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Experiencias locales

Las mujeres en la pesca artesanal. Comunidades negras del Bajo Atrato Departamento del Chocó

Julia Marín -P.S.A. Bajo Atrato , Colombia, Diciembre 23 de 2002, Este artículo ha sido consultado 7876 veces

Desde épocas prehispánicas las mujeres que habitan las zonas costeras, las orillas de los ríos, caños y ciénagas, han sostenido una relación directa con las actividades de pesca, recolección y aprovechamiento de los recursos que estos ecosistemas brindan a sus comunidades. En épocas recientes, por efectos de la degradación del medio natural y como forma de garantizar proteína a las familias campesinas, se ha generalizado la cría de peces en estanques, vinculando un mayor número de mujeres a la acuicultura en distintas regiones del interior. El pescado es considerado la mayor fuente vital de proteína e ingreso de dinero para las familias de las zonas costeras y de los que realizan actividades acuícolas (FAO, 1998).

Se ha establecido una relación directa entre la participación de las mujeres en estas actividades y su rol en el ámbito doméstico y reproductivo, considerando su vinculación complementaria y una extensión de su rol como responsable del bienestar de las familias y proveedoras de alimentos básicos.

Es indispensable volver visible la producción familiar realizada por las mujeres, puesto que ellas aportan a la cadena económica porcentajes superiores al 40% del sostenimiento de su grupo familiar. Para hacer visible este rol de las mujeres, se deben considerar las estadísticas de producción disgregadas por sexo, lo mismo que determinar el número de horas diarias que las mujeres dedican a la actividad directa de captura o a las tareas de preparación del pescado y otros productos o a la venta de los mismos.

Para lograr una visión integral de la actividad pesquera o acuícola se debe considerar, no sólo los componentes funcionales de ésta, sino darle protagonismo a los actores (mujeres/hombres y niños) que intervienen en ella. Este ejercicio hace más viable el reconocimiento social de la participación de las mujeres en estas actividades productivas, consideradas por muchos del dominio de lo masculino. Esta mirada integral también permite mostrar que la actividad acuícola o pesquera va más allá de la cría, captura o conservación de los animales.

 

Las pescadoras del Bajo Atrato

Las diferencias culturales y étnicas tienen relación con las distintas valoraciones que cada región tiene de la participación de las mujeres en la actividad de pesca artesanal, preparación o venta del producto final. En zonas como el Bajo Atrato en el departamento del Chocó, la mujer se encuentra tradicionalmente asociada a labores de limpieza, conservación y preparación del pescado, considerando la actividad directa de captura complementaria al suministro de proteína para el grupo familiar.

Sin embargo, es importante resaltar cómo las mujeres de la cuenca del río Truandó (Comunidad de La Nueva) dedican un promedio de 36 horas diarias en las labores de pesca artesanal, destinando un porcentaje aproximado del 30% de la producción para la venta en el mercado local.

Las mujeres de las cabeceras municipales y los corregimientos sobre el río Atrato dedicaban entre 4-8 horas a la pesca con anzuelo en las bocas de los distintos ríos y quebradas de la región, actividad a la cual tuvieron que renunciar por efecto del conflicto armado del país y que ha sido muy fuerte en esta región, lo que convierte en "peligrosos" muchos de los espacios productivos de las comunidades, pero que en este caso afecta de manera directa a las mujeres.

Hoy las mujeres del casco urbano se dedican sólo a la reventa de pescado crudo o a la venta de pescado frito acompañado de plátano; en el desarrollo de esta actividad está involucrada la limpieza, conservación y preparación, al igual que la gran tradición culinaria de saberes y condimentos que las mujeres de la zona poseen en la preparación y venta de alimentos a base del pescado. A esta actividad están vinculadas numerosas mujeres de la región, en su mayoría cabezas de familia quienes tienen a su cuidado varios hijos pequeños que participan igualmente en una o varias etapas del ciclo productivo de la pesca y su venta.

 

El camino que va del trasmallo al anzuelo

En la comunidad de La Nueva, en el río Truandó, un grupo de 20 mujeres ha iniciado la recuperación de la pesca artesanal con anzuelo, como parte del programa del rescate de la seguridad alimentaria familiar y comunitaria. Son mujeres pescadoras por tradición que luego de un desplazamiento de su territorio por el conflicto armado, por espacio de un año y su posterior retorno en 1998 a la cuenca de Truandó, decidieron reiniciar sus labores y junto con otras mujeres de la comunidad en grupos de dos, tres o más, y casi siempre acompañadas de alguno de sus hijos, salen en la mañana o en las tardes a "tirar el anzuelo" en las cercanías de la comunidad.

Cuando se da el retorno a la comunidad, la escasez de proteína animal, "liga" como se conoce en la región, fue una de las carencias de la ayuda humanitaria. La falta de espacio disponible en los asentamientos no permitía la cría de aves o cerdos y salir a cazar era una aventura peligrosa por la presencia de actores armados. La pesca, entonces, se convirtió en la principal fuente de proteína, siendo asumida esencialmente por los hombres y con poca presencia de las mujeres.

Ganar confianza de nuevo requirió tiempo y, poco a poco, más mujeres se sumaron a las salidas, realizando labores de limpieza, conservación y preparado. Las entidades estatales y las organizaciones no gubernamentales han suministrado mantas y trasmallos a las comunidades para realizar la pesca. Sin embargo, ni las comunidades, ni las entidades presentes en la zona, tienen claridad sobre la importancia de dotar de anzuelos suficientes a las mujeres, si se quiere solucionar el abastecimiento de este alimento a las familias.

Se ha considerado que los programas de producción o de pesca deben ir orientados a los hombres y a la realización de proyectos encaminados principalmente hacia la producción, olvidando un sector importante de la población que orienta sus actividades a la provisión de la seguridad alimentaria de las familias y la comunidad.

 

“Pescando sardina para comer Doncella”

El tipo de pesca artesanal que se desarrolla en el Truandó puede inscribirse bajo dos técnicas, las cuales tienen como instrumento principal el nailon y el anzuelo de distintos tamaños de acuerdo con el tipo de pez que se piensa capturar. La más sencilla y utilizada es el anzuelo con vara y plomo, que requiere de tiempo suficiente para esperar a que el animal pique. Mediante esta técnica se pesca beringo, barbudo, moncholo (quicharo), boquiancha y mojarra. La segunda técnica utilizada es la “Tola”, que consiste en una cuerda de nailon o cabuya a la cual se amarran varios anzuelos con carnada viva (sardina o Nicuro: peces pequeños), las tolas se ponen en el río después de las cuatro de la tarde y se revisa y recoge el pescado a la mañana siguiente; con esta técnica y estas carnadas se pescan peces grandes y de mayor valor comercial como la doncella y el bagre, algunas veces se recogen vivos y se trasladan a cajas de madera con aberturas para que circule el agua. Estas cajas de madera se amarran cerca de la vivienda y se mantienen dentro del río, para conservarlos hasta el momento de la venta o consumo.

La obtención de las camadas es una actividad donde están involucrados los hijos pequeños de las pescadoras y consiste en lombrices, grillos o “chapules” para la pesca de las sardinas y con las sardinas y las tripas de otros peces se pescan bagres y doncellas. La pesca de bocachico se realiza con flecha, trasmallo y atarraya, instrumentos considerados de uso masculino.

 

​El arte de conservar “relajando y cecinando”

La forma de conservación más utilizada es mediante el ahumado y el salado, poniendo el producto a la parrilla en brasa sin llama. Antes de esto, debe haber sido limpiado y “relajado”, es decir, hacer cortes muy menudos y seguidos, a lo ancho del pescado sin quitar las escamas. otra forma de conservación es el secado al sol para lo cual se requiere antes abrir el animal, sacarle el espinazo, realizar dos o tres cortes a cada lado a lo largo y agregar sal.

 

Principales problemas para las pescadoras del Bajo Atrato

  • El conflicto armado, que hoy se desarrolla en la región, hace que cada vez se limiten más los espacios tradicionales de producción de las mujeres, entre ellos los ríos, caños, quebradas, ciénagas y pozos.
  • La explotación de madera de forma irracional está agotando los recursos del bosque y muchos ecosistemas fundamentales en la conservación de algunas especies de peces.
  • La tala indiscriminada y la forma como se transporta la madera hacen que cada vez las palizadas y el cambio de curso de las aguas disminuyan la presencia de peces y dificulte la actividad de pesca.
  • La sedimentación en las bocas del río Atrato ha hecho que los ciclos de pesca tradicionales se hayan alterado y la cantidad del recurso, disminuido.
  • La mayoría de proyectos productivos están enfocados a los hombres y especialmente los de pesca con énfasis comercial.
  • Falta mayor compromiso estatal para la titulación colectiva del territorio, lo que permitiría una mayor apropiación y participación de las comunidades en los planes de manejo integral del territorio y de sus recursos.
  • Hace falta involucrar a las mujeres en los programas de conservación y manejo de los recursos naturales e hídricos principalmente, con el fin de incluir la experiencia que ellas pueden aportar en estos procesos.

Publicado en Diciembre 23 de 2002| Compartir
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