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Ganadería y cambio climático

Veterinarios sin fronteras, Febrero 13 de 2012, Este artículo ha sido consultado 1127 veces

En cualquier parte del mundo, miles de especies domésticas se adaptan a contextos geoclimáticos diferentes. La ganadería, la cual nos permite a los seres humanos comer carne, huevos o leche, representa, por otro lado, un complemento necesario para la agricultura, en una relación de mutualismo: el animal se alimenta de los productos agrícolas o los pastos, y las plantas se benefician del abono animal (en forma de nutriente orgánico). Así ha sido durante siglos: hombre, animal y agricultura, elementos de un sistema en equilibrio del que cada uno de sus componentes obtiene un beneficio.

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1. Tomado del libro “Cocinando el planeta. Hechos, cifras y propuestas sobre cambio climático y sistema alimentario global”. Grain et al. Barcelona, octubre de 2009.<br />
2. http://www.veterinariossinfronteras.org

Sin embargo, a mediados del siglo pasado, este sistema se rompió. La agricultura y la ganadería se separaron, se industrializaron y se convirtieron en una actividad económica industrial. La agricultura para alimentar a los animales se empezó a desarrollar a miles de kilómetros de estos; a su vez, los nutrientes producidos por los animales, en manera de nitrógeno o fósforo, se convirtieron en un producto de desecho de la industria, con graves perjuicios medioambientales. Mientras tanto, en los lugares de producción agrícola para la alimentación animal, existe un déficit de nutrientes que se suple con fertilizantes artificiales.

La llamada revolución ganadera está íntimamente asociada a la revolución verde agrícola. En países como Estados Unidos la ganadería industrial consume el 37% de los plaguicidas y el 50% de los antibióticos. Además, produce un tercio del nitrógeno (N) y fósforo (P) que contaminan el agua.

A escala mundial, la ganadería es responsable del 25% de la utilización del total de fertilizantes nitrogenados. El 80% del incremento del sector pecuario a nivel mundial en los últimos 20 años se debe a la ganadería industrial.

 

Ganadería que cambia el clima

Hasta ahora hemos descrito las principales interconexiones existentes entre la agricultura y la emisión de gases de efecto invernadero, GEI. Pero debemos considerar un elemento más: el principal cliente de la agricultura industrial emisora de GEI es la ganadería industrial.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO3 , señala que la ganadería es la principal fuente antropogénica4 del uso de la tierra. Más del 60% de la superficie agrícola se destina a la ganadería; el 26% de la superficie terrestre se dedica a la producción de pastos, y el 33% de la superficie agrícola, a la producción de granos para piensos y forrajes. Según este estudio, la ganadería es responsable del 18% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (medidas en equivalentes de CO2 ). Si consideramos solamente los dos sectores eminentemente agrarios (uso de la tierra y agricultura), la ganadería es la responsable del 50% de estas emisiones; y si analizamos el sector agrícola, la cifra asciende al 80%. Especí- ficamente, esta actividad es responsable del 9% de las emisiones de CO2 (principalmente por deforestación); del 37% de las emisiones de metano (fundamentalmente por la digestión de los rumiantes), y el 65% del óxido nitroso (por el estiércol).

Con estos datos, parece claro que no se puede afrontar un cambio de modelo agrícola sin modificar, al mismo tiempo, el modelo ganadero intensivo, altamente demandante de la agricultura industrial; y como hemos visto, no puede haber estrategia realista de lucha contra el cambio climático, sin modificar el modelo agroalimentario.

La ganadería industrial corporativa se expande de forma alarmante. Por ejemplo, el 50% de la producción mundial de huevos y el 67% de la carne de pollo están industrializadas. Alrededor del 42% de la producción de porcino es industrial. Asimismo, el 67% de la producción global de leche proviene de razas de alto rendimiento.

 

Mecanismos de emisión

Según datos de la FAO, existen tres grandes bloques de emisión para la ganadería: la deforestación asociada a la actividad ganadera (ya sea por pastos o para la producción de piensos y forrajes); la fermentación de los rumiantes5 , y el manejo del estiércol. Cuantitativamente menores, encontramos una constelación de elementos que van desde la fabricación y aplicación de agroquímicos, hasta la energía necesaria para el transporte de los alimentos de origen animal.

El principal informe de referencia, cuantifica las emisiones de GEI del sector ganadero, y desglosa por qué mecanismos se emiten. Pero hace poca distinción entre los diferentes modelos ganaderos. Sin embargo, es absolutamente imprescindible separar los tipos de ganadería, dado que unos y otros difieren en las cantidades de GEI emitidos. ¿Qué modelos, en realidad, son los responsables del cambio climático, y por qué?

Las emisiones de la ganadería industrial están asociadas a:

• Los agroquímicos (tanto en la fabricación como en la aplicación) utilizados para la agricultura con destino a la ganadería.

• Los piensos industriales (en su cultivo, fabricación y transporte).

• La elaboración y transformación industrial de los alimentos de origen animal.

• El al transporte de alimentos de origen animal.

• El exceso y manejo de los estiércoles

En realidad, los informes señalan solo dos elementos que pueden ser atribuidos, en parte, a la ganadería no industrial: la deforestación y la fermentación ruminal. El primero debe, claramente, atribuirse mayoritariamente a la ganadería industrial. Un alto porcentaje de los ecosistemas son deforestados por los monocultivos asociados al cultivo de granos para piensos y forrajes destinados a alimentar el ganado (es el caso de Brasil y de la región conocida como la Repú- blica Unida de la Soya, de la cual Brasil también hace parte: Argentina, Bolivia, Paraguay Uruguay).

La misma FAO asume que el 40% de esa deforestación tiene como destino directo la ganadería industrial. Un análisis simplista sitúa el resto en la ganadería extensiva. En realidad existen, al menos, tres mecanismos que deshacen esa afirmación:

1. La presión constante de los monocultivos en busca de nuevas tierras, y el avance forzado de la frontera agrícola, obliga de facto al desplazamiento de esas ganaderías.

2. Muchas de las ganaderías de pastoreo extensivo que aprovechan zonas deforestadas, en realidad solamente hacen eso: aprovechar una zona deforestada previamente por la industria maderera o de otra naturaleza extractiva que, una vez desechada, es ocupada por el pastoreo.

3. Aunque sean sistemas técnicamente “extensivos”, no podemos, en absoluto, considerar la mayor parte de esas actividades como ganadería campesina, ya que sigue estando en manos de una oligarquía local, que la practica sin tener en consideración aspectos sociales o ambientales territoriales.

En definitiva, la propuesta de la Vía Campesina incluye también otro tipo de ganadería distinta a la que deforesta. En lo que respecta a la fermentación ruminal, es cierto que los rumiantes con alimentación extensiva emiten más metano que con alimentación intensiva, por lo que se necesitan más animales (y por tanto más emisión) para obtener exactamente la misma producción pecuaria.

Se proclama hasta la saciedad que los modelos de ganadería campesina no podrán suministrar la demanda futura de leche, huevos y carne. Esta afirmación es muy discutible desde el punto de vista técnico, pero más importante aún es preguntarse si el consumo desbocado de leche, huevos y carne que existe en algunas zonas del planeta es exportable a todo el globo. La respuesta es que no. Por lo tanto, el cambio del modelo de consumo “cárnico” universal debe ser revisado al mismo tiempo que el modelo ganadero.

 

(Des)conexión agricultura - ganadería

Hace falta, por tanto, relocalizar la ganadería e insertarla de nuevo en los ecosistemas agrarios, cerrar ciclos de energía y materiales, mejorando así la eficiencia de todo el proceso, reutilizando los supuestos residuos que generan las dos actividades por separado. Estos modelos de producción son los que defiende la agroecología y la gran apuesta para variar el “cómo comemos”, un modelo alimentario que hace falta revisar, en tanto es el responsable principal del cambio climático.

 

La ganadería genera más gases efecto invernadero que los automóviles

La ganadería genera más emisiones de gases causantes del efecto invernadero que el sector del transporte, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Según el informe, ‘el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero –el 18%, medidos en su equivalente en dióxido de carbono (CO2)– que el sector del transporte’. El comunicado destaca que la ganadería es, además, ‘una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos’.

Henning Steinfeld, miembro de la FAO y uno de los autores del estudio, asegura que sin duda ‘el ganado es uno de los principales responsables de los graves problemas medioambientales de hoy en día’. El estudio dice que la producción mundial de carne se duplicará de los 229 millones de toneladas, en 1999-2001, a los 465 millones de toneladas, en 2050; la de leche aumentará en ese período de 580 a 1.043 millones de toneladas.

El sector pecuario es el de mayor crecimiento en el mundo en comparación con otros sectores agrícolas y es el medio de subsistencia para 1.300 millones de personas “Pero ese rápido desarrollo tiene un precio elevado para el medio ambiente”, según el informe. “El coste medioambiental por cada unidad de producción pecuaria tiene que reducirse a la mitad solo para impedir que la situación empeore”, advierte el documento.

Si se incluyen las emisiones por el uso y cambio de la tierra, el sector ganadero es responsable del 9% del CO2 procedente de las actividades humanas. Pero el porcentaje es más elevado cuando se trata de gases de efecto invernadero más peligrosos como el óxido nitroso, que procede del estiércol y es 296 veces más perjudicial que el CO2.Además, es responsable del 37% de todo el metano producido por la actividad humana, gas que es 23 más veces más perjudicial que el CO2 y que se origina en su mayor parte en el sistema digestivo de los rumiantes.

A ello se añade el 64% del amoniaco, que contribuye de forma significativa a la lluvia ácida.

La FAO explica que la ganadería usa el 30% de la superficie terrestre del planeta en pastizales y un 33% de la superficie cultivable para producir forraje. La tala de bosques para pastos es una de las principales causas de la deforestación, en especial en Latinoamérica, donde por ejemplo el 70% de la foresta desaparecida en el Amazonas se ha dedicado a pastizales.

La actividad ganadera figura entre los sectores más perjudiciales para los ‘cada día más escasos recursos hídricos’ al contaminar las aguas; favorecer la eutrofización, proliferación de biomasa vegetal debido a la excesiva presencia de nutrientes, y destruir los arrecifes de coral.

Los principales agentes contaminantes son los desechos animales, los antibióticos y las hormonas, los productos químicos utilizados para teñir las pieles, los fertilizantes y pesticidas para fumigar los cultivos forrajeros. El informe, producido con la ayuda de la Iniciativa para la Ganadería, Medio ambiente y Desarrollo, propone tener en cuenta esos elevados costes medioambientales, y sugiere una serie de medidas para mejorar la situación.

Estas van del uso de métodos de conservación del suelo a la mejora de la dieta de los animales para reducir la fermentación intestinal y las consiguientes emisiones de metano, pasando por la construcción de plantas de reciclaje del estiércol.

Publicado en Febrero 13 de 2012| Compartir
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