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De la euforia al desastre – el caso de los Cerrados en el Norte de Minas Gerais

Carlos Alberto Dayrell, Brasil, Febrero 12 de 2015, Este artículo ha sido consultado 117 veces

Entre los biomas tropicales del mundo, tal vez las sabanas sean una de las formaciones vegetales más amenazadas. En un momento de crisis planetaria, cuando la oferta de alimentos demandados por la población mundial está conectada, contradictoriamente, con los intereses del capital, quien determina y controla la producción de todo tipo de materiales y fuentes energéticas, lo cual subsidia de forma aún más violenta la emisión de gases de efecto invernadero. Las sabanas, que hasta hace un tiempo estuvieron al margen de los intereses del capital, se presentan como nuevos territorios para ser totalmente subyugados. Esto está sucediendo tanto con los Cerrados brasileños como con las Pampas suramericanas y su codicia se dirige ahora hacia el Chaco, los Llanos y de la Orinoquia, las sabanas africanas. Las estrategias de subyugación son extremamente sutiles. Actualizan el discurso incorporándole como justificación los principales dilemas que vive la sociedad contemporánea, como el cambio climático, la disminución de los niveles freáticos, la proliferación del uso de combustibles fósiles y las crecientes emisiones de dióxido de carbono, las amenazas sobre los grandes reservorios de agua contenidos en las montañas nevadas y glaciares y la demanda de alimentos por parte de la población mundial

Con el discurso de la necesidad de proteger los biomas forestales –y, dentro de estos, la Amazonia es el más citado, tal vez como contrapartida para no invertir (al menos aún) allí– es sugerida la necesidad de ampliar la producción de alimentos y energía a través de grandiosos programas de reconversión agroambiental. ¿Dónde? Precisamente en las sabanas. Áreas que son consideradas por ellos como deshabitadas y ociosas; algo que actúa a su favor es que al no encontrarse árboles frondosos en estos ambientes –sino pequeños árboles torcidos, pequeños y atrofiados[1]– pueden expandirse allí, sin límites, sus negocios. Es sobre este tema que trata el presente artículo: los resultados e impactos del avance de la frontera agrícola sobre los cerrados brasileños. Un análisis de las formas de actuación del capitalismo en su fase más truculenta, la llamada “economía verde”, a través de los modernos mecanismos de expropiación material y simbólica de los cerrados brasileños y de su población, en particular en la región norte del estado de Minas Gerais.

 

Las sabanas en el mundo

Las especificidades que caracterizan a las sabanas en el mundo son tan grandes que los criterios y conceptos utilizados en su definición, aunque aparentemente sencillos, han sido objeto de polémicas y, frecuentemente, colocados en pauta en distintos foros de discusión académica en el transcurso de las últimas décadas (Aquino et al., 2009). La definición más común nos informa que las sabanas: “son praderas tropicales con una pequeña cantidad de árboles o arbustos dispersos. Se desarrollan en regiones de alta temperatura y tienen marcada diferencia entre las estaciones de sequía y lluvia. En la estación lluviosa el crecimiento es rápido, sin embargo, se secan y bajan en calidad durante la estación seca. Las sabanas tropicales cubren áreas extensas en América del Sur, África, India, Sudeste Asiático y Australia septentrional” (Odum et al., 1987) que pueden ser visualizadas en el siguiente mapa:

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Considerado como el cuarto mayor bioma mundial, se estima que las sabanas ocupan unos 15 millones de kilómetros cuadrados, lo que corresponde a 33% de la superficie continental de la Tierra y 40% de la faja tropical, regiones que abrigan cerca de 20% de la población mundial (Whittaker, 1975; Mistry, 2000; citados por Aquino et al., 2009). En América del Sur, la sabana es considerada como la segunda formación vegetal –en extensión– después del bosque húmedo tropical (como el Amazonas y la Mata Atlántica brasileña). Sin embargo, no existe consenso en las interpretaciones sobre los diferentes tipos que componen las sabanas. Como nos informa Aquino et al. (2009): lo más aceptado es considerar como Sabana al Cerrado Brasileño, a los Llanos venezolanos y colombianos del rio Orinoco y a los Llanos de Mojos de Bolivia. De otro lado, la Gran Sabana en las Guayanas, el Chaco boliviano, las Sabanas amazónicas, el Pantanal y la Caatinga en Brasil son algunos de los ejemplos de divergencia en cuanto a su inclusión o no dentro del concepto que son considerados por otros autores como campos neotropicales[2].

 

Los cerrados brasileños

Los altiplanos dominan una vasta región de la porción central de América del Sur. Con alturas medias entre 400 a 800 metros sobre el nivel del mar, estas altitudes pueden llegar hasta los 1800 metros en el caso de algunas cordilleras que cortan dichos altiplanos, o apenas 200 metros, en algunos valles formadores de ríos que atraviesan los altiplanos y alimentan las principales cuencas hidrográficas de América del Sur.

Al mirar el mapa de América del Sur, principalmente en Brasil, aunque también a manera de enclaves en Bolivia, Paraguay, Venezuela, Colombia, Surinam y Guyana, se observa que estos altiplanos están asociados a formaciones vegetales de sabana, que en Brasil se conocen como Cerrado. El Cerrado puede ser definido como un complejo de vegetación que posee relaciones ecológicas con otros paisajes de América tropical, presentando desde formaciones estrictamente campestres hasta bosques. De dimensión continental, el Cerrado brasileño constituye, después de la Amazonia, el segundo bioma en extensión del país; el Cerrado posee una fantástica biodiversidad asociada a una no menos rica diversidad social. Su ubicación en la porción central de Brasil hace que el Cerrado entre en contacto con otros grandes biomas brasileños: Amazonas, Caatinga, Pantanal y Mata Atlántica. Las interacciones con los otros biomas ocurren también en un régimen climático diferenciado, con temperaturas que van de calientes hasta ecuatoriales y la pluviosidad varía desde húmedo hasta semiárido. En este contexto, se asocian a los cerrados una amplia faja de áreas de transición con ecotonos singulares, ampliando sus dominios de dos millones de kilómetros cuadrados en trece estados de Brasil[3] (lo cual corresponde a 24% del territorio) a un total de 3,15 millones de kilómetros cuadrados[4], lo que corresponde a 37% de la superficie del país, según indican los estudios recientes de Carlos Eduardo Mazzeto Silva (2005). Esta diversidad de formaciones se correlaciona con la diversidad de relieves y con la de suelos de profundidades y texturas variables; sin embargo, en dicho bioma predominan los suelos ácidos y de baja fertilidad natural.

Su importancia biológica

Además de su importancia como regulador hídrico de las principales cuencas hidrográficas de América del Sur, el Cerrado se destaca por su biodiversidad, acentuada por el gran endemismo proveniente del intercambio génico propiciado por las extensas áreas de contacto de los ecosistemas. Como informa Porto Gonçalves: De esta manera, allí donde dos formaciones ecosistémicas se encuentran la naturaleza es más compleja que en las áreas de cada una de las formaciones separadas. Esas regiones de contacto, entre las cuales el Cerrado más que cualquier otro ecosistema es detentor de las mayores extensiones, deberían estar más protegidas que cualquier otra formación, en parte porque allí reside la mayor riqueza en complejidad de vida” (Porto Gonçalves, 2008)

En una declaración reciente en el Congreso Nacional, la investigadora Ludmila Aguiar de Embrapa presentó el grado actual de conocimiento (o desconocimiento) de la biodiversidad del Cerrado: “Este es un bioma importantísimo, ya que hace parte de la porción central de América del sur. Tiene contacto con todos los biomas brasileños e, inclusive, con los países vecinos. Actualmente es la región menos conocida, con referencia a biodiversidad, en la zona neotropical. Existen lagunas de datos. El Cerrado ya soportó a la megafauna que fue extinguida naturalmente. Hoy conocemos 11.430 especies de plantas vasculares catalogadas. Una riqueza muy impresionante para áreas abiertas: 1.822 aves, 1.615 arbustos, 4.506 hierbas, 801 trepadoras, 58 palmeras. Todo el mundo en el Cerrado está muy acostumbrado a utilizar la vegetación nativa. Todos comen gallina con pequi, todos usan té medicinal. Y aún es poco el conocimiento que las personas tienen. Existe un gran nivel de endemismo. O sea, las plantas y animales que existen aquí no los hay en otro lugar. Una vez que ellos se hayan ido, o las plantas hayan desaparecido, habremos perdido las características químicas que podríamos usar en el futuro, sin haberlas siquiera conocido” (Aguiar, 2007). Parte del enorme potencial de la biodiversidad de los cerrados ya era de conocimiento tradicional de los indígenas y de las poblaciones negras y campesinas que allí se desarrollaron. El investigador Ricardo Ribeiro (2005) hizo un levantamiento de la utilización de la flora y fauna por parte de las comunidades tradicionales e indígenas que viven en tres regiones de cerrados en el estado de Minas Gerais. Este estudio mostró la diversidad de especies de uso medicinal, frutales, maderables, forrajeras, oleíferas, además del gran número especies de la fauna que son utilizadas para suministro de carne, huevos y miel a las comunidades agro-extractivistas que allí habitan.

La agricultura “Geraizeira

Al norte del estado de Minas los cerrados ocupan los altiplanos, cuya formación de Sabana es también denominada por los habitantes del lugar como los “Gerais”. Chapadeiro, geralista, geraizeiro son términos que encontramos en diferentes localidades de esta región y que hacen referencia a un tipo de población que se diferencia de las demás. Circundando los altiplanos dominados por los cerrados, en las vastas planicies y cuestas de las sierras donde predomina la Caatinga, los habitantes que viven allí denominan geraizeiros a los agricultores que descienden de los altiplanos donde están localizados los “Gerais” a vender sus productos a los mercados locales. Los “Gerais”, desarrollaron la habilidad para cultivar a las márgenes de los pequeños cursos de agua una diversidad de cultivos como yuca, caña, maní, variedades de frijol, maíz y arroz. Además de las aves, el ganado bovino y los cerdos eran criados libres en las áreas de mesetas, llanuras y campiñas de uso comunal. Es en esas áreas, denominadas genéricamente como “Gerais” donde estas personas van a buscar el sustento para garantizar su supervivencia: colecta de diferentes frutos, de plantas medicinales, de maderas para distintos fines, de miel silvestre y caza de animales. Contribuyendo de manera significativa para el abastecimiento local, regional y, en algunos casos, hasta para el mercado nacional, los productos de la región que son llevados al mercado – harina de yuca, goma de mandioca, “rapadura” (producto semejante a la panela N.T.), aguardiente, café, frutas nativas, plantas medicinales, artesanías – reflejan el ambiente, el modo de vida, las posibilidades y potencialidades de los agroecosistemas de los “Gerais”.

Estudios realizados por Dayrell (1996) en el municipio de Riacho dos Machados mostraron que el manejo de estos agroecosistemas, de naturaleza agro-extractivista, estaba fundamentado en el cultivo de una inmensa agro-biodiversidad y en el manejo de la flora nativa: Se encontraron hasta 65 especies cultivadas con 137 variedades diferentes, producidas con la idea de atender tanto las especificidades agroambientales como las necesidades demandadas por las familias, influenciadas por el proceso de beneficiamiento, gustos personales y de los consumidores, aspecto visual, entre otros relacionados con la cultura alimenticia. Además, la flora nativa contribuía con hasta 42% de la producción bruta anual del agroecosistema familiar, generando además de renta externa por comercialización de algunos productos, alimentos ricos en vitaminas, minerales y proteínas, aceites comestibles, jabones, remedios, plantas medicinales, maderas. Un total de 78 especies diferentes de plantas nativas eran manejadas, además había conocimiento de un número aún mayor de otras especies de acuerdo con su utilidad en la economía familiar, su localización en el paisaje, procesos reproductivos y fenología (Dayrell, 1996). Formas de uso y ocupación de los ambientes que garantizaron, hasta años recientes, el mantenimiento de los servicios ambientales de esos ecosistemas, localizados en áreas marginales de transición hacia el semiárido brasileño.

Los cerrados como “baldíos”

El inicio de las transformaciones en la sociedad brasileña que permitieron el avance del capital sobre los cerrados tuvo origen en el golpe militar ocurrido en Brasil en el año de 1964. Por la fuerza de las armas fue sofocado el debate que en aquel entonces se hacía en torno del desarrollo de la agricultura. Contra los que defendían la reforma agraria y el fortalecimiento de la agricultura campesina, vencieron los que defendían la modernización de los latifundios. Se impuso un conjunto expresivo de políticas, reformulando el sistema de investigación y educativo y se fomentó la modernización de la agricultura con créditos y asistencia técnica subsidiados por el Estado. Estímulo que posibilitó una modernización en escala ampliada de los antiguos latifundios, convirtiéndolos en emprendimientos agropecuarios capitalistas, en detrimento de la agricultura campesina tradicional. Denominada como “modernización conservadora”, la política que fue desarrollada a partir de entonces condujo al extremo la dicotomía producción –conservación–. En el caso de los cerrados brasileños, este movimiento “civilizador” se avecinó principalmente a partir de mediados de los años 1970, bajo las vestiduras modernas de lo que pasó a denominarse como agronegocio[5]. A partir de la geopolítica de los militares, las regiones bajo dominio en los cerrados del norte de Minas Gerais, convenientemente consideradas entre las más pobres del estado, fueron vistas como “baldías”, como áreas deshabitadas; los ambientes de Cerrado fueron considerados como áreas ociosas, aunque hubiesen sido manejadas y habitadas secularmente por poblaciones campesinas, extractivistas, negras e indígenas.

Un conjunto considerable de políticas y programas agrarios[6], de infraestructura básica, de fomento, de subsidios fiscales y financieros fueron implantados con el fin de “integrar” esta región, a cualquier costo, como productora de materias primas baratas, bien fuese con plantaciones homogéneas de eucalipto para producción de celulosa y carbón, para alimentar los hornos de la cadena del acero y los negocios asociados a este; o para promover los polos de desarrollo de agricultura bajo irrigación; también para el desarrollo de la producción de ganadería de carne, de soya, algodón y, actualmente, la caña de azúcar para extracción de etanol. Esas “buenas nuevas”, la verdad, se insieren como parte de complejos oligopólicos, que se estructuraron a escala planetaria, con tentáculos por todos los rincones del mundo, establecidos en la estructura global de producción y consumo (Dangelis & Dayrell, 2006). En las regiones de “Gerais”, la consecuencia de este proceso para los geraizieros que no fueron desplazados de inmediato, fue la creciente desarticulación de sus estrategias productivas, que estaban asentadas en el aprovechamiento de las potencialidades de los distintos agroambientes, donde la biodiversidad agrícola y de la flora nativa cumplía un papel fundamental. Esta desestructuración, percibida claramente por los geraizeirosgeneró:

· La disminución o, incluso, el fin de la cría de ganado bovino, porcino y equino, que eran mantenidos libres en praderas nativas de los “Gerais”; estos animales constituían una reserva de valor para enfrentar los periodos de crisis;

· La degradación de los suelos, que pasaron a ser usados más intensivamente; el impedimento de la colecta y la restricción de la caza;

· Desaparición de nacimientos de agua, humedales y arroyos. A pesar de la irregularidad climática de la región, los humedales eran considerados verdaderos oasis que garantizaban la producción y acceso al agua, aún en periodos de sequía. Todos los agricultores entrevistados fueron unánimes en afirmar la degradación de los recursos hídricos producidos por la deforestación y la siembra de monocultivos de eucalipto. La contaminación por agrotóxicos afectó tanto a los suelos como a las aguas, comprometiendo la salud de las poblaciones humanas y animales. La cantidad de ganado que murió, probablemente intoxicado, fue muy grande, según la mayoría de los relatos.

· La pérdida de diversidad de variedades desarrolladas y cultivadas tradicionalmente por los geraizeiros y, finalmente, la reducción del empleo, creando un problema social serio para los pequeños municipios de la región.

Lo que se vio fue que el nuevo paisaje, configurado por el proceso desarrollista, afectó aún más los pilares del sustento de la agricultura familiar tradicional, construidos durante siglos de convivencia con los ecosistemas y con sus límites agroambientales. Acentuó también los desniveles socio-económicos y los recursos naturales; biodiversidad, suelos y agua entraron en un rápido proceso de deterioro. Aunque la media de pluviosidad anual no se haya alterado significativamente en los últimos 30 años, su irregularidad fue acentuada tanto durante el año como a lo largo de los años y la región pasó a sufrir con mayor intensidad los efectos de las sequías periódicas. De exportadora de algunos productos básicos, la región pasó a importar cada vez más, alimentos de otras regiones.

Los cerrados brasileños continúan siendo un territorio en disputa. Los últimos datos organizados por el Ministerio del Medio Ambiente (2009) muestran una tasa anual de deforestación del orden de 21.300 kilómetros cuadrados (dos veces superior a la de la Amazonia[7]), Con más de 50% de su vegetación original alterada, tiene una historia de ocupación que se remonta, al menos, a 12 mil años. Sin embargo, hay ignorancia y desconsideración por parte significativa de las élites económicas, políticas y hasta académicas –nacionales e internacionales–, cuyo silencio, viene permitiendo la: “expansión de un modelo agrario/agrícola basado en el monocultivo empresarial, cuyo impacto socio ambiental puede ser observado, no solo en el acentuado éxodo rural, con sus secuelas de pérdida de biodiversidad cultural y, aún, de una extrema concentración fundiaria y de riqueza, sino también por la degradación de sus condiciones ecológicas (Porto Gonçalves, 2008) Es en este contexto que ha sido emprendido un enorme esfuerzo por parte de organizaciones campesinas, indígenas, quilombolas (negros), Ongs, investigadores, profesores y estudiantes, con la finalidad de visibilizar el gran potencial de la biodiversidad del Cerrado y la gran diversidad socio cultural presente allí. Entre esos esfuerzos, el de comprender la agricultura campesina que dio origen a la agricultura geraizeira y que se desarrolló en los intersticios de la sociedad colonial, de origen europea, en ambientes de Cerrado que hacen la transición para la Caatinga y la Mata Atlántica, en una vasta región en el semiárido brasileño. Y que viene contribuyendo en la construcción de un tercer camino, basado en otra perspectiva de la sociedad, donde la demanda de alimentos y otros materiales necesarios para la existencia humana se encuentran debidamente mediados por los potenciales del ecosistema y por una racionalidad en la cual la naturaleza, la producción y la sociedad se encuentran amalgamados. Pero los ecos han sido tímidos. ¡Aún!


[1] Para muchos, las sabanas son consideradas los primos pobres entre los ecosistemas que extasían las mentes de las élites del primer mundo.

 

[2] Según la NGD, los campos neotropicales cubren una amplia gama de hábitats y regiones. Desde áreas húmedas permanentemente inundadas a sabanas que tienen ciclos de inundación y sequía; estas regiones soportan una amplia variedad de plantas y animales.

[3] Área continua en el Distrito Federal – Brasilia – (100% del área) y en los estados de Goiás (96,6%), Tocantins (75,6%) y Mato Grosso do Sul (59,3%), Mato Grosso (48,3%), Minas Gerais (46,7%), Maranhão (42,1%), Piauí (38,6%), São Paulo (30,6%), Bahia (21,4%), Rondonia (6,7%), Paraná (2,7%) y Pará (0,1%).

[4] Considerando también las áreas discontinuas en forma de enclaves presentes en tres estados, a saber: Amapá, Amazonia y Roraima.

[5] Estructura productiva cuyas raíces se remontan al período colonial, con base en la gran propiedad, el monocultivo, teniendo como fin la producción destinada a la exportación. Actualmente, en Brasil, se refiere a una asociación entre el capital agroindustrial con la gran propiedad fundiaria, asociación que realiza la estrategia económica del capital financiero (DELGADO, 2005).

[6] Con la finalidad de viabilizar la regularización fundiaria de los latifundios y la alienación o arrendamiento de tierras públicas, en su mayoría territorios de comunidades tradicionales.

[7] Para mayor información vease el Plan de acción para la prevención y control de la deforestación y las quemas en el Cerrado – PPCerrado – Ministério del Medio Ambiente. Septiembre de 2009. 

Publicado en Febrero 12 de 2015| Compartir
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