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Experiencias locales

Algunas experiencias locales compartidas en el II encuentro nacional de la Red de Semillas Libres de Colombia

Nathalia Hernández Vidal, Colombia, Octubre 13 de 2015, Este artículo ha sido consultado 311 veces

El segundo encuentro nacional de la Red de Semillas Libres de Colombia (RSL), fue el espacio propicio para compartir ampliamente experiencias locales de trabajo en torno a las semillas. Estos valiosos guardianes de semillas dispersos por toda Colombia, día a día trabajan por la soberanía alimentaria y la defensa del territorio. Algunas de estas historias y experiencias las referimos como un importante ejemplo de dignidad y de lucha por conservar las semillas criollas y protegerlas de corporaciones que imponen un modelo de patentes, y se apropian de los patrimonios colectivos de los pueblos, que deberían esparcirse libremente por los campos.

Jesús Seña nos cuenta sobre la Escuela Agroecológica Corporación de Desarrollo Solidario (EACDS)

EACDS está ubicada en el municipio de María la Baja, en el departamento de Bolívar. Su objetivo es recuperar semillas criollas con los campesinos de los Montes de María, una región azotada fuertemente no solo por la violencia política, sino también por la violencia agroambiental generada por la extensión de los monocultivos de palma. Los participantes de la escuela se reúnen dos veces al mes para intercambiar experiencias de trabajo con la tierra y aprender nuevas formas de conservación y cultivo de semillas nativas.

Este proyecto busca crear conocimientos intergeneracionales dentro de la comunidad, al tiempo que vincula otras personas que desean aportar sus conocimientos y compartir sus experiencias, tal y como lo afirma Jesús, quien ha motivado a los jóvenes de la región a unirse al proyecto.

Uno de los fuertes de la escuela se encuentra en la conservación de semillas de hortalizas, tubérculos y granos, tales como, tomate, fríjol, ñame y maíz. La manera en la que se ha abordado el proceso de formación de la comunidad en este espacio, está basado en la idea de que primero es importante para los participantes pasar por un proceso formativo e investigativo, en el cual aprenden sobre las clases de semillas criollas que hay en la región y las formas agroecológicas que existen para cultivarlas. Este proceso se ha llevado a cabo desde el inicio de la escuela, y el objetivo para este año es lograr consolidar el componente productivo, con el cual se espera poner en práctica los conocimientos aprendidos en el primer proceso, y generar algún tipo de ingreso económico para la comunidad.

 

Edilma Chaparro nos cuenta sobre la experiencia de los indígenas Kankuamos en el departamento del Cesar

La comunidad indígena Kankuama está localizada en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en el municipio de Valledupar. Su territorio colinda con los resguardos de las comunidades indígenas Arhuaca, Kogui y Wiwa. El grupo del que proviene Edilma está constituido por 31 personas, pero en total, afirma ella, hay 12 comunidades en la zona que han comenzado con el trabajo de recuperación de semillas criollas. Junto con los Kankuamos, las comunidades Arhuacas también han iniciado esfuerzos de conservación de semillas nativas. El empeño que estas comunidades han puesto en este proyecto, surge de la necesidad de luchar por la seguridad y la soberanía alimentaria de sus integrantes, quienes han sido históricamente afectados por inequidades sociales que tienen origen en políticas de discriminación racial y económica por parte del Estado y de las autoridades regionales.

Edilma nos cuenta que un reflejo de esto, es el hecho de que actualmente la mayoría de cultivos que estas comunidades establecen para su supervivencia son transgénicos o semillas foráneas, cosa que ha producido la perdida alarmante de biodiversidad y de conocimientos ancestrales. Por ello el objetivo a mediano y a largo plazo consiste en lograr la articulación de Kankuamos y Arhuacos, para lograr fortalecer y sostener en el tiempo el trabajo por la conservación y recuperación de las semillas criollas.

Es importante señalar que uno de los factores que facilitó la llegada de la comunidad Kankuama a la Red de Semillas Libres de Colombia, fue el apoyo que ha venido recibiendo desde hace dos años, de Patrimonio Natural, una organización que se preocupa por promover la conservación de las áreas naturales del país. Sin embargo, este camino no lo han recorrido solos, Edilma menciona varias dificultades a las que su comunidad tiene que hacer frente; el primer obstáculo es la falta de vinculación de los jóvenes con el proyecto; las nuevas generaciones indígenas parecen estar más interesadas en migrar a las ciudades que en permanecer en sus territorios, pues la situación de pobreza que muchas comunidades padecen hace que un futuro en la ciudad parezca más prometedor; otra dificultad que se menciona es el problema de desplazamiento de población indígena que sufrió la zona. No obstante, resalta Edilma, en los últimos meses ha retornado mucha gente que está interesada en volver a cultivar la tierra y en participar en los procesos de recuperación de semillas que se consideraban extintas en la región.

Otra problemática álgida tiene que ver con que algunos integrantes de la comunidad prefieren las semillas de maíz transgénico sobre las criollas, porque tienen la impresión de que éstas producen más y por lo tanto generan ganancias más inmediatas a las comunidades. Y finalmente, los problemas ambientales presentes en nuestro territorio, tales como la falta de agua, producto de la devastación ambiental y del cambio climático, sumados a la falta de apoyo del Estado a los proyectos que estas comunidades emprenden, son algunas de las mayores trabas para lograr consolidar los procesos.

Sin embargo el panorama es positivo con el retorno de miembros de la comunidad a sus territorios y con el trabajo de conciencia que se ha venido realizando en el programa de recuperación y conservación de semillas criollas, se ha logrado conservar algunas plantas medicinales y maderables, la idea es continuar expandiendo este trabajo a otro tipo de semillas y hacer que éstas circulen libres en las manos de muchos guardianes de semillas que las protejan y conserven para las generaciones venideras.

 

Luz Amanda Rivera nos cuenta sobre el trabajo que realiza La Asociación Chamánica y Ecológica de Colombia en el departamento del Huila

La asociación chamánica y ecológica de Colombia nace hace 30 años en el departamento del Caquetá, pero fue desplazada por la violencia en el año 2001. Actualmente tiene su sede principal en San Agustín, Huila. Es una comunidad interesada en rescatar lo ancestral a partir de las tradiciones medicinales, alimentarias y agrícolas. La asociación está articulada con otras organizaciones que trabajan en la región por la conservación del conocimiento tradicional y por la transformación de las relaciones entre el ser humano y el medio ambiente, tales como la Fundación Viracocha, la cual también lleva muchos años realizando esfuerzos no sólo de conservación y recuperación de semillas criollas, sino también creando estrategias de desarrollo alternativo para los habitantes de la región.

Dentro de las campañas y procesos políticos y de conciencia social en los que ha participado la asociación chamánica y ecológica de Colombia, se encuentra la campaña Colombia libre de transgénicos, que tomó fuerza en el año 2014 a raíz de la marcha mundial contra Monsanto.

El modelo de lote comunitario parcelado por familias fue el elegido por los miembros de la asociación para organizar y distribuir el trabajo sobre la tierra. Cuando estaban ubicados en el Caquetá, la comunidad tenía una autosuficiencia alimenticia del 80 por ciento basada en el aprovechamiento, conservación y reproducción de productos amazónicos, como el cacao copoazú, el chontaduro, la palma de mil pesos, la batata, los maíces, los fríjoles nativos de la región, entre otros. Actualmente, debido a la reubicación que tuvo la comunidad a causa de la entrada del paramilitarismo en ese departamento, después de 14 años de trabajar la tierra del Huila se ha logrado contar con una autosuficiencia alimentaria similar a la que se tenía en la región amazónica, rodeando el 70 por ciento.

Sobre el proceso de reubicación, Amanda recuerda:

“Allá nos tocó un proceso difícil porque llegamos a una tierra que era solo potrero, entonces nos tocó llegar allá a vivir en cambuches, y lo principal para nosotros era hacer un proceso de organización de la tierra, porque era una tierra muy acabada y casi estéril por el uso excesivo de agroquímicos. Entonces hicimos la tarea de hacer investigación en el macizo colombiano, tratando de conocer cuáles eran los productos autóctonos de esa región y cuáles las plantas medicinales. Empezamos un proceso de rescate de la biodiversidad en el macizo colombiano, y el trabajo de recuperación de semillas criollas siempre ha sido muy importante.”

Luz Amanda añade que los esfuerzos realizados por la comunidad no sólo se han enfocado en la conservación y recuperación de semillas del departamento del Huila; también se han realizado procesos de adaptación y conservación de plantas que venían del Caquetá. Este trabajo consistió en sembrar y cuidar plantas que provenían de zonas localizadas a 400 metros de altura y ser establecidos en suelos ubicados a unos 1.810 metros de altura, aproximadamente. Este proceso tuvo una duración cercana a 10 años, y requirió de mucha paciencia y dedicación por parte de los miembros de la comunidad.

Esta experiencia es importante porque nos muestra que todo proceso de adaptación y transformación es a largo plazo, y como Luz Amanda misma lo dice, “si uno tiene un proceso de cuidado con las platas, ellas siempre van a responder con mucha gratitud, y esto se va a ver en su multiplicación”.

En los terrenos que pertenecen a la asociación, se pueden encontrar cultivos de distintas variedades de fríjol, maíz, yuca, arracacha, plátano arveja, cebolla, tomate, cilantro, remolacha, plantas medicinales y árboles nativos, lo cual nos ha permitido tener diversidad biológica y agrícola, al tiempo que nos da la oportunidad de conservar y poner en práctica conocimientos indígenas y campesinos que hacen parte del patrimonio inmaterial de nuestro país. Con todo ello, Luz Amanda considera que la asociación ha logrado alcanzar tanto la autosuficiencia y soberanía alimentaria, como la soberanía medicinal, la cual es considerada como fundamental dentro del proyecto.

 

Jorge Rey nos cuenta sobre la iniciativa de la Asociación de Productores Alternativos de Simití – ASPROAS

El municipio de Simití está ubicado al sur del de Bolívar y está constituido por trece corregimientos: Cerro de Burgos, Campo Payares, San Blas, Monterrey, Garzal, San Luis, Animas Altas, El Diamante, El Paraíso, San Joaquín, Santa Lucía, Las Brisas, y Paredes de Ororia. En el municipio habitan aproximadamente 30.000 mil personas, sumadas la cabecera urbana y la rural. Esta zona del país cuenta con altas tasas de deforestación, minería ilegal y cultivos ilícitos que han venido siendo erradicados en los últimos años, dejando como resultado suelos deteriorados y ecosistemas inestables.

Además de los cultivos de maíz, yuca, plátano, fríjol y cacao, en la región la ganaderia y la pesca artesanal también hacen parte de las formas de sustento de sus habitantes. En este conexto en 1998 nace La Asociación de Productores Alternativos de Simití – ASPROAS. Actualmente ASPROAS cuenta con la participación de aproximadamente 450 personas, en su mayoría campesinos y pescadores (el porcentaje de participación en la organización es alrededor del 60 % hombres y 40 % mujeres). La asociación ha realizado foros y talleres en torno al problema de tierras y territorios, haciendo énfasis en la problemática de desplazamiento generado por la expansión de la palmicultura, así como mingas solidarias que incluyen el intercambio de semillas.

En el trabajo de recuperación de semillas criollas, ASPROAS se ha enfocado en semillas de arroz de las variedades canilla blanco, canilla mono, polvo sucio, cola de vaca, palmira, maíz blanco diente de caballo, fríjol cabeza negra, plátano, yuca de las variedades mona blanca (cuya semilla se había perdido) venezolana y brasilera, entre otras. La forma en la cual se cuida las semillas criollas en esta organización, está basada en el modelo de responsabilidad familiar; cada familia es responsable de determinadas semillas y de su preservación. En los procesos participan adultos, niñas, niños y jóvenes. Una de las grandes dificultades a la hora de pensar en la sostenibilidad de los proyectos de la organización en el futuro, es la falta de interés de la mayoría de los jóvenes de la región en el trabajo del campo. Otra de las dificultades que Jorge percibe, tiene que ver con la presencia de la minería ilegal y la reaparición de cultivos de coca en la zona.

En cuanto a las ventajas con las que cuenta la asociación, según lo afirma Jorge, en la zona no han entrado los cultivos transgénicos debido a que en el momento en que trataron de ser introducidos no dieron buenos resultados. Jorge afirma que asumir la responsabilidad de recuperar y conservar semillas criollas, es un gran reto que requiere de mucho esfuerzo y perserverancia, pero resalta la importancia de no desfallecer pues “de la preservación de las semillas criollas depende el presente y el futuro de nuestros territorios, familias y comunidades”.

Publicado en Octubre 13 de 2015| Compartir
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