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Dinámica económica y apropiación del agua en la agroindustria cañera

Mario A. Pérez[1] y Paula Álvarez[2], Agosto 04 de 2011, Este artículo ha sido consultado 327 veces

Para el caso colombiano, la dinámica de especialización productiva, asociada a la apertura económica, incrementó el área sembrada en caña de azúcar de 140 mil hectáreas en 1990 a 220 mil en 2008 (3) , teniendo como meta alcanzar al año 2020, un millón de hectáreas sembradas en todo el territorio nacional dirigidas la mayoría a la producción de etanol. Este avance del monocultivo de caña está enmarcado en el desarrollo de grandes proyectos agroindustriales, estructurado como política nacional. En particular, los cultivos para agrocombustibles (principalmente caña de azúcar y palma aceitera) vienen recibiendo enormes apoyos e incentivos, a través de una estructura normativa basada en tres pilares: i) obligatoriedad en el consumo que promueve la mezcla de gasolina con etanol iniciando en un 10% (E10) a 2009 [Ley 693/2001 (4) ], pero intensificándose al 85% (E85) para los nuevos motores a partir de 2012 con el Decreto 1135 de 2009; ii) exenciones tributarias en IVA, impuesto global y sobretasa al componente de alcohol en combustibles entre otras (Ley 788 de 2002 de reforma tributaria); iii) precios de sustentación que permiten hacer atractivo el negocio a costa de un pago mayor por parte de los consumidores.

Esta dinámica de la actividad económica ha generado una creciente demanda de agua, lo cual no solo ha afectado su función abastecedora, sino que ha incidido también en la calidad del recurso. En este sentido, se destaca la contaminación dispersa asociada a la actividad agrícola (herbicidas, abonos y otros vertimientos); la contaminación de origen industrial, en donde vuelve a ser importante la industria azucarera y de sus derivados (melazas y etanol); y la contaminación por fuentes domésticas. Esto ha significado importantes conflictos ecológicos por el control del agua y por rehuir la responsabilidad social que le corresponde al sector cañero como gran contaminador y usuario del recurso, situación facilitada por la gran asimetría en las relaciones de poder político y económico entre este sector y los afectados, que además de estar dispersos tienen menos capacidad organizativa.

El complejo industrial desarrollado por la industria cañera le ha conferido al sector un gran poder político que se traduce en una elevada ingerencia sobre las autoridades no solo departamentales, sino del ámbito nacional, poder que se ha acrecentado con la producción de etanol, al mejorar su posición estratégica en la economía del país. En el plano regional y en el tema ambiental, esta situación ha facilitado lo que se conoce como la “captura” de la autoridad ambiental, que limita su capacidad de actuación en el control y la regulación ambiental, particularmente en los departamentos de Valle y Cauca.

El éxito económico del sector cañicultor mediante el cual ha podido consolidar un importante cluster con poder políticoempresarial, no ha sido gratuito en términos ambientales. La gran dinámica económica del sector lleva aparejada una gran huella ecológica que se refleja en el uso de los recursos naturales y en sus procesos de contaminación asociados. Este artículo busca mostrar la dinámica intensiva en el uso del agua por parte sector cañicultor, y cómo la misma contribuye a una mayor concentración del recurso, y a generar conflictos ecológicos distributivos en la región.

 

El uso del agua como factor de producción en el cultivo de caña de azúcar

El territorio donde se cultiva caña de azú- car está ubicado en la vertiente hidrográfica del río Cauca, que conforma el valle del mismo nombre, con una disponibilidad anual promedio de 467 m3 /s, siendo aportados 272 m3 /s por los diferentes ríos del departamento del Valle del Cauca. Esta zona se caracteriza por ser un espacio altamente demandante de agua, dado que sobre ella se concentra la mayor parte de la población y de la actividad económica. De los 4,2 millones de habitantes del departamento del Valle, 3.5 millones (83%) viven en la zona plana. Sobre esta área se ubica, además, la industria manufacturera, incluyendo la agroindustra ca- ñera, y la actividad de servicios.

Este uso intensivo del territorio y de sus recursos interrelacionados en la zona plana de la región, genera importantes conflictos por el uso del agua entre el consumo agrícola y el consumo humano. La CVC (2001) resalta desequilibrios temporales entre la oferta y la demanda de agua en los períodos de invierno y verano. Asimismo, el Estudio Nacional de Aguas del IDEAM (2000), afirma que 14 de las 42 cabeceras del departamento presentan un índice de escasez de agua entre medio alto y alto.

Para identificar la dinámica de consumo de agua en una región, puede usarse la Huella Hídrica Agrícola (HHA) (5). La Huella Hídrica (HH) [m3 /año] (water footprint) es definida como el volumen de agua usada para producir los bienes y servicios consumidos por los individuos, las empresas o los países (Chapagain y Hoekstra, 2004).

La Figura 1 muestra la evolución de la cantidad de agua usada (HHA) por la actividad agrícola en la región, señalando una tendencia creciente. Es así que, mientras en 1980 el consumo total de agua de la agricultura ascendía a 2,7 Gm3 (1 Gm3 = mil millones), para el 2008 alcanzó la cifra de 3,4 Gm3 . Esto significó un crecimiento total de 18% (0,7% promedio anual). Buena parte de este crecimiento es explicado por la dinámica del consumo de agua del cultivo de caña, al pasar éste de 0,7 a 1,8 Gm3 . Ello representó un crecimiento promedio anual cercano al 6%, muy superior a la dinámica de consumo de agua agrícola total. Esta situación produce, como resultado, una creciente concentración del recurso hídrico (y del suelo), en manos de un solo sector productivo: la caña de azúcar. Así, mientras en 1980 la caña consumía el 24% del agua usada por la agricultura en la región, para 2008 ya se apropiaba del 54% (Figura 1).
 


Igualmente en esta gráfica se puede apreciar el importante efecto de la apertura económica de los noventa en el proceso de especialización productiva de la región hacia el cultivo de caña de azúcar, y sus efectos sobre la dinámica de uso del recurso hídrico. Es claro que este fue un factor decisivo en el incremento del consumo de agua al pasar de 0.8 Gm3 en 1990 a 1,9 Gm3 en 1996, para descender posteriormente con la caída de los precios internacionales del azúcar. Se observa al tiempo, cómo aparece una recuperación de la dinámica de consumo de agua, a partir del surgimiento del negocio del etanol, dinámica que se espera continúe en ascenso, con las políticas de incentivos a los agrocombustibles.

 

Apropiación del agua por parte del sector cañicultor

La gran dinámica de consumo de agua por parte del sector cañero ha producido una importante competencia por el recurso hídrico, la cual se acentúa en épocas de verano, y al centro y sur de la región donde se concentra la actividad cañera. Esta competencia por el recurso se extiende, además, hacia el uso del agua de los acuíferos. La relativa baja pluviosidad de la zona plana (1400 mm/año), frente a los grandes requerimientos de agua de la caña de azúcar, y la fragilidad de estos acuíferos por sus características hidrogeológicas (Medina et al, 2005), ponen en riesgo la sostenibilidad del recurso hídrico tanto superficial como subterráneo en la región.

El alto nivel de concentración del recurso hídrico en manos de los cañicultores, es corroborado por la distribución de las concesiones de agua –tanto superficial como subterránea– para los diferentes usos en la cuenca del río Cauca, perteneciente al departamento del Valle del Cauca (ver Figura 2).
 


Así, mientras en el caso del agua superficial, el 64% del caudal asignado (92,6 millones de m3 durante 2008) fue para uso cañero, en el caso del agua subterránea este ascendió al 88% de los 327 millones de m3 captados por los usuarios durante 2008. Además, la mayor parte del agua asignada se concentra en las concesiones más grandes, las cuales pertenecen también, en su mayoría, a cultivadores de caña. Por ejemplo, el 76% del agua superficial asignada es para concesiones superiores a los 100 mil m3 /año, siendo de éstas el 87% para caña de azúcar. Igualmente, para las aguas subterráneas el 90% se asigna a concesiones superiores a este volumen, de las cuales para caña corresponden el 92% de las mismas. Esto haya, en parte, explicación por los altos costos de extracción del recurso de los acuíferos, haciendo que este tipo de asignaciones se concentre en los usuarios con mayor capacidad de pago.

De otro lado, el precio pagado por los usuarios por el acceso al agua, y en particular por el sector cañero, al compararlo con los costos de mantenimiento de estas cuencas hidrográficas y de los acuíferos, es realmente bajo. Así, mientras la Tasa de Uso de Agua (TUA) por m3 promedio para todos los usuarios era de $24,6/m3 en agua superficial y de $ 0,82/m3 en agua subterránea en 2008, los costos anuales promedio de mantener una cuenca hidrográfica corresponden a cerca de $ 51/ m3 (Escobar y Gómez, 2008 y Pérez y Alvarez, 2009) [ver Tabla 1]. Además, el costo promedio pagado por la TUA por los cultivadores de caña es inferior a la de los otros cultivos como se observa en esta tabla. De la misma manera, el precio que se paga por m3 de agua subterránea es bastante menor al del agua superficial, cuando la primera, y como ya se ha anotado, pertenece a acuíferos de formación terciaria siendo entonces un recurso de lenta renovación. Ello hace que su costo ambiental y el de oportunidad deban ser altos, por el sacrifico que implica para la sociedad su extracción.
 

Este desbalance entre lo que cuesta el agua para la sociedad y el ambiente, frente a lo que se cobra, se refleja en los bajos niveles de captación de recursos financieros, a través de las TUA. Estos alcanzan cifras irrisorias: $ 2.281 millones para el agua superficial y $ 269 millones para el agua subterránea, significando un total de $ 2.550 millones (US$ 1,2 millones) para el mantenimiento de todas las cuencas hidrográficas del departamento en 2008. En términos relativos, esto representa una cuantía de $ 62 millones por cuenca hidrográfica al año (sobre un total de 37 cuencas) y por pozo profundo de $ 7 millones, lo cual resulta muy poco para el mantenimiento del recurso hídrico con criterios de sostenibilidad.

Bajo esta realidad, se puede decir que el sector cañero y el agrícola en general, reciben subsidios ecológicos por parte de la sociedad y de los ecosistemas donde desarrollan sus actividades. Es acá donde aparece el concepto de pasivo ecológico o ambiental el cual puede definirse como toda aquella obligación legal o social de pagar o incurrir en un gasto como consecuencia de un daño ambiental o un daño social, resultado del uso de los recursos naturales y del ambiente. Este gasto tiene el propósito de devolver, en lo posible, la capacidad de las funciones ambientales (abastecedora o receptora) para continuar prestando sus servicios en forma adecuada. Cuando las actividades económicas no cubren estos pasivos ambientales, se genera una deuda ecológica, la cual equivale a una transferencia de costos ambientales desde el contaminador hacia el resto de la sociedad y de los ecosistemas.

 

Conclusiones

La dinámica de uso del territorio basado en el monocultivo cañero en el valle geográfico del río Cauca, genera una importante presión sobre el recurso hídrico, tanto en su función abastecedora como en la receptora, la cual se espera se incremente con el impulso al cultivo, a través de las políticas de apoyo y promoción de los combustibles de origen agrícola (etanol). En este trabajo se evidencian los riesgos que implica, para la gestión del recurso hídrico y la sostenibilidad ambiental de la región, la ampliación de la frontera agrí- cola cañera por todo el valle geográfico.

La apertura económica hizo que Colombia y el valle geográfico del río Cauca intensificaran su patrón de especialización hacia la producción de bienes intensivos en el uso de recursos naturales; en este caso hacia la caña de azúcar. Esta dinámica generó cinco efectos principales sobre el recurso hídrico: i) Puesto que la caña de azúcar es una usuaria intensiva de agua, la huella hídrica agrícola se incrementó de 2.8 a 3.4 Gm3 entre 1980 y 2009, aumentando las presiones sobre la oferta hídrica e intensificando los conflictos ambientales; ii) Aumentó el grado de concentración y acumulación de los derechos al agua por parte de los cañeros, tanto del agua superficial como de la subterránea. En términos de huella hídrica, el sector pasó de demandar 24% a 54% en el mismo periodo; por el lado de las concesiones de agua, la caña concentra el 64% y 84% del caudal superficial y subterráneo, asignado respectivamente en el departamento. iii) El patrón de producción agrícola de la caña de azúcar, basado en el uso intensivo de fertilizantes y pesticidas de origen químico, puede considerarse como uno de los principales factores de contaminación difusa del agua y el suelo en el valle geográfico del río Cauca, convirtiéndose este en un factor importante de impacto en la salud de los habitantes que usan agua para consumo humano del río Cauca o de sus afluentes. v) Este panorama intensificó los conflictos ecológicos por el acceso al agua y por defenderse de los impactos generados por la dinámica productiva de la caña de azúcar.

Las soluciones a los problemas de gestión del agua en el valle geográfico del río Cauca, no pasan solo por estrategias técnico-administrativas para asignar mejor los caudales entre los diferentes usuarios, o el desarrollo de actividades en la parte alta de las cuencas para conservar la calidad y continuidad de la oferta hídrica. Debe implementarse, además, un paquete de acciones movidas por el enfoque de gestión de la demanda, que tenga como objetivo una reducción de los niveles de consumo del sector cañero, donde el mejoramiento de las eficiencias de riego, el revestimiento de los canales, la implementación de sistemas de aspersión y goteo, e incluso, el cambio de cultivos, jueguen un papel importante en la estrategia de manejo del recurso hídrico.

 

Referencias

1 Profesor Universidad del Valle - Instituto CINARA, Cali, Colombia. E-mail: mario.perez@correounivalle.edu.co.

2 Grupo Semillas, Bogotá, Colombia. paula@semillas.org.co.

3 Esta información hace referencia solo a la caña de azúcar, excluyendo la caña panelera y la caña para forraje.

4 Para el biodiesel esta política también se mantiene, a través de la Ley 939/2004, que obliga a una mezcla del 5% para este tipo de motores.

5 La Huella Hídrica de la Agricultura (HHA), resulta de la sumatoria de los Requerimientos de Agua de cada Cultivo (RACc), dividido entre el rendimiento respectivo (ton/ha) y multiplicado por la Producción (ton/año) de cada cultivo. Donde los RACc son el resultado de parámetros climáticos (evapotranspiración) y del Coeficiente de Absorción del Cultivo (Kc) [Allen et al., 1998].

6 El uso consuntivo del agua es aquel que no se devuelve en forma inmediata al ciclo del agua, como el riego, mientras que la generación de energía eléctrica, mediante el turbinado del agua de un río, si la descarga es en el mismo río no es un uso consuntivo. En agricultura, el uso consuntivo es el agua que se evapora del suelo, el agua que transpiran las plantas y el agua que constituye el tejido de las plantas.

7 No incluye las fuentes hídricas que corresponden a la vertiente del Pacífico. Sin embargo, estas son relativamente pocas (643 concesiones de un total departamental de 6.670); todas son superficiales; el volumen de agua concesionada es pequeña (933 mil m3 frente a 424 millones de m3 del total del departamento para 2008) y la captación de recursos de la TUA es también reducida ($ 57 millones frente a un total de $ 2.550 millones).

 

Bibliografía

ALLEN, R.G., PEREIRA, L. S., RAES, D., & SMITH, M.. Crop evapotranspiración – Guidelines for computing crop water requirements – FAO Irrigation and drainage paper 56. Food and Agriculture Organization of the United Nations, Rome. 1998 Disponible en: http://www.fao.org/docrep/X0490E/x0490e00.htm. Acceso: 4 de abril, 2010.

ASOCAÑA. Asociación de cultivadores de la caña. Varios años. Disponible en: http://www. asocana.com.co. Acceso: 30 de Agosto. 2010.

CHAPAGAIN, A. K. & HOEKSTRA, A.Y. Water Footprints of Nations. Volume 1: Main Report. Value of Water, Research Report Series No. 16, November.

UNESCO-IHE, Delft, The Netherlands. 2004. Disponible en: http://www.waterfootprint.org/Reports/Report16.pdf. Acceso: 24 de marzo, 2010.

CVC-IDEAM. Serie sobre evaporación estaciones hidrometereológicas del Valle del Cauca. Varios años. CVC (2009). Informe 2008 MAVDT sobre las tasas de uso y concesiones. Estimaciones propias.

ESCOBAR, L. & GÓMEZ, A. El valor económico del agua para riego: un estudio de valoración contingente. Revista de Ingeniería de Recursos Naturales y del Ambiente, Universidad del Valle EIDENAR, No. 6. 2008.

MEDINA, G., PÁEZ, G., VARGAS, M. C. & TAUPIN, J. D. Estudio hidrogeológico con énfasis en hidrogeoquímica de los acuíferos en la zona sur del departamento del Valle del Cauca (Colombia). En: VIIth IAHS Scientific Assembly VIIe Assemblée Scientifique de I’AISH: Workshop on isotope tracers and remote sensing techniques for assessing water cycle variability. 3 - 9 April, Foz do Iguaçu (Brazil) Raphain Palace Hotel. 2005.

PÉREZ, M. & ÁLVAREZ P. Deuda social y ambiental del negocio de la caña de azúcar en Colombia. Editorial Semillas. Bogotá, 2009.

Publicado en Agosto 04 de 2011| Compartir
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