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Dos formas de enfrentar y detener la contribución de la ganadería a la crisis climática

GRAIN y IATP / Junio 08 de 2017 / Este artículo ha sido consultado 1286 veces

No podemos enfrentar el cambio climático sin reducir la producción y el consumo de carne y de lácteos de origen industrial.

  • Alejarse de la carne y de los lácteos producidos de manera industrial
  • Redirigir el apoyo hacia los sistemas manejados por pequeños productores

La producción ganadera industrial es una causa importante de la crisis climática

  • El sistema alimentario global, según señalan los científicos, da cuenta del 29 % de las emisiones globales de los gases con efecto de invernadero, siendo la producción de carne y de lácteos la responsable de la mayor parte de este porcentaje.
  • Actualmente, la ganadería genera más emisiones de gases con efecto de invernadero que todo el transporte mundial en su conjunto. Cerca de la mitad de las emisiones asume la forma de metano, un gas que retiene 30 veces más calor en nuestra atmósfera que el dióxido de carbono, pero que desaparece muy rápido una vez que se deja de producir.
  • El 80 por ciento del crecimiento actual de la industria global de la carne y los lácteos proviene de la expansión de las granjas industriales o agro-factorías, impulsada por la consolidación de las corporaciones y la integración vertical por todo el mundo. En 2015, apenas cinco compañías (JBS, Tyson, Cargill, National Beef y Marfrig) representaban el 20 % de la producción mundial de carne.
  • Si hiciéramos todo lo que actualmente se indica para detener el cambio climático (detener la extracción y uso de combustibles fósiles, convertirse a energías renovables, etcétera, excluyendo la reducción de la carne industrial, aun así, el planeta estaría en peligro de llegar a un escenario “catastrófico”  de calentamiento de 4°C hacia fines de siglo.

Para ser claros, el problema está en la carne y los lácteos producidos de manera industrial

  • La actividad de la producción ganadera industrial es responsable de una emisión masiva de gases con efecto de invernadero, provenientes del uso de combustibles fósiles, fertilizantes, producción de estiércol, deforestación y degradación de las tierras a gran escala.
  • Esto genera numerosos otros impactos, incluyendo una contaminación ambiental, la explotación de los trabajadores, la destrucción de pequeñas granjas familiares, el abuso de millones de animales y emergencias de salud a nivel global, tales como la resistencia a antibióticos y la gripe aviar.
  • Las soluciones tecnológicas a duras penas podrían reducir un 30 % de las emisiones actuales provenientes de la ganadería, de acuerdo al más optimista de los escenarios de la FAO. Es imperativo un cambio de sistema.
  • La carne y los lácteos de origen industrial se mantienen, de manera artificial, a bajo precio, gracias a fondos públicos y políticas que externalizan sus reales costos y que impulsan un ciclo continuo de producción y comercio de excedentes.
  • Disminuir la producción industrial de carne es, por tanto, esencial para hacer frente a la crisis climática, incluso cambiando las dinámicas relacionadas con la demanda, que pongan énfasis en una dieta equilibrada y en la reducción de desechos alimentarios.

El problema del consumo debe ser atacado

  • Se proyecta que hacia el año 2050 el aumento global en el consumo de carne y lácteos crecerá un 76 y un 65 por ciento, respectivamente. Si no se reduce drásticamente este consumo, el resultado sería llegar a los límites de emisiones establecidos para 2050 en el Acuerdo de París.
  • El consumo per cápita más alto sigue estando en América de Norte, Brasil y la UE. En Asia está aumentando rápidamente. Si los países con excesivo consumo per cápita limitan su consumo al nivel recomendado por la Organización Mundial de la Salud, las emisiones globales de gases con efecto de invernadero disminuirían en un 40 por ciento.
  • La mayoría de los países del Sur Global tienen bajos niveles de consumo de carne y lácteos per cápita, pero su clase media urbana adopta, de manera creciente, las dietas estilo occidental, que incluyen un consumo excesivo de carne y lácteos. Las compañías extranjeras productoras de alimentos, las cadenas de comida rápida y los supermercados se orientan hacia estos países para poder crecer.

Aun así, los pequeños agricultores y ganaderos, a menudo, son considerados culpables

  • Los grupos de advocacy o cabildeo de las corporaciones, los científicos y las agencias de desarrollo, a menudo, presentan a los pequeños propietarios de ganado de los países pobres como los culpables de la crisis climática, debido a  la baja “eficiencia” de sus animales para convertir calorías en carne y lácteos, considerando una base per cápita.
  • Sin embargo, este restringido enfoque de la eficiencia y la intensidad de las emisiones, ignora los múltiples beneficios de los sistemas de producción ganaderos en pequeña escala, mixtos, multifuncionales y biodiversos. Esto incluye el mejoramiento de la salud de los suelos, una mayor flexibilidad hacia el clima y otros beneficios ambientales y de salud pública.
  • La producción de carne y lácteos en pequeña escala ya está bien adaptada a los sistemas alimentarios locales que responden muy bien a los niveles moderados de consumo de carne y lácteos, que el resto del mundo debiera lograr.

La solución

Las soluciones pueden ser eficaces solamente si confrontan  el enorme poder del conglomerado global de la carne y los lácteos.

Redirigir los subsidios

  • La producción industrial de carne y lácteos es impulsada por una enorme cantidad de dólares procedentes de impuestos —tan sólo en 2013, unos 53 mil millones de dólares provino de los gobiernos de la OCDE. China y Brasil también canalizan una cantidad significativa de fondos para el desarrollo de sus propias corporaciones transnacionales de carne y lácteos.
  • Los subsidios públicos, los créditos y otras medidas de apoyo fiscal para instalaciones de producción industrial masiva de carne y lácteos, como la propuesta de la granja de 20 mil vacas en España, deben inventariarse anualmente y finiquitarse.
  • Los fondos públicos, en cambio, deben ser dirigidos a apoyar a los pequeños agricultores que usan métodos de producción agroecológicos y pastoriles integrados, respaldando a los granjeros más grandes en el cambio hacia estas prácticas.
  • El apoyo también debe ir dirigirse a construir o rehabilitar la infraestructura local (rastros, procesamiento de la carne y lácteos, caminos, saneamiento, etcétera) que ayude a que prosperen los mercados locales de la carne y lácteos.

Alejarse de la carne y lácteos de origen industrial

  • Las corporaciones productoras de carne y lácteos tienen intereses creados en el aumento del consumo y la producción industrial de la carne y los lácteos y han bloqueado repetidamente las acciones de los gobiernos que disminuirían la demanda por sus productos.
  • Los bancos y otras instituciones que realizan inversiones deben tener en cuenta los verdaderos costos en emisión de carbono y los riesgos climáticos de sus inversiones en agronegocios y dejar de lado las compañías que deterioran el clima.
  • En lugar de  incentivar la expansión de las agro-factorías y del modelo industrial, mediante créditos de carbono o compensaciones, los fondos para el clima deben dirigirse a los sistemas agropastoriles de mayor ductibilidad, apoyando la proliferación de métodos agroecológicos integrados.
  • A las compañías de carne y lácteos y a sus grupos de cabildeo se les debe impedir que ejerzan una influencia indebida sobre la toma de decisiones relacionadas con el interés público, incluso mediante normas más estrictas para el financiamiento de campañas y previniendo conflictos de interés en los órganos gubernamentales y consultivos intergubernamentales.
  • También deben ser eliminadas las asociaciones público-privadas que promueven la ganadería intensiva a gran escala.

Detener y revertir los llamados acuerdos de libre comercio e inversión

Los acuerdos comerciales y de inversión, como el Acuerdo Trans Pacífico (ATP o TPP por sus siglas en inglés), la Asociación Económica Regional Integral  (AERI o RCEP por sus siglas en inglés), el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) o la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), favorecen la expansión de los mercados que benefician al conglomerado global de la carne y los lácteos. Permiten la subvención de la carne, los lácteos y el alimento animal barato, e impiden el uso de leyes que beneficien a los proveedores locales, y las regulaciones que desincentivan este modelo. Por ejemplo:

  • 70 millones de granjas lecheras en India enfrentan la amenaza inmediata de las importaciones impulsadas por el acuerdo comercial RCEP que está siendo negociado con la mega fábrica de lácteos New Zealand que exporta leche en polvo a bajo precio.
  • Ganaderos en pequeño y pastores de Senegal a Sudáfrica podrían perder sus medios de sustento debido a los acuerdos comerciales conocidos como Acuerdos de Asociación Económica que actualmente están siendo ratificados entre estos gobiernos y la UE, ya que promoverán el subsidio de lácteos a bajo precio, provenientes de Europa hacia sus mercados.
  • El Acuerdo en Comercio de Servicios (TISA) , actualmente negociado por 48 países, podría impedir a los gobiernos tomar medidas para reducir las emisiones procedentes de la ganadería que afecta al clima; y
  • La desregulación  de la inocuidad alimentaria, la aprobación de OGMs y de reglas sanitarias, de salud pública y ambientales que interfieran con las ganancias de las corporaciones, todo a través  del TPPCETA y el TTIP, restringirán los esfuerzos futuros para regular y reformar estas industrias.

Estos acuerdos deben ser suspendidos y reemplazados con iniciativas que permitan a las comunidades y a los países desarrollar sus mercados locales, con cooperación y apoyo mutuo.

 

 

Reducir el consumo de carne, eliminar la sobreproducción

  • Es muy importante lograr la reducción de la carne y los lácteos de origen industrial, especialmente carnes rojas, en los centros de alto consumo, como América del Norte, Europa, Brasil y China. Esto puede ser impulsado por la revisión y promoción a nivel nacional de pautas dietéticas que efectivamente se apliquen.
  • Una estrategia importante para lograr esto es hacer que la carne y los lácteos sean más caros y reflejen sus verdaderos costos, eliminando los  subsidios, regulando la industria e introduciendo medidas fiscales. Sin embargo, estas medidas deben ser realizadas de una manera que no se castigue a los consumidores de más bajos recursos o a los pequeños productores.
  • Se requieren programas de educación pública y campañas en los medios para ayudar a las personas a entender qué es lo que está en juego y alentar la acción colectiva. Esto no se trata de opciones individuales, sino de la necesidad de un cambio sistémico, con un fuerte papel para las iniciativas públicas y para las iniciativas de la gente, las iniciativas populares.
  • Las instituciones del sector público (colegios, hospitales, etcétera) deben, de manera proactiva, eliminar la carne y los lácteos de origen industrial de sus menús y abastecerse de proteínas que provengan de cadenas de abastecimiento y proveedores sustentables en pequeña escala. Hace poco, el Distrito Escolar de Oakland en los Estados Unidos probó este tipo de sistema con gran éxito, ahorrando 42 mil dólares en el proceso.

Apoyar a la producción en pequeña escala y a los mercados locales

  • Hay más de 600 millones de pequeños agricultores y 200 millones de ganaderos en pequeño, que dependen de su rebaño para su sustento y que, cada día, alimentan a miles de millones de personas, de manera sustentable, con carne, lácteos y huevos de calidad. Ellos necesitan urgentemente la atención y el apoyo público.
  • Las políticas y programas deben hacer énfasis en apoyar y proteger a los productores en pequeña escala y los mercados locales que ellos abastecen.
  • Los productores de ganado deben ser apoyados ara que hagan una transición hacia métodos de producción agroecológicos, incluido el pastoreo en rotación y varias medidas de manejo de suelos, que ayuden a reducir las emisiones de gases con efecto de invernadero.
  • Necesitamos invertir en proyectos dirigidos por las comunidades e iniciativas que busquen expandir estas prácticas y reconstruir los sistemas alimentarios descentralizados.

 

Esta hoja informativa está basada en el artículo de GRAIN “Tomar el toro por los cuernos: reducir la producción industrial de carne y lácteos puede frenar su impacto negativo en el clima” febrero de 2017 y IATP research on industrial-meat.

Para más información, visiten las páginas web de GRAIN y IATP.

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Publicado en Junio 08 de 2017| Compartir
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