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Publicación auspiciada por Swissaid

Experiencias locales

Manejo territorial por grupos de mujeres indígenas:

María Victoria Rivera Páez*, Fundación Gaia Amazonas, Dyanumya Van Cappea, Colombia, Octubre 16 de 2003, Este artículo ha sido consultado 7135 veces

La experiencia que queremos compartir se desarrolla en el resguardo indígena del Mirití-Paraná en la selva amazónica colombiana. Este territorio es habitado principalmente por etnias Yukuna, Matapí, Tanimuka y Letuama; la población es indígena en su totalidad y los ecosistemas del bosque húmedo tropical se encuentran bien conservados. El Resguardo se creó en 1981 y posee una extensión aproximada de 1´300.000 hectáreas, con una justificación de áreas mínimas para la conservación de ecosistemas amazónicos manejados por sistemas tradicionales indígenas. Las siete comunidades que han adelantado la experiencia, están asentadas en las orillas del río Mirití-Paraná (y afluentes como el Wakayá y Oiyaká), en sus últimos 400 kilómetros de recorrido antes de desembocar en el río Caquetá, aguas arriba de la frontera con Brasil.

En 1993 las autoridades indígenas reunidas crearon ACIMA (Asociación de Capitanías Indígenas del Mirití-Paraná, Amazonas), organización de base que agrupa las siete comunidades y aproximadamente a mil habitantes. ACIMA adelanta procesos integrales de ordenamiento territorial, que consisten en la reflexión sobre las condiciones de vida para el presente y el futuro que proyectan estos grupos étnicos, dentro de los cuales se inscribe el fortalecimiento del saber indígena en el manejo del bosque para la búsqueda de alternativas económicas. ACIMA tiene un Comité Ejecutivo que está delegado por las autoridades y las comunidades para coordinar los programas dentro del territorio, del cual hace parte el Comité Coordinador de Mujeres encargado de hacer el acompañamiento a todos los procesos que adelantan las mujeres en el río.

El trabajo ha sido acompañado y asesorado por la Fundación Gaia Amazonas (FGA) una organización no gubernamental, que en red con otras ONG, lleva trabajando más de una década en la amazonía colombiana, en el marco del programa COAMA, que busca consolidar el manejo de la amazonía en manos de los pueblos indígenas según los principios de su sabiduría heredada, propendiendo por la diversidad biológica y de las culturas y por sus formas de interacción con la selva.

 

Manejo territorial indígena

Este territorio es manejado integralmente con los conocimientos tradicionales. Todos los seres presentes en la selva tienen un "dueño" espiritual y cada etnia tiene su forma de regular la relación con ellos y procurar su respeto. Las relaciones entre los seres humanos y el bosque son mediadas por el pensamiento chamánico, que se comunica y negocia con los "dueños" espirituales para que su gente pueda usar la naturaleza e intervenir en ella sin que se rompa el equilibrio, se logre la redistribución y sea posible vivir bien.

En las comunidades los asentamientos son dispersos, cada familia tiene sus chagras (claros abiertos en la selva para el policultivo) y rastrojos en diferentes estadios de sucesión, los cuales se originan a partir de chagras que después de máximo dos resiembras se abandonan a los procesos naturales de regeneración pero siguen siendo manejados y cosechados. Además, utilizan zonas de distintos tipos de  bosque y cuerpos de agua para el "rebusque". Los espacios de uso y manejo indígena comprenden una gama amplia de categorías dentro de las cuales están el monte firme, los rebalses, las sabanas, los salados, los cananguchales y otros manchales de palmas como: milpeso, asaí, yavarí, puy y cumare; además de lagos, quebradas, quebradones, caños, raudales y playas. Cada uno de estos sitios tiene un manejo que no sólo es espiritual sino que está definido por el uso estacional de acuerdo con la oferta ambiental, el cual está regido por el calendario ecológico que articula los ciclos naturales con prácticas culturales a través del sistema de rituales.

La economía de subsistencia es un mosaico de actividades organizadas sucesivamente a lo largo del ciclo anual. Hay una combinación de caza, pesca, recolección y horticultura itinerante de tala y quema. Se mantiene desde tiempos ancestrales una clara división sexual del trabajo; mientras los hombres realizan la pesca, la caza y la recolección de materiales para la construcción de implementos y viviendas, las mujeres consiguen animales y peces pequeños y hacen buena parte de la recolección de insectos, frutos silvestres y fibras así como otros materiales de menor esfuerzo para la elaboración de objetos útiles en la vida cotidiana. En la horticultura, los hombres talan el bosque maduro o los rastrojos y las mujeres se encargan de la siembra, la limpieza y la cosecha. Los trabajos de roza y quema son realizados conjuntamente por hombres y mujeres.

Las chagras tienen un área promedio de una hectárea y son sembradas con diversas especies y variedades de cultivos. El principal cultivo y base de la alimentación del modo de vida indígena es la yuca brava, de la cual se manejan más de 20 variedades. A cada etnia le fueron adjudicadas, desde el origen, variedades específicas de yuca brava, para las cuales existe curación y manejo chamanístico. Las mujeres siembran además gran variedad de tubérculos como ñames y yotas; también cultivan frutales como plátanos, lulos, guacuris, cañas, marañones, uvas, chontaduros, ajíes y caimos, todos ellos con diferentes variedades. La coca y el tabaco, así como las piñas, son cultivos masculinos que están asociados al mundo ritual. Las chagras tienen una estructura con significado que está codificado en los mitos de origen; cada una de las especies tiene un lugar definido y un orden establecido que se ha mantenido a lo largo de las generaciones y que es coherente con la visión del mundo de cada etnia.  

Este modelo de manejo territorial implica que la producción en el modo de vida indígena no puede separarse de la salud, de la educación y del manejo ambiental. 

Existe un todo integrado que conforma el modelo dentro del cual cada uno de los aspectos está interrelacionado con los otros. La naturaleza no está llena de recursos sino habitada por seres con quienes se establecen relaciones sociales de intercambio y de reciprocidad para mantener en equilibrio la vida en comunidad.

 

La producción de aceite de milpeso 

El aceite de la palma de milpeso (Oenocarpus batana) es una de las diversas soluciones para la necesidad de encontrar alternativas económicas en las comunidades de la selva amazónica. Este proyecto experimental intenta desarrollar procesos contemporáneos a pequeña escala, con viabilidad económica, ecológica y cultural. 

La palma silvestre de milpeso tiene importancia vital para las culturas del Mirití-Paraná. Es parte fundamental de la dieta indígena durante el ciclo anual. Su "dueño" espiritual es honrado durante un ritual en el que todos celebran la cosecha del año y beben la "magola", una bebida espesa elaborada de la pulpa de los frutos. Mientras todos bailan, el chamán purifica el ambiente restaurando el equilibrio ecológico entre sociedad y naturaleza.

La producción del aceite está sujeta a controles rituales y culturales practicados por los chamanes o pensadores, quienes a través de su curación tuvieron que negociar con los "dueños" espirituales la viabilidad de este nuevo uso para el mercado. Los chamanes van definiendo y redefiniendo la escala así como los límites y restricciones del proyecto; su consejo para los grupos de mujeres fue el de no destinar toda la cosecha para generar ingresos, cuidar la necesidad de consumo de las familias en la vida cotidiana, el uso ritual y las necesidades de especies de aves y animales silvestres que se alimentan del fruto. Esta política de respeto garantiza un equilibrio de fuerzas que permite la estabilidad de las estructuras socio-culturales, la sabiduría en el uso y manejo de la selva y la generación de ingresos equitativos en pequeña escala.

 

La técnica de extracción

La producción depende de la oferta ambiental. La época de cosecha del milpeso es al final de los meses lluviosos (agosto - octubre). Las mujeres esperan que los frutos estén en el punto preciso de maduración y que el chamán les autorice para organizar las jornadas de recolección. Esta actividad conlleva un gran riesgo ya que se realiza subiendo a cada palma para poder cortar los racimos. Terminada la recolección, se cargan los frutos hasta la maloca donde se hacen madurar, una o dos noches en agua. Luego se golpean con mazos de madera para triturar la pulpa, la cual se separa de las semillas y se pone a cocinar durante varias horas. El proceso de cocción es controlado por aquellas mujeres que conocen los secretos y poseen habilidad para maximizar la cantidad y la calidad del aceite. Por último, la fibra se decanta y el aceite surge a la superficie para ser recogido cuidadosamente y filtrado antes de ser envasado en recipientes limpios y herméticos.

No se ha estimulado el cultivo de palmas, dando prioridad a la naturaleza silvestre de las mismas y al perfeccionamiento de las técnicas artesanales en lugar de inducir mecanización o tecnologías occidentales. Está prohibido tumbar las palmas, lo que asegura futuras cosechas y sostenibilidad ecológica.

 

La organización

En cada comunidad hay un grupo conformado por mujeres de todas las edades que trabajan en la producción del aceite. En todo el río suman casi 150 mujeres que desde hace nueve años han venido fortaleciendo los sistemas tradicionales de cultivo, uso y manejo del bosque, para mantener sus saberes ancestrales y transmitirlos a jóvenes y niñas que son el futuro de estas etnias. Han experimentado diversas alternativas de producción a pequeña escala, que reportan algunos ingresos económicos para solventar las necesidades básicas, sin caer en los ciclos de dependencia de la economía de mercado. La producción de aceite de milpeso es una de estas iniciativas. Este ha sido un proceso en el que se han integrado las formas propias de trabajo colectivo y creado, en cada comunidad, estructuras horizontales y orgánicas con las costumbres y los saberes de las mujeres.

Una vez al año realizan jornadas colectivas de producción donde participan mujeres de todas las edades. Las mujeres se preparan previamente pidiendo el consejo y la curación del chamán. En cada una de las tareas propias del proceso de extracción del aceite (identificación de los manchales de palma o milpesales en el bosque, seguimiento a la maduración de los frutos, recolección, selección de la leña para maduración de los frutos) hay conocimientos específicos que se transmiten en la práctica. En el proceso se enseñan consejos y conocimientos que son fundamentales en la socialización femenina y por lo tanto,  en el sistema cultural de cada etnia.

Durante la producción hay que seguir una dieta especial y cumplir con normas para el respeto del espíritu dueño de la palma, tales como cosechar los racimos maduros sin dañar o tumbar las palmas, no excederse en la cantidad de frutos recolectados, no consumir de la pulpa que se destina a la extracción de aceite.  Al final de estas jornadas, cada grupo de mujeres hace un fondo común con el aceite producido, y una vez al año se redistribuyen las ganancias equitativamente entre todas las participantes.

La pequeña escala garantiza un impacto ambiental mínimo y la coherencia interna con los modelos propios de organización social. La diversidad de alternativas para una misma comunidad permite incorporar las actividades generadoras de ingresos dentro del ritmo de la vida cotidiana y del calendario ecológico. Estas iniciativas no ocupan a las mujeres indígenas más de dos meses al año. Así, los proyectos de producción y de comercialización se desarrollan en el contexto de las relaciones comunitarias y de la organización social indígena, lo cual facilita la regulación cultural y ecológica.

 

Articulación con el mercado

La intervención de los chamanes con su pensamiento tradicional es un elemento clave para la estrategia creativa de articulación con el mercado que se generó a partir de las alternativas económicas. El impacto que implica comercializar un producto de la selva con dimensiones rituales y sagradas, se está manejando con el pensamiento tradicional como base del manejo ambiental.

La investigación de mercado en la ciudad comenzó paralelamente con la producción de las primeras muestras. Para abrir un mercado internacional, recurrimos al sistema de certificación de producción biológica y se obtuvo el certificado para el aceite, el cual ha incrementado su valor agregado. En estos procesos de comercialización ha sido necesario crear relaciones de mercado a escala humana, activando las cadenas solidarias y los círculos de aliados, que valoran la riqueza y profundidad del conocimiento implícito en cada producto.

 

Riesgos y dificultades

La comercialización ha sido difícil porque se trata de abrir caminos nuevos. Las expectativas económicas de las mujeres se demoran en verse cumplidas y a veces ellas tienen una percepción negativa sobre la lentitud del proceso. Es un problema que no se ha resuelto del todo; parcialmente se ha subsidiado la demora en los casos más difíciles, pero se ha tratado de respetar en todo momento los ritmos y tiempos en los que se desarrolla todo el trabajo, sin forzar las condiciones de producción ni las de comercialización.

Es necesario el subsidio para la búsqueda e investigación de alternativas económicas en las condiciones de la amazonía y específicamente con mujeres indígenas para lograr resultados a mediano y largo plazo. Sin embargo es un subsidio que debe ser manejado de manera que no genere dependencia y decrezca gradualmente hasta lograr autonomía, lo cual no es posible en el corto plazo.

 

Impactos y resultados

El proyecto generó impacto en el manejo de las palmas. Por una parte no las volvieron a tumbar, y por otra, la protección de los milpesales se organizó en cada comunidad distribuyéndose el cuidado de los mismos entre las familias que asumieron la responsabilidad de vigilar y manejar sectores específicos del bosque. En el desarrollo de estas alternativas se da igual importancia a la viabilidad económica, cultural y ecológica para garantizar que los impactos del proyecto no generen desarticulación social, daño ambiental o fracaso en el mercado.

Los grupos de mujeres programan y planean las actividades colectivas para el desarrollo del proyecto de acuerdo con el calendario ecológico, el ritmo de los procesos comunitarios y el consejo del chamán. Las actividades de los grupos de mujeres se adelantan sin establecer rupturas con la vida cotidiana, fluyendo de acuerdo con las necesidades que ellas tienen y las demás actividades comunitarias. Todo esto garantiza viabilidad cultural y ambiental para el proyecto.

* María Victoria Rivera Páez Tel:+1 3414377

Publicado en Octubre 16 de 2003| Compartir
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