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Glifosato no tiene fecha de caducidad

Giovanni Clavijo Figueroa, Unimedios / Julio 15 de 2013 / Este artículo ha sido consultado 3009 veces

Un estudio llevado a cabo en tierras arroceras del Tolima determinó que el glifosato tiene un periodo de actividad mucho más largo del que se pensaba y que se reactiva cuando los suelos son fertilizados con fosfatos. Se creía que el 50% del herbicida se degradaba entre 90 y 180 días, pero se demostró que dura hasta 300 días.

En Colombia, el arroz es el tercer producto de extensión agrícola, después del café y el maíz. Sembrarlo requiere usar agroquímicos y una infraestructura de distritos de riego, molinos y centros de acopio. Su principal subproducto es la cascarilla. Además, es indispensable emplear herbicidas, de los cuales no existen estudios suficientes acerca de sus efectos secundarios sobre los suelos. “En la industria arrocera es tan larga la lista de sustancias que se pueden utilizar que no alcanzan las investigaciones para analizarlas”, asegura Martha Cristina Bustos López, profesora del Departamento de Ingeniería Civil y Agrícola de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá.

El glifosato es el químico más usado y comercializado en el mundo para esta clase de plantas. Inhibe una enzima que tiene relación con la fotosíntesis, lo que impide que crezca la maleza. También tiene aplicaciones en el proceso de maduración de la caña, el café y los cultivos ilícitos, entre otros. Por tal razón, la profesora Bustos lideró una investigación en la cual evaluó, durante todo un ciclo de cultivo (que es de cuatro meses), el contenido de glifosato y AMPA (subproducto de degradación del herbicida) en muestras de suelos y aguas en el Distrito de Riego del Río Saldaña (Usosaldaña), zona arrocera del departamento de Tolima.

Igualmente, hizo dos muestreos regionales para detectar su presencia en los cuerpos de agua de la región a los cuales llega el drenado de los cultivos de arroz. Encontró las dos sustancias en algunas muestras de sedimentos (sólidos acumulados sobre la superficie terrestre). El trabajo fue financiado por la División de Investigaciones Biológicas de la UN y contó con la colaboración del Ideam.

 

Uso del herbicida

El estudio se hizo en terrenos en los cuales desde hace más de treinta años se cultiva arroz. “Estos tienen un uso intensivo, no se rotan y, por lo tanto, se desgastan a ritmo acelerado. De ahí que se hagan dos siembras al año y se aplique de forma intensiva glifosato (quema química) para limpiarlos y acabar con la maleza antes de cada una”, dice la investigadora. Así se da paso a la producción del cereal. El proceso es vital porque una de las malezas que más ataca al grano en esta región del Tolima es el arroz rojo. Este es un dolor de cabeza para los agricultores porque afecta el rendimiento y la calidad de la gramínea, pues compite con ella por agua, luz y nutrientes.

 

Destino del glifosato

Según los reportes agrícolas tradicionales, el herbicida es absorbido por el suelo y queda inactivo. Asimismo, según la bibliografía, el tiempo de degradación del 50% de sus componentes activos (moléculas) es de 90 a 180 días. Pero la profesora Bustos halló que puede ser de hasta 300 días. La investigación se centró en dos campos: el análisis de aguas y el de suelos.

En cuanto al primero, en el río no se encontraron vestigios de glifosato, aunque sí en los sedimentos de las quebradas aledañas. Los residuos llegan al río Chenche y luego van al río Magdalena. Sin embargo, se encontraron otros plaguicidas muy usados en la región, como el VHT, y rastros de plásticos. En las quebradas se encontró presencia de benzofenona, compuesto esencial en fotoquímica orgánica, perfumería y, como reactivo, en síntesis orgánicas (por ejemplo, en filtros solares).

En cuanto al segundo, se estimó el riesgo ambiental sobre el ecosistema epigeo (suelo superficial) y sobre el hipogeo (los primeros cinco centímetros por debajo del suelo). “Según los reportes, en este último tenemos un riesgo agudo medio que puede intoxicar a algunos organismos. En el epigeo y las aguas superficiales constatamos un riesgo muy alto de afectar al ecosistema”, destaca la experta. Así, la investigación demostró que había presencia de glifosato.

“Encontramos que con el tiempo vuelve a aparecer en concentraciones muy altas. La lógica indica que debería de quedarse fijo en un sitio y empezar a degradarse. Sin embargo, comprobamos que sus componentes activos empiezan a liberarse de nuevo porque entran en contacto con el fosfato que usan para fertilizar el suelo”.

Esto sucede, explica la científica, porque el glifosato contiene un grupo fosfato que, todo indica, comienza a competir con el que es aplicado. Como consecuencia, se produce un intercambio de nutrientes y de otros elementos en el suelo que crearían las condiciones para que una cantidad considerable se reactive. “Lo anterior evidencia que el herbicida se está acumulando en el suelo y podría tener otras consecuencias. Una de ellas es causar fitotoxicidad, lo que significa que cuando se reactiva mata a la planta”, advierte la docente. Si sigue acumulándose, puede deteriorarse el suelo de baja productividad. Además, afecta a los microorganismos. Sin embargo, queda por estudiar el riesgo relacionado con la exposición de los alimentos.

Publicado en Julio 15 de 2013| Compartir
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