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La Huella Geográfica

Flavio Bladimir Rodríguez Muñoz, Colombia, Agosto 20 de 2013, Este artículo ha sido consultado 1439 veces

La huella ecológica es un indicador ambiental que indaga específicamente por la sostenibilidad territorial a distintas escalas. Este propone medir el impacto de una comunidad humana sobre su entorno, para ello transforma todos los consumos de una población en unidades de superficie de tierras. El indicador entonces equivale a la cuantía en tierra o superficies y volúmenes de agua requeridos para producir los recursos que en un periodo de tiempo consume la población de un municipio, una ciudad, un país o el planeta. Los cálculos más recientes estiman que la huella global excede la capacidad del planeta y que en menos tres décadas, se necesitaría dos planetas más para acceder a recursos que hagan posible el consumo promedio mundial.<a name="_ftnref1"></a><a href="#_ftn1">[1</a><a name="_ftnref2"></a><a href="#_ftn2">]</a>

El consumo mundial y la población se han concentrado en los grandes centros urbanos, también los servicios y la producción de desechos. Pasamos entonces nuestras vidas en las ciudades y consumimos productos que vienen de los espacios rurales nacionales, o productos importados, a través de circuitos comerciales de corta y larga distancia. El continuo abasto de distintos bienes y productos para la ciudades, nos ha llevado a configurar una percepción urbana predominante de la naturaleza, “meramente como una colección de atracciones o lugares de recreación, más que la verdadera fuente de nuestra existencia y bienestar.”<a href="#_ftn2">[2]</a> Este hecho urbano olvida entonces que las necesidades básicas para la vida como el agua, los alimentos y buena parte de la fuerza de trabajo, no se producen, ni reproducen, ni provienen de las ciudades.


<hr align="left" size="1" width="33%" />

<a name="_ftn1"></a><a href="#_ftnref1">[1]</a> Ewing, B y Reed, Galli, Kitzes, Wackernagel. 2010. Calculation Methodology for the National Footprint Accounts, Oakland: Global Footprint Network .“La Huella Ecológica mide la cantidad de tierra y mar biológicamente productivos que un individuo, una región, toda la humanidad, o determinada actividad humana requiere para producir los recursos que consume y absorber los desechos que genera, y compara esta medida con cuánta área de tierra y mar está disponible.” “Hoy la humanidad utiliza el equivalente de 1,4 planetas cada año. Esto significa que ahora le tarda a la tierra un año y cinco meses para regenerar lo que utilizamos en un año.” Ver en http://www.footprintnetwork.org.

<a name="_ftn2"></a><a href="#_ftnref2">[2]</a> Wackernagel, Mathis y Reees, William. 2000. Nuestra huella ecológica, reduciendo el impacto humano sobre la tierra, Buenos Aires p. 24<br />

El conjunto de indicadores asociados a huella ecológica, entre ellos la biocapacidad y déficits ecológico fueron propuestos por Mathis Wackernagel y William Reees, ellos han elaboraron un trabajo que marcó el debate internacional sobre la sostenibilidad, al medir la huella ecológica de la humanidad con principal atención en los países industrializados. Esto demostró que la población del planeta requerirá más de cinco planetas en el supuesto que todos lográramos consumir como un canadiense de finales del siglo XX. Esta estimación permitió plantear que aproximadamente existen 1.3 hectáreas eco-productivas por habitante en el planeta, que un número reducido de la población mundial consume entre cuatro y diez hectáreas y que hay un grupo con altos consumos, que en mayor proporción viven en países del norte. Esto ha permitido evidenciar una inequitativa distribución de los bienes ambientales y una restricción de acceso a poblaciones para lograr acceder a la justa proporción de bienes que le corresponden en este planeta.[3]

Este indicador ha recibido distintas críticas. Unas discuten si la medida es óptima o deficiente.[4] Ya hay consenso en que esta aproximación es imprecisa.[5] La principal crítica plantea que este enfoque ve a las poblaciones humanas consumiendo más de lo posible, con resultados funestos a futuro. Nos recuerda a Malthus, quien situó su atención en la producción de comida, argumentando que ésta siempre estaría por debajo de las necesidades humanas siendo un limitante del crecimiento de la población.[6] Algunos críticos de los planteamientos de la huella ecológica argumentan que los ambientalista reiteran este racionamiento malthusiano con otros bienes ambientales, como el petróleo y la tierra cultivable construyendo así escenarios catastróficos y negando la posibilidad de un cambio tecnológico, como el de la "revolución verde" que permitió multiplicar nuestra producción agrícola incrementando el suelo cultivado en sólo un 2% desde 1950. Un proceso en el que comiendo cada vez más hemos reducido nuestra huella ecológica alimentaria; “la tecnología lo ha hecho posible.”[7]

A partir de estos planteamientos la responsabilidad ambiental de los estados y de las corporaciones es transferida al desarrollo tecnológico y a la innovación, desconociendo contradicciones propias del sistema económico global. Esta crítica, por no considera el cambio tecnológico es adecuada, pero es también pertinente tener en cuenta los efectos negativos de la “revolución verde”. En los países latinoamericanos son evidentes: deforestación por cambios de uso de la tierra, erosión de los suelos por cambio de cobertura vegetal, desertificación, contaminación de fuentes de agua, enfermedades pulmonares y esterilidad en las comunidades por uso intensivo de agroquímicos y dependencia por vinculación de la agricultura campesina a las corporaciones productoras de insumos para la agricultura. Solo para mencionar algunos de los impactos y su profundización contemporánea bajo la expansión de los agronegocios. Estas huellas hacen parte de un largo proceso histórico vinculado con un intercambio ecológico desigual y una geopolítica internacional, que permite la articulación, uso de recursos y apropiación de espacios, por medio de corporaciones de origen europeo y norteamericano.[6] Esta articulación de territorios y población, junto a la extracción de recursos permite la sostenibilidad económica y ambiental de estas sociedades.[7] Un proceso histórico que debe tenerse en cuenta para realizar un análisis geopolítico del indicador huella ecológica y proponer así un análisis de la huella geográfica.

 

De la huella ecológica al análisis geopolítico de la huella geográfica

El horizonte metodológico de la huella geográfica no se propone el refinamiento o redefinición de un indicador de mayor precisión, basado en la concepción de capacidad de carga, como ya fue realizado en el planteamiento de la huella ecológica, con sus pertinentes y limitadas estimaciones. La huella geográfica propone un análisis geopolítico, espacial e histórico de los flujos y territorios controlados por una población para suplir las condiciones de existencia o niveles de consumo vinculados a un modo de vida configurado socialmente. Para ello este análisis recupera lo mejor de la noción de espacio vital acuñada por el geógrafo Ratzel, que formula la necesidad de territorio de una estipulada sociedad, variable según su bagaje tecnológico, activos demográficos o recursos naturales disponibles. Toda sociedad necesita de un territorio espacio vital, su amparo y arraigo pasa a ser un imperativo de la historia. La historia es vista entonces como una disputa por el espacio y los más fuertes serán los ganadores[8]. Estos planteamientos de Ratzel se fundamentaron en el darwinismo social de su época, que indagó por la relación organismo y hábitat, inquietudes que posteriormente fundamentarían a la ciencia ecológica y con ella al determinismo ambiental de finales del siglo XIX.[9]

La categoría de espacio vital cuenta con una raíz biogeografía[10] trasladada al análisis de la consolidación de los estados y la justificación nacionalista de expansión de las fronteras, si el territorio de los estados se hace mayor, crece su fuerza colectiva, riqueza, poder y duración. Un Estado debe producir la mayor parte de sus bienes requeridos, caso contrario articular o absorber otros territorios que contribuyan a consolidar su economía. “La tendencia a ocupar cada vez mayores espacios se encuentra en la esencia del mismo progreso”[11] y desarrollo. Estos planteamientos de Claude Raffestin hacen que la geografía política de Ratzel “sea una geografía del Estado y conlleva implícitamente una concepción totalitaria, la del Estado todopoderoso. Sin saber, Ratzel creó la geografía del “Estado totalitario”, donde el adjetivo significa aquello que abarca una totalidad, a diferencia del sentido político actual del término”. Así, la geografía política se ha reducido a la escala establecida por el Estado. “Es una geografía unidimensional inaceptable en la medida en que existen poderes múltiples que se manifiestan en las estrategias regionales o locales.”[12]

Los planteamientos de geografía política de Ratzel retoman la noción de “espacio vital” como análisis geopolítico, para ello hay que aclarar son pertinentes dadas la críticas sobre esta idea, planteamiento rector de la geopolítica alemana. En el espacio vital que nos referimos no está asociado únicamente a la escala del Estado-Nación, puesto que no reducimos al Estado como la única instancia de poder, ni la inmaculada institución que ejerce el poder, ni el poder. Hay otras escalas como las regiones, las localidades y territorios comunitarios que requieren y propenden por sus espacios socialmente necesarios para desarrollar sus existencia, sus luchas para los reconocimientos de sus espacios, son un asunto de la geografía del poder al interior a los estados nación o de geopolítica interna.

No solo hay otras escalas del poder, hay también otros sentidos de lo vital que implican las distintas formas de vida y sus perspectivas sobre la apropiación y usos de los bienes ambientales con los que cuenta un espacio. Aquí aparecen a distintas escalas comunidades con racionalidades ecológicas y visiones del mundo que difieren del desarrollo económico y el progreso que proyecta el Estado a escala nacional. Este último constituye el auge de la geopolítica contemporánea, que trabaja a partir de campos teóricos como la política de la geografía; la política a escala[13] y de desarrollo geográfico desigual.[14] En segunda instancia se reconoce la idea de espacio vital vinculada a la consolidación de los Estados, propia y motor del colonialismo del siglo XIX. Esta también legítimo la expansión colonialista e imperialista, a partir de criterios ideológicos que consideraron a los blancos occidentales culturas superiores, por tanto con mayor requerimiento de espacio vital.[15] Está lógica del siglo XIX bien puede retomarse para ser ampliada con planteamientos a partir de la permanecía histórica de un patrón de poder moderno colonial,[16] ya que la expansión de los territorios de los antiguos países coloniales o neocoloniales, en el siglo XX, operó a partir del control jurídico y económico del país colonizador, o por la invasión militar de un territorio nacional. Esta expansión opera a partir de la permanecía histórica de ordenamientos subjetivos de dominación y colonialidad[17], reiterada y profundizada con acuerdos económicos promovidos para la ampliación del libre mercado y el extractivismo corporativo, productor de los principales agujeros de la soberanía nacional.[18]

David Slater plantea que nos encontramos, no en una etapa pos imperial y sino más bien en un terreno reimperializado. Si se requerían procesos coloniales para generar imperios hoy EE.UU. hizo posible no precisar de colonias y extender efectivamente su poder, difundiendo el libre comercio.[19] Una practica económica configuradora de agujeros generados a partir de incorporar espacios, población y recursos de un país a los requerimientos de otros a través de la operación de corporaciones de capitales nacionales o trasnacionales, lógica que constituyen las huellas geográficas corporativas del despojo.

 

La huella geográfica del despojo

En este análisis es preciso ubicar los territorios e identificar mecanismos de control territorial como ejercicio del poder sobre un espacio[20] que permiten la dominación-explotación, garantizando el “espacio vital”[21] de una población. Se trata de concretar esta superficie en tierra, articulada a la población mediante el control territorial de otros espacios y comunidades que posibilitan el acceso constante a los bienes requeridos por una población. De esta manera nos iremos aproximándonos a lo que denominaré “huella geográfica”[22] o geograficidad de los procesos sociales urbanos y rurales y para emprender este camino es pertinente introducir las nociones de metabolismo social, brecha metabólica urbano-rural y acumulación primitiva. 

Uno de los grandes aportes al indicador huella ecológica es haber promovido debates sobre la sostenibilidad ambiental del desarrollo económico. Estos retomaron las aproximaciones realizadas sobre el metabolismo o circuito socio-natural de la vida humana como los denomina Hinkelammert[23]. Este concepto de “metabolismo social” planteado por Marx daba cuenta de cómo las sociedades afectan y son afectadas por dinámicas de la naturaleza.[24] La sociedad y sus distintas relaciones no se tejen y desarrollan en una suerte de vacío geográficos, éstas producen y reproducen sus condiciones de existencia a partir de su metabolismo con la naturaleza, configurando paisajes y espacios geográficos urbano-rurales y regionales. Este está configurado por un conjunto de procesos desplegados tanto a escala local, nacional y global, mediante los cuales se apropia, concentra, transforma, consume y deshecha materiales procedentes del mundo natural, una primera naturaleza o naturaleza externa al ser humano. 

Ligada a esta concepción del metabolismo social-natural de Marx, tanto John B Foster[25] como Jason W More[26] proponen la brecha metabólica para describir relaciones naturaleza-sociedad a través del trabajo en el capitalismo y del imperativo de acumulación. Foster ve la brecha metabólica como consecuencia del desarrollo capitalista, parte del análisis de la segunda revolución agrícola en Inglaterra entre 1830 y 1880 caracterizada entre otras cosas por el desarrollo de industrias de fertilizantes, en respuesta al agotamiento de la tierra, y donde la química de los suelos en un tema central para el capitalismo.[27] Con esto se hace una ruptura material y energética en el ciclo de los nutrientes, ya que los residuos generados en el procesamiento de materias primas agrícolas, en vez de retornar al suelo como nutrientes, son desperdiciados en basureros y alcantarillas de las ciudades. Este proceso extractivo, provoca una pérdida de fertilidad y sostenibilidad en capacidad de reproducción de los suelos. Una brecha metabólica que es compensada y rentabilizada a partir de fertilizantes químicos, comprados por agricultores a corporaciones en el comercio internacional, hace dependiente a la agricultura de la industria de insumos y fertilizantes.

Para Jason W Moore la diferenciación entre sistemas naturales y sociales es teóricamente arbitraria y empíricamente artificial. Los metabolismos son relaciones entre la naturaleza externa y humana. La brecha metabólica es constitutiva de la acumulación incesante de capital y se estableció con el surgimiento del capitalismo en el siglo XVI, entre los grandes movimientos de la acumulación primitiva constituidos por el colonialismo y la globalización de las relaciones campo-ciudad. Proceso que constituyo la dialéctica campo-ciudad como una manifestación geográfica particular de la brecha metabólica. [28] Una brecha campo-ciudad constituida entre el ritmo de la reproducción de la naturaleza, sustancias orgánicas y animales sometidos a ciclos orgánicos y los ritmos de las máquinas en la producción industrial. Este desacople entre ritmos de producción-reproducción a partir de los ciclos naturales y de la producción industrial constituye una brecha a nivel espacial/material (urbano-rural) como a un nivel social más amplio, que repercute en el metabolismo socio-natural. Si bien estos planteamientos y categorías responden a unos procesos europeos del siglo XIX, son pertinentes para hacer una lectura contemporánea de las brechas socio naturales derivadas de globalización y del neocolonialismo que viene reconfiguración la geográfica colombiana.

A la reconfiguraciones espacial del país le acompaña la profundización de una brecha metabólica cuya dimensión constitutiva es una ruptura social. Esta última generada por un nuevo ciclo de acumulación primitiva, cuyas características planteadas por John Foster y Jason Moore siguiendo a Marx, corresponden a la argamasa: socio-natural de tres procesos para a Gran Bretaña de finales del siglo XIX y principios del XX, i) proceso de expropiación de tierras, ii) proceso de migración de la población desde el campo iii) concentración de la riqueza.[29] Estos procesos guardando cautela por la distancia histórica, geográfica y política, cuentan con similitudes con la historia colombiana de las últimas décadas y mantiene lógicas que han caracterizado a la consolidación, expansión y profundizaciones de capitalismo internacional.

En el primer punto encontramos un gran proceso de expropiación de tierras con la pérdida del control directo por parte de los campesinos sobre los medios materiales de producción, al estilo de la contra reforma agraria que ha vivido el país ejercida en buena parte por el paramilitarismo[30]. El segundo punto se refiere a un gran proceso de migración de la población del campo a la ciudad, como el ejercido mediante el desplazamiento forzado que caracteriza a Colombia[31]. El tercero, hace alusión una enorme concentración de la riqueza a partir de la concentración de las tierras en pocas manos que transfieren sus rentas a los centros urbanos e industriales, con semejanza al proceso de acaparamiento de tierras que se ha desbocado en Colombia, esto tanto para los agronegocios como para la expectativa minera.[32]

Esta semejanza en procesos históricos y geográficos tan distantes nos permite plantear que el capitalismo cuenta con una lógica persistente. “De modo que, violencia y despojo son los pilares fundacionales del andamiaje capitalista pero, de ninguna manera, pueden reducirse a un conjunto de acontecimientos explicativos del pasado, ya que han mantenido un rol continuo y persistente en la amplia geografía histórica de la acumulación, de capital hasta nuestros días”[33]. Esta lógica legalizada hoy por los estados, a la que Harvey denomina despojo para la acumulación, consiste en el uso de métodos de acumulación originaria para mantener el sistema capitalista, mercantilizando ámbitos, espacios, territorios y recursos hasta entonces fuera del mercado. La acumulación originaria supuso la implantación de un nuevo sistema, al desplazar al feudalismo, mientras que la acumulación por desposesión tiene por objetivo mantener el sistema actual, transfiriendo a regiones y sectores empobrecidos la crisis de sobreacumulación del capital[34].

La historia y reconfiguración geográfica reciente de Colombia permiten entonces plantear que se encuentra en desarrollo un proceso de despojo para acumulación[35] con repercusiones sociales y ambientales aún por evaluar. Ha incrementado la brecha metabólica, reconfigurando las relaciones urbano rurales y la incorporación de las distintas regiones del país al mercado mundial y permitiendo la solución de crisis de acumulación a empresas y capitales extranjeros, que al buscar un lugar donde fijar y ampliar sus inversiones, extienden sus huellas geográficas internacionales sobre el territorio nacional. Las empresas localizadas en distintas regiones del país cuyos excedentes fluyen directamente a centros urbanos nacionales y extranjeros, definen los flujos ecológicos y financieros y profundizan las desigualdades regionales, en un modelo de desarrollo extractivita corporativo. Así, las “huellas geográficas corporativas”[36] nacionales e internacionales se incrementan en el país y se hace evidente con la concentración de tierras bajo expectativas financieras de inversiones futuras. Se promueve una reconversión productiva en el país, donde sectores productivos como palma para agrodiesel, caña para etanol, cultivos forestales, aparecen como prioritarios para el Estado. Mientras la producción de alimentos de medianos y pequeños campesinos es relegada, constituyendo la imposibilidad de la seguridad y soberanía alimentaria.

Las masivas importaciones de alimentos, como es el caso de la papa, detonante del reciente paro[37], la pretendida expansión del sector minero, cuando el 59% del territorio continental del país está solicitado en concesión para títulos mineros y ya se otorgaron el 5.13% de la superficie del país en concesión, mediante títulos durante el periodo 2000-2010. De estas hectáreas tituladas el 23.3% constituyen huella geográfica corporativa de empresas mineras de gran escala.[38] Frente a este proceso se hace necesario evaluar, caracterizar y comprender los procesos de control territorial ejercidos para el despojo por acumulación e indagar por las repercusiones de este proceso en metabolismo social-natural del país y en la ampliación de la brecha metabólica urbano-rural. Es pertinente avanzar en el análisis de la huella geográfica, como propuesta teórico-metodología y horizonte complementario de las aproximaciones y estimación del indicador de sostenibilidad territorial huella ecológica.

 

La huella geográfica global se despliega en los espacios nacionales

Las huellas geográficas de los países denominados “desarrollados” se despliegan en los espacios nacionales de los denominados países “en desarrollo”. Un primer aspecto es la relación entre tipo de sociedad y ruptura del metabolismo socio-ambiental, para no limitarse a una visión ecologista simple. Aun en la hegemonía global del capitalismo todas las sociedades no tienen la misma responsabilidad. En 2004 un habitante promedio de los EEUU emitía veinte toneladas de CO2 a la atmosfera, un europeo en promedio diez, un chino en promedio 4.2, un Indio 1.2. Tampoco las clases sociales tienen igual responsabilidad. El 1% de los ciudadanos del los EEUU consumen más de cien toneladas de CO2.[39] Para aproximarnos a los dominios y escalas geográficas de la brecha  metabólica y sus efectos, es pertinente preguntarnos, ¿Por quiénes produce los bienes qué se consumen y quién los consume?, ¿dónde están los recursos y territorios que garantizan el abastecimiento de las poblaciones y en qué relaciones se producen?

Los datos de las huellas ecológicas muestran que los países “centrales” con mayor crecimiento económico tienen un requerimiento de mayor espacio vital, asociado a sus modos de vida, comparado con los países periféricos. En las estimaciones para la última década de huella ecológica, en las naciones europeas una persona promedio requiere 4.7 has, en norteamericana de 7.9 has por habitante, mientras que en África son 1.4 y América Latina de 1.7 has por habitante.[40] A mayor crecimiento económico, mayor consumo y espacio vital con su correspondiente huella geográfica, requerida por habitantes de los países “desarrollados”.  Las ciudades europeas en los siglos XVI y XVII dependían metabólicamente del campo circundante. Los centros urbanos fueron inicialmente birregionalmente definidos, contando con ligeras huellas geográficas acotadas a la ciudad-región. Estos países han contado históricamente con mayor consumo, producción de residuos y acelerado deterioro de sus suelos. Esto último han incidido en que el abastecimiento de materias primas para sus economías, como de bienes básicos para la población se concentra en las ciudades del centro, se realice en buena parte desde países de la periferia, incrementando así el uso de combustibles fósiles. La articulación global de circuitos económicos y ecológicos de abastecimiento de las ciudades ha incrementado la brecha metabólica de países y ciudades.

Un segundo aspecto a considerar en el análisis global, algunos países considerando sus niveles de consumo puedan exceder las capacidades productivas de su territorio nacional. Esto implica relaciones de dependencia con otros territorios para el abastecimiento de sus necesidades básicas, generando relaciones de dependencia con otros países que disponen de recursos. Esta relación de dependencia puede ser trasformada históricamente a través de procesos coloniales, militares y comerciales que subordinan económicamente a los países que cuentan con los recursos requeridos, a partir de poder político, militar y económico. De esta manera el espacio vital de una nación y relativamente su huella geográfica, es ampliada a partir de procesos de colonización y acuerdos comerciales que brindan las condiciones para procesos del denominado neo-extractivismo. Un tercer aspecto de la huella geográfica a escala internacional, es identificar el impacto y cuantía de esta huella corporativa internacional en los espacios nacionales, teniendo en cuenta el origen de las inversiones y el destino de los excedentes generados por las corporaciones. Es clave evaluar la cuantía de tierras concentrada en Colombia por empresas internacionales y el destino tanto de sus excedentes como de los productos generados por las distintas actividades productivas y extractivas que realizan. La empresa Poligrow de capitales italianos y españoles ha sembrado más de dos mil has con destino a la producción de aceite, la empresa Ethanol Consortium Boar con inversiones de origen de Brasil, Suecia y EEUU posee 45 mil has de caña en Bolívar, Córdoba y Sucre; asimismo empresas y consorcios con capitales de origen nacional amplían las superficies de tierra vinculadas al mercado mundial, estas constituyen ejemplos de la huella geográfica corporativa internacional y nacionales en nuestro país.[41]

 

La huella geográfica nacional en espacios internacionales

Siempre hay huella geográfica, generada por las actividades que desarrollan las distintas comunidades que integran una sociedad. Los planteamientos que pretenden reducir la huella geográfica nacional, encierran una discusión geopolítica sobre la gestión de la sostenibilidad ambiental en situación de dependencia económica, discusión vinculada con la transformación del modelo de desarrollo y su crecimiento económico. Eliminar la huella geográfica, es inviable, implica la supresión de la sociedad, el camino es transformarla, gestionarla política y tecnológicamente, para ello debe destacarse su importancia en la vida nacional. Otro aspecto es el de la huella geográfica que la población de un país tiene sobre su propio conjunto de territorios, la población, superficies y recursos vinculados directamente al sostenimiento. Es el caso de las aguas destinadas al consumo humano y el control territorial de cuencas priorizadas para el abastecimiento de agua potable de las ciudades en detrimento del uso agrícola. A partir del reconocimiento de esta argamasa socio-natural, es importante pensar en el manejo de las condiciones ambientales del país, subordinado su aprovechamiento a la vida de sus gentes. Un tercer aspecto a escala nacional a tener en cuenta, es la cuantía de huella geográfica nacional localizada en espacios internacionales, los espacios vinculados mediante la importación para el consumo nacional, como los productores y las superficies arroceras sobre la cuenca del rio Guayas que desde el Ecuador son abastecedoras de buena parte del arroz consumido por los colombianos.

 

La huella geográfica regional y su articulación con lo local

En cuanto a la escala regional debemos tener en cuenta el desarrollo desigual del país junto a los procesos de urbanización y vinculaciones regionales. El principal aspecto a tener en cuenta es la identificación del ámbito espacial definido por la vinculación urbano- rural, requerida para la configuración de la vida urbana. Es así como los habitantes de una ciudad participan en un circuito o metabolismo socio-natural mucho más amplio, que el definido por el perímetro urbano de la ciudad. Este hecho urbano implica actos de apropiación, transformación, transferencia y utilización de recursos en otros territorios, donde habitan trabajadores industriales, agricultores o pescadores, que se involucran  directamente mediante sus jornadas de trabajo con las materias primas, fuentes de agua y suelos,[42] recursos que son controlados indirectamente por circuitos comerciales que garantizan al abastecimiento urbano.[43]  Se trata entonces de identificar los territorios que abastecen a las ciudades de distintos productos, cuando en los territorios abastecedores se encuentran las condiciones de producción: tierra y espacio urbano regional como apelativos de la naturaleza externa y el trabajo como apelativo de las personas que la habitan y transforman produciendo los paisajes urbanos y rurales que constituyen a las regiones[44]. Una de las forma de indagar la cuantía en tierra que las urbes articulan, es por medio de la estimación del indicador huella ecológica. La manera de recocer dónde se localizan, cómo están distribuidas, cómo fluyen los bienes y finanzas a escala regional, nacional y global, se realiza a través del análisis de la huella geográfica. Esta aproximación hace parte de la geopolítica interna de las ciudades y de las distintas regiones en los espacios nacionales, e incluye un análisis histórico y geográfico de los mecanismos de poder con los que se ejerce el control de un espacio, para garantizarle a una población urbana su “espacio vital”.

 

La huella geográfica local: vida arraigo o acumulación ampliada.

Se refiere al anclaje espacial de los flujos materiales entre el campo y a ciudad. Las vinculaciones entre las ciudades y los espacios rurales, pueden ser regionales, nacionales o internacionales, vinculados a los centros urbanos mediante flujos que siempre aparecen en dos direcciones. Desde las zonas rurales, donde se extraen y producen bienes como el agua, la energía eléctrica, petróleo y alimentos, o hacia los centros urbanos. Otro desde las ciudades donde predomina la transformación de materias primas en alimentos procesados, textiles y manufacturas, actividades que implica mayor consumo energético y cuyas fuentes se localizan en zonas externas a las ciudades. La producción de la ciudad incorpora consumos distribuidos en las zonas productoras de insumos, mientras que la producción urbana es redistribuida hacia espacios urbanos y rurales, nacionales o internacionales.

Las huellas geográficas locales de las ciudades en el campo se evidencian ya sea por las zonas dedicadas a la extracción de materiales para construcción, canteras y minas, por los procesos de reforestación y regulaciones forestales sobre las cuencas destinadas al abastecimiento urbano, junto a los lugares de explotación petrolera y plantas de refinamiento de los combustibles fósiles que garantizan la mayor parte de la movilidad urbana en la ciudad. A estos se agregan las zonas de cultivo y praderas dedicadas a la producción de alimentos consumidos en una ciudad, esto incluye tanto a los territorios del agronegocio como a los territorios de medianos y pequeños campesinos que producen para el sostenimiento de las ciudades. Las huellas geográficas rurales son configuradas por las comunidades rurales del país y cuentan con distintas formas de apropiación territorial, esto incluye diversas concepciones sobre el uso y aprovechamiento de los bienes naturales y la tierra. Las distintas poblaciones rurales ya sean comunidades indígenas, negras o campesinas, vienen reivindicando la necesidad de sus territorios como posibilidad de mantener sus modos de vida y su arraigo territorial. La vinculación a la vida nacional de estas comunidades en Colombia se ha realizado bajo formas jurídicas para los Territorios Indígenas, Colectivos Negros y Zonas de Reserva Campesina, esta reivindicación y reconocimiento evidencia una noción de espacio vital para la paz, construido por las comunidades rurales colombianas en medio de la guerra y el despojo.

Pero los espacios y territorio de las comunidades rurales del país se encuentran entretejidos con los espacios agrarios, estos constituidos por la territorialidad de los gremios y grandes agricultores, ganaderos y empresas agropecuarias, que reclaman mayores superficies, para la sostenibilidad de sus inversiones y lograr así la acumulación ampliada de sus capitales. inversiones n asociadas mayoritariamente a las huellas corporativas internacionales, como la palma africana, caña de azúcar y la minería a gran escala. De esta manera las huellas geográficas rurales y agrarias constituyen un conjunto de relaciones complementarias y contradictorias que constituyen los conflictos territoriales de la geopolítica interna del país. Conflicto constituido a partir de que todos los sectores sociales y económicos del país reclaman y disputan un espacio considerado por ellos mismos como socialmente necesario, espacio vital para su sostenimiento y posibilidad de existir en paz. A pesar de ello el despojo de unos sectores socioeconómicos por otros se ha realizado acudiendo al poder y la violencia armada, a partir del control de la población y sus territorios, lo que busca generar condiciones para la inversión extrajera, medio por el cual se vienen desplegando las huellas corporativas intencionales en el país.

Los indicadores que permiten aproximarnos a la distribución del espacio en el país, muestran la profunda concentración de la tenencia de las tierras. Este es el caso del GINI que en la última década incrementó ubicándose en el 2009 por encima del 0.85, lo que evidencia una alta concentración de tierras en el país.[45] El catastro rural nacional registra un poco más de 85.7 millones de has, de éstas, el 44% un poco más de 38 millones de has corresponden a predios privados. “El 41% del área de propiedad privada es gran propiedad o predios de más de 200 hectáreas (15.8 millones de has); y el 40% de la propiedad privada se clasifica como mediana propiedad, predios entre 20 y 200 has. La extensión restante, siete millones de has, está distribuida entre pequeña propiedad, minifundio y microfundio.” La propiedad privada en Colombia se incrementó en un poco más de cuatro millones de has en el periodo que va del año 2000 al año 2009.[46]


[3] Bernardo Reyes Ortiz en presentación de: Wackernagel y Rees, Ibid

[4]Carballo, Penela y Villasante. La huella ecológica de una economía cerrada: consideraciones teóricas sobre el ajuste de comercio en el marco de análisis de la huella. 2007. Departamento de Economía Aplicada Universidad de Santiago de Compostela.

[5] Sin embargo, el indicador ha venido profundizando su precisión al utilizar en todos los países para comparaciones entre países la hectárea global (hag) es una unidad de medida empleada para cuantificar la biocapacidad del planeta. Una hag es la media de la bioproductividad de todas las hectáreas consideradas "productivas" en la Tierra. Es una unidad cada vez más empleada en geografía, ciencias ambientales, sociología, así como para el cálculo de la huella ecológica. Con la globalización, cada vez más recursos consumidos son producidos a escala global (y no local), por lo que permite calcular los recursos empleados para la producción de los bienes. Ewing B., A. Reed, A. Galli, J. Kitzes, and M. Wackernagel. 2010. Calculation Methodology for the National Footprint Accounts, 2010 Edition. Oakland: Global Footprint Network.

[7] Rodríguez, Daniel. Malthus y la huella ecológica. http://www.juandemariana.org/comentario/1172/malthus/huella/ecologica/

[8] Nahuel, Carlos y Granato, Leonardo. 2005. La deuda ecológica con los países del sur. Revista Ecología Políticas No 29, p,75-85..

[9] Llamabi Luis. 1995. Restructuraciones mundiales de la agricultura  y la alimentación, el papel de las transnacionales y los grandes estados, en Agroalimentaria No .1.

[10] Moraes, Antonio Carlos Robert. 1990. En Razel, A antropogeografía de Ratzel: Indicacoes, p 23-24.

[11] Lopez Trigal, Lorenzo. 2011. , Comentario: Las leyes el crecimiento espacial de los Estados, en el contexto del determinismo geográfico ratzeliano, en Geopolíticas, p.160.

[12] La biogeografía es la ciencia que estudia la distribución de los seres vivos sobre la tierra, así como los procesos que la han originado, que la modifican y que la pueden hacer desaparecer.

[13] Lopez Trigal, Lorenzo. 2011. Comentario: Las leyes el crecimiento espacial de los Estados, en el contexto del determinismo geográfico ratzeliano, en Geopoliticas.p.160.

[14] Raffestin, Claude. 2011. Por una geografía del poder, El colegio de Michoacan. p16.

[15] Fernández Víctor Ramiro. 2010. Escalas y políticas del desarrollo regional, Desafíos para América Latina. Facultad Nacional del Litoral, Santa Fe – Argentina. Ver también, Swyngedoun, Erik. 2004. “Glovalizacion or Globalisation? Network, Territories and Rescaling” Cambridge Review of Internacional Affairs Volumen 17, # 1, April.

[16] Sobre el desarrollo desigual ver: Neil Smit, Desenvolvimiento  Desigual, Natureza, Capital e Producao de esapcio, Impresso no Brasil,1988. Ver también: Harvey, David. 2006. Notes towards a theory of uneven geographycal development, in Harvey Spaces of Global Capitalism, verso, New York.

[17] Estas ideas según Peter Taylor “constituían un conjunto de proposiciones políticas realistas que se podían utilizar según conviniera.” el espacio vital de Ratzel refería a que Alemania tenía un conjunto de problemas asociados a unas fronteras que la aprisionaban, planteamiento que será recogido y reconvertido  en toda su dimensión negativa para legitimar el expansionismo alemán del gobierno nazi en el camino de convertir a Alemania en una potencia mundial, siendo Karl Haussofer el personaje central de la geopolítica Alemana. Geografía Política, Economía Mundo, Estado-Nación y Localidad. 1994. Trama Editorial, Madrid, p, 51-53

[18] Grosfoguel, Ramón. 2006. La descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales: Transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global, revista Tabula Rasa.

[19] Lander, Edgardo. 2005. Cadencias Sociales Saberes coloniales y eurocéntricos, 11-40, En La coloniaidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, perspectivas latinoamericanas. Compilador Edgardo Lander, Clacso Buenos Aires.

[20] Sassen, Saskia, Territory and Territoriality in the Global Economy, in Questions of governance, International Sociology, June 2000 Vol 15(2): 372–393 SAGE (London, Thousand Oaks, CA and New Delhi)

[21] Slater, David. 2010. The imperial present and the geopolitics of Power Geopolítica(s) ISSN: 2172-3958. vol. 1, núm. 2, 191-205

[22] “Desde nuestra perspectiva, la territorialidad tiene un valor totalmente particular, ya que refleja la multidimensionalidad de la vivencia territorial por parte de los miembros de una colectividad y por las sociedades en general. Los hombres “viven” al mismo tiempo el proceso territorial y el producto territorial, mediante un sistema de relaciones existenciales y/o productivas. Ambas son relaciones de poder, en el sentido de que hay interacción entre los actores que buscan modificar las relaciones con la naturaleza y las relaciones sociales. Los actores, sin quererlo ni saberlo, se auto-modifican también. El poder es inevitable y no es inocente, ya que no es posible mantener impunemente cualquier relación sin estar marcado por él.” Raffestin, Claude. 2011. Por una geografía del poder, El colegio de Michoacan. p112.

[23]Este último un concepto planteado por Ratzel en el siglo XIX en el contexto de la consolidación de los estados nación. La cuestión del dominio del espacio adquiere una posición central, y dos conceptos formulados por Ratzel son fundamentales para dar cuenta de ella: uno es el concepto de territorio, entendido como la porción de superficie terrestre apropiada por un grupo humano; y el otro es el concepto de espacio vital, que expresa la necesidad de territorio de una determinada sociedad, variable según sean su bagaje tecnológico, sus efectivos demográficos o los recursos naturales disponibles. Así, toda sociedad necesita de un territorio en tanto espacio vital, y su defensa pasa a ser un imperativo de la historia. La historia es vista entonces como una lucha por el espacio, en la que los más fuertes serán los vencedores. Moraes, Antonio Carlos Robert.1990. En Razel, A antropogeografia de Ratzel: Indicacoes, p 23-24

[24] El análisis de la “huella geográfica” refiere a indagar por el ámbito espacial del metabolismo socio-natural y las relaciones de  poder que configuran el control territorial. Indaga entonces por el control y apropiación territorial  a escala local, regional y global que posibilitan la sostenibilidad de la vida de personas, unidades domésticas y comunidades urbanas y rurales. Indaga el rastro y las marcas en la tierra de los fijos-flujos urbano-rurales de trabajo mercancías y capital, vinculados a los mercados regionales, nacionales y globales.

[25] Hinkelammert, Franz J. 2009. Economía, Sociedad y Vida humana, preludio a una segunda critica de la economía política. Altamira Buenos Aires, p 48-50.

[26] Marx, Karl. 1993. Manuscritos: economía y filosofía, Altaya, Barcelona. p:114-1115.

[27] Foster, John Bellamy. 2010. A Ecologia de Materialismo e natureza, Civilizacao Brasileira, Rio de Janeiro. pg, 218-224

[26] Jason W More Transcending the Metabolic Rift: A Theory of Crises in the Capitalist World-Ecology, The Journal of Peasant Studies 38(1), 2011, p, 1-46. Ver tambien:  Jason W More, Nature and the Transition from Feudalism to Capitalism. Review: A Journal of the Fernand Braudel Center 26(2), 2003. 97-172.

[27] John Bellamy Foster, A Ecologia de Materialismo e natureza, Civilizacao Brasileira, Rio de Janeiro, 2010, pg, 209-212.

[28] Moore, Jason W. 'Transcending the metabolic rift: a theory of crises in the capitalist worldecology', Journal of Peasant Studies, 38: 2011, p, 1 -46

[29] Moore, Jason W. 2011. Transcending the Metabolic Rift: A Theory of Crises in the Capitalist World-Ecology, The Journal of Peasant Studies 38(1). p, 1-46.

[30] El Espectador. 2009. Editorial.16 Mar.

[31]Colombia se caracteriza por la violencia y los conflictos rurales causantes del éxodo forzado de más de 5,1 millones de personas y entre 6,6 y 8 millones de has abandonadas o despojadas, fenómeno que agudizó el histórico atesoramiento de la tierra en manos de terratenientes, narcotraficantes, paramilitares y grandes empresarios. Precisamente, en el periodo 2002-2009 se incrementó la concentración de la tierra al amparo de políticas gubernamentales que estimulan la inversión privada en la explotación de recursos.” En Salinas Abdala, Yamile. 2011. Dinámicas en el mercado de la tierra en Colombia, Marzo

[32] “La histórica concentración de la tierra se agudizó entre los años 2000- 2009 el Gini nacional pasó de 0.86 a 0.88, particularmente a partir de 2005 en el 56,5% de los municipios del país.” Atlas de la distribución de la propiedad rural en Colombia – 2000-2009”, Convenios IGAC – CEDE – Catastro de Antioquia. Ver también: Salinas, Yamile. FAO, 2012. Dinámica del mercado de tierras en América Latina, Concentración y Extranjerización, El caso Colombiano, 179-206

[33] Composto, Claudia. 2012. Acumulación por despojo y neoextractivismo en América Latina. Una reflexión crítica acerca del estado y los movimientos socio-ambientales en el nuevo siglo, Astrolabio, Nueva época número 8, p,325.

[34] “La acumulación de capital siempre ha sido un asunto profundamente geográfico. Sin las posibilidades inherentes a la expansión geográfica, a la reorganización espacial y al desarrollo geográfico desigual, hace mucho tiempo que el capitalismo habría dejado de funcionar como sistema económico y político. Este recurso permanente a ‘una solución espacial’ para las contradicciones internas del capitalismo (más notablemente registradas como sobre acumulación de capital dentro de una are geográfica determinada ) junto con la inserción desigual de diferentes territorios y formaciones sociales en el mercado mundial capitalista, han creado una geografía histórica mundial de acumulación de capital cuyo carácter debe entenderse bien” Harvey, David. 2007. Espacios del Capital, Hacia Una geografía Critica, Ediciones Akal, Barcelona, p, 391.

[35] Betancur, María Soledad. 2012. Observatorio de derechos Humanos No 16, Locomotora Minera Concentración y despojo, Instituto Popular de Capacitación (IPC).Medellín

[36] Por huella geográfica corporativa se entienden, la superficie en hectáreas que  las corporaciones nacionales y extranjeras vienen concentrando para llevar a cabo sus inversiones cuyos  excedentes son concentrados directamente en centros urbanos nacionales y extranjeros.

[37] Alberto Caro, miembro de la Junta Directiva de Fedepapa, denunció que el gobierno dio licencia sanitaria para importar 74 mil toneladas en el presente año, procedentes de Egipto, Chile, Bélgica, Canadá, Holanda, Ecuador y Perú. Estas importaciones siguen el mismo proceso que terminó quebrando la producción nacional de trigo, maíz, sorgo, afectada por la actual importación de siete millones de toneladas de alimentos, que le cuestan al país más de dos mil millones de dólares por año. En el caso papero se amenaza la producción anual de dos millones 600 mil toneladas en 170 mil has, que atienden el consumo nacional.

[38] Betancur, María Soledad. 2012. Locomotora Minera Concentración y Despojo. Observatorio de Derechos Humanos No 16. Instituto Popular de Capacitación (IPC) Medellín.

[39] Houtart, Francosis. 2013. El bien común de la humanidad: Un paradigma pos-capitalista frente a la ruptura del equilibrio del metabolismo, entre la naturaleza y el género humano. Tercera conferencia para el equilibrio del Mundo La Habana, Cuba. 28 de Enero de 2013.

[40] Footprintnetwork. 2010. Results from National Footprint Accounts. www.footprintnetwork.org

[41] Salinas, Yamile. 2011. El reto de la restitución  frente  al modelo de desarrollo rural y a concentración de la tierra. En revista Semillas, Junio/ p 24-30.

[42] Commas, Dolors. 1998. Antropología Económica, Barcelona (España), Editorial Ariel.

[43] Rodríguez, Flavio Bladimir. 2005. Nuestro Pan de Cada Día, La huella ecológica alimentaria de Bogotá. En Región Ciudad y áreas protegidas, CEREC,  223-245

[44] Polanyi, Karl. La Gran Tranformacion . Los orígenes políticos y Económicos de Nuestro Tiempo, Fondo de Cultura Económica México 1992, p 182. “Tradicionalmente la tierra y la mano de obra no están separadas; el trabajo hace parte de la vida, la tierra sigue siendo parte de la naturaleza, la vida y la naturaleza forman un todo articulado”

[45] Este índice puede ser más alto debido, al proceso de contra-reforma agraria del que no se cuenta con información por ellos el índice ha sido estimado con información catastral desactualizada y con deficiencias. Ver: IGAC Atlas de la Distribución de la Propiedad Rural en Colombia, IGAC. 2012.

[46] Idem, IGAC. 2012, p, 117 -118.

Publicado en Agosto 20 de 2013| Compartir
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