas, y la autogestión hacia la garantía de los derechos colectivos. 

Ante todo, observamos en escenarios distintos, la cohesión y la articulación de sectores sociales, comunidades rurales y pobladores urbanos que han defendido el agua, el alimento y la diversidad cultural como derechos fundamentales. En este sentido, se debe insistir en la defensa de los valores esenciales del agua y de alimentos en nuestra sociedad, y evidenciar las amenazas y distintas formas de priva­tización de estos elementos vitales que se han dado y que se vienen en camino.  

Y el cuentero concluyó su historia: “Érase una vez el alimento y el agua, érase uno solo”.

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[1] Fundaexpresión. C.e: roankine@telecom.com.co

[2] Compromiso, Equipo de participación y desarrollo. C.e: compro_participacion@telebucaramanga.net.co

[3] Dentro de las entidades convocantes de este evento encontramos a la Iniciativa Ambiental, Censat Agua Viva, Ecofondo, Fundaexpresión, Compromiso, Cencooser, Ecoverde, Agrovida, Ammucale, Asomaklenke, Asopesamm, Planeta Paz, Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Liga de Servicios de Usuarios Públicos, Apencol, Sintrainal, Sintraemsdes, Asotenderos, Fundación Mujer y Futuro, Cindar, Zua Quetzal, Asodeaguas, Grupo Semillas y Swissaid, entre otras.

Publicado en Julio 31 de 2006| Compartir
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