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Culturas de río en riesgo de extinción

Isabel Cristina Zuleta - Integrante del Movimiento en Defensa de los Territorios y Afectados por Represas Ríos Vivos Antioquia. , Colombia, Julio 01 de 2016, Este artículo ha sido consultado 1237 veces

Los ríos de Colombia están en riesgo, otros ya han muerto. Principal responsable: La política minero-energética sobre todo los proyectos hidroeléctricos, represar un río es matarlo y con ello están acabando con las culturas de los ríos. Este artículo intenta describir lo que está en riesgo con Hidroituango y cómo las formas de vida y los ecosistemas en el Cañón del Cauca ubicado en las subregiones del occidente, norte y bajo Cauca Antioqueño, están siendo destruidas.

Hidroituango es el megaproyecto más grande del país, pretende generar 2.400 MW en un embalse de 79 kilómetros de largo, está construyendo un muro de 220 metros de altura, ha desviado la segunda cuenca más importante de Colombia después del Magdalena, el Cauca dejando su lecho seco, ha dinamitado las montañas para construir decenas de túneles generando un gran desplazamiento ambiental, tiene más de seis procesos sancionatorios en curso, una medida de suspensión por daños ambientales graves a la Cuenca del Cauca, está afectado más de 26 mil hectáreas de bosque seco tropical del cual dependen los medios de vida en la zona, cientos de concesiones de agua para múltiples usos (privatización), emisiones de polvo y gases contaminantes, generación de conflictos entre las comunidades, daños en caminos, sequía de quebradas, militarización de los territorios, suicidios, enfermedades, crisis emocionales, angustia y zozobra en la población, aumento de violación de derechos humanos, violación del derecho al duelo, fosas comunes que quedarán inundadas, relación entre paramilitares e Hidroituango no resuelta, discriminación de formas organizativas y posturas políticas de oposición al proyecto, asesinatos, tortura, intentos de secuestro, amenazas individuales y colectivas a los defensores del agua y de la vida organizados en Ríos Vivos Antioquia, entre muchos otros impactos[1]

 

 

Los pescadores, barequeros y cultivadores en su mayoría son campesinos sin tierra, para los pescadores su tierra es el agua, para los barequeros su tierra son las riberas de los ríos, para los cultivadores su tierra es un sueño que tienen sin un papel que les de seguridad. Todos han sido despojados para que otros muy lejos que no saben de sus tristezas acumulen, se enriquezcan y así poco a poco ellos y ellas con sus formas de vida a la antigua desaparezcan.

Los campesinos poseedores de tierras, en su mayoría sin título de propiedad, con cultivos propios de las riberas como el arroz, la yuca, el plátano, entre otros, combinan su actividad de cultivar la tierra con actividades en el río como la pesca y el barequeo para complementar la dieta alimentaria de sus familias y sumar un poco de ingresos, o simplemente para hacer algo mientras es tiempo de cosechar. En otros casos intercambian sus productos agrícolas por pepitas de oro para mandar a hacer un anillo o una cadena como “contra” para los maleficios, o por pescado para variar el menú que además de ser de mucho alimento da fuerza y es afrodisiaco. Sus familias son extensas y su mayor anhelo es heredar su capacidad de trabajo a los hijos y tierras que son “la única seguridad de una buena vida, una vida tranquila”, sueñan con tener una “finca bien montada” con la huerta acá, cultivos allá, el ganado y la cochera aquí, una casa con flores y bien pintada, una carretera para sacar sus productos, que los intermediarios no se queden con el fruto de tanto trabajo, que los precios para vender sean justos, que bajen los insumos para producir mejor, que sus hijos se casen bien casaditos, que no falte la comida y que se acabe la guerra.

El hombre y la mujer campesina son seres humildes y dignos, que saben diferenciar muy bien la humillación de vivir en la ciudad y de la alegría y libertad de vivir en el campo. Son pocas las mujeres que pescan pero las hay, son hombres y mujeres solitarios y solidarios, ensimismados, de pieles doradas por el sol, que disfrutan el sonido del bosque y el agua, de pocas palabras pero alegres, tranquilos, con montones de historias sobre animales nocturnos, pescas increíbles, leyendas que contradicen las historias de occidente “hombres que por fin pudieron convertirse en peces” no al revés.

Los pescadores trabajan generalmente en la noche, durante el día descansan en sus hamacas o chinchorros que, en muchas ocasiones, ellos mismos tejen, al igual que sus atarrayas; ven pasar el día entre revisar sus anzuelos de vez en cuando y la deliciosa comida que preparan sus esposas cuya base fundamental es el pescado “La que mejor sazona es la tierra, envuelves el pescao en hojas, brasas abajo, brasas arriba del hueco en la tierra”. Para el trabajo en canoas crean pequeños grupos o parejas uno lanza la atarraya y otro maneja la canoa, esto depende de la corriente del río. Viven en casas a la ribera de los ríos, saben cuándo será la subienda y la esperan con ansias, los problemas del río, la sedimentación, la contaminación, y cada situación relacionada con el río y su vida, de la cual hacen parte. El comercio era fácil antes de la escasez del pescado, llegaban hasta la rivera los camiones y esperaban a los pescadores en las mañanas, ahora no hay camiones, no hay venta porque se está acabando el pescado.

 

 

Para el pescador lo principal ha sido mantener su costumbre de comer pescado antes que vender, le cuesta y le duele cambiar su dieta, a pesar de las dificultades y de verse obligado a trabajar en otras cosas como jornalero en fincas o moto taxi, porque el pescado se está acabando, lo sigue intentando, va y busca, vuelve, así sea con la atarraya vacía, es perseverante y se alegra con tener algo de pescado para su propia comida y la de su familia, teme que sus hijos crezcan débiles por no comer pescado, llora cuando bajan los peces muertos por los daños de las hidroeléctricas o las mineras, quiere hacer algo para salvar la vida del río porque ve en ello su propia salvación. Las mujeres dicen que el arte de la pesca no está sólo en atraparlos, hay que saber prepararlos porque si no se “estropea el pescao" ellas también son pescadoras porque ser pescador (a) va hasta la felicidad de comer sabroso.

Hay más mujeres barequeras que pescadoras, generalmente madres solteras abandonadas o sobrevivientes de la guerra, hombres y mujeres que saben muy bien su oficio de separar el oro de manera artesanal de la “jagua" (arena de color negro que contiene el oro, es mucho más pesada que el resto de la arena), sus movimientos con la batea son delicados, usan hojas de los árboles en algunos casos, en otros jabón u orines. La minería de aluvión la viven como una cosecha de oro, esperan los momentos del año adecuados para que el río coseche el oro, su cultivo depende de cuánto “cebe”, la ceba se produce en invierno cuando el caudal del río aumenta y arrastra desde las montañas el oro depositándolo en las orillas, en tiempos de sequía todo dependerá de cuanto baje el río para que les permita mayores posibilidades de cosechar el oro. Todos los barequeros artesanales de río son trashumantes están de playa en playa “cateando” buscando el mejor lugar que no será otro en el que haya agua limpia, sombra y “buena pinta” (cantidad de oro por tarro de arena que ciernen en rudimentarias “sarandas” o “molinos” construidos con latas a las que perforan y telas debajo de ellas para atrapar la arena más fina que luego se lleva a la batea).

Los barequeros trabajan de día, muchos son solitarios, otros trabajan en parejas de amigos o compañeros sentimentales, saben de plantas, serpientes, aves, tatabras y otros muchos animales, pero sobre todo saben cuándo el río está bravo, cuando quiere llevarse a alguien por ser ambicioso, saben vivir en el bosque, se adaptan con gran facilidad a los cambios de las playas, les gusta la chicha y las bebidas alcohólicas porque si no se gastan todo lo que recolecten, el río no les dará más. Saben cuándo están en riesgo y siempre hay peligro cuando tienes oro en la cintura, se cuidan entre ellos, se conocen, se respetan, adoran la libertad, no soportan que nadie les diga que deben o no hacer, sólo aceptan como su único patrón al río (‘El patrón Mono’ como le dicen al río Cauca en Antioquia), les gusta no tener horarios ni nadie que les defina cuándo trabajar o no, pero el oro también se está acabando así como el pescado, desde que desviaron el río, desde que empezaron a construir la represa ahí se quedó la ceba, ya no baja más, ya no saben qué hacer con sus vidas angustiadas, con su familia y libertad perdidas.

Para pescadores y barequeros la vida transcurría al ritmo de las aguas, tener una cultura de río o del agua implica conocer su ritmo, sus cambios y lo que esto implica, sus deidades que ayudan a explicar estos cambios a veces repentinos otras veces esperados. Ahora el ritmo de la vida de un pueblo o del río que ha muerto con la contaminación y los megaproyectos les roba el espíritu, les deja sin aliento, su única esperanza es que haya otro río, pero Hidroituango les dijo que no, que el Cauca no era de ellos, que ya era de Empresas Públicas de Medellín EPM y que no habían más ríos en los que les permitieran barequear.

 

 

Pescadores, barequeros y cultivadores son hombres y mujeres del agua, el eje estructurante de su cultura es el río y el río se lo han llevado, ya no está, ya no es lo era antes, ya es un inmenso charco al que no pueden ingresar, ya está contaminado, ya se fue para otro lado, en su lugar hay una vía, un túnel, sólo ahora cuando les han quitado sus ríos con los megaproyectos y les prohíben estar cerca de ellos, se dan cuenta que necesitan un lugar en el cual estar. Estar sin agua y sin tierra es quedarse sin un lugar en el mundo.

El Movimiento Ríos Vivos Antioquia ha venido luchando para que se respeten y rescaten estas culturas como formas de vida ancestral y de cuidado del ambiente, entiende por el ambiente a todos los que habitan en él, quiere decir que la destrucción ocasionada por represas y mineras sobre los ecosistemas hídricos implica daños severos a los animales humanos y no humanos, a la flora, al aire y a la vida.

La propuesta en este sentido ha sido que el Ministerio de Cultura, así como lo hace el de Ambiente a través de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales ANLA, emita conceptos en relación a los impactos que los megaproyectos causan sobre las culturas vivas afectadas con los mismos, por ahora sólo lo hace sobre culturas muertas pero antiquísima que parece ser lo único que valoran en el Ministerio de Cultura, los hallazgos arqueológicos han sido el centro de interés de la conservación, pero la pregunta que se hace el Movimiento Ríos Vivos es ¿Qué pasa con la cultura viva? ¿Qué pasa con la herencia que han dejado las culturas ancestrales demostradas también por usos y costumbres relacionados incluso con los hallazgos arqueológicos?

Para resolver estas preguntas el movimiento ha iniciado una fuerte lucha para que el barequeo, la minería artesanal y ancestral sea declarada patrimonio cultural inmaterial de la nación, hasta ahora la única respuesta fue una comisión de verificación al Cañón del Cauca en Antioquia por expertos que verificaron: Uno que si es una cultura ancestral el barequeo, y dos que está en grave riesgo de desaparecer, pero a pesar de ello el Ministerio insiste en que la patrimonialización no puede impedir un megaproyecto tan importante como Hidroituango y que ellos, Mincultura son muy pequeños en relación a MinMinas y Energía.

 


[1] Dese el Estudio de Impacto Ambiental y la primera Licencia Ambiental, sin contar con las 10 modificaciones que ha tenido; son 27 impactos de los cuales tres son positivos y 24 negativos. Desde el Movimiento Ríos Vivos Antioquia hemos identificado más de 120 impactos.

Publicado en Julio 01 de 2016| Compartir
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