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Aproximación a agriculturas alternativas ¿Opiniones, sectas o negocio?

Mario Mejía Gutiérrez.  Profesor, investigador., Colombia, Abril 02 de 2018, Este artículo ha sido consultado 56 veces

El alternativismo en agricultura surge como reacción a la hegemonía de las transnacionales de los agroquímicos y semillas desnaturalizadas, cuyo proyecto consiste en dominar al mundo por el alimento y las semillas, contaminándolo, a la vez parasitando agricultores.

En 1890 la British Alcali Corporation ya era la multinacional más grande del mundo en la provisión  de fertilizantes industriales[1]. Es precisamente en esa década cuando Albert Howard inicia disidencia dentro de instituciones coloniales agrícolas del imperio inglés.

 

Howard, agrónomo fitopatólogo especializado en micología, tuvo la humildad de aprendizajes campesinos en las Antillas y en India (donde aprendió el método Indore de compostaje, que enseñó a una Europa que todavía practicaba el estercolero medieval). 1918. Sus seguidores Fried Sykes y Lady Balfour en Inglaterra, y André Voisin en Francia configuraron el método orgánico, que ahora llamamos agricultura orgánica. En palabras del mismo Howard hacia 1918: he aprendido a obtener cosechas sanas sin la menor ayuda de micólogos, entomólogos, bacteriólogos, químicos agrícolas, estadísticos, bancos de información, abonos artificiales, máquinas regadoras, insecticidas, fungicidas, germicidas, y toda la cara letanía de las estaciones experimentales.

 

No obstante la militancia de Howard contra el depredatorio colonialismo inglés, fue condecorado con la Orden de Caballería.

No puedo dejar de anotar que André Voisin murió en Cuba en 1964 trabajando con campesinos frente al bloqueo estadounidense al evento revolucionario de aquella isla.

En el lenguaje corriente colombiano se han entendido como orgánicas o agroecológicas todas las propuestas alternativas, denominación superficial que enmascara realidades, según las cuales, a cada cual le toca crear su propia alternativa, de acuerdo con su entorno, cultura, limitaciones, sueños…

No obstante, algunos personajes y ong parecieran sacerdotes de sectas alternativas o mercaderes de nuevas mercancías, de nuevos proyectos.

La diversidad de propuestas alternativas es coherente con la diversidad de nichos ecológicos, culturas, conflictos sociales y épocas históricas…

 

1. Ancestralidad

Durante milenios el modo precientífico de conocer creó todo lo esencial para la vida social. En agricultura, un método para cada nicho ecológico, un modo de subsistencia, del que todavía tienen vigencia tules, rozas, conucos, chagras, patios… donde fueron  acariciados los dones de la madre para alimentarnos, sanarnos, vestirnos…

 

2. La era científica

La inserción de la ciencia en agricultura ocurre con motivo de la hambruna de las papas, década de 1840, evento que motiva la muerte por hambre de la tercera parte de la población de Irlanda a la vez que olas de colonización al mundo por europeos famélicos. La inserción de la ciencia en la producción animal se había dado en el siglo XVIII a causa de epizootias letales en Europa.

 

Un treintena de propuestas alternativas en la vía escrita han sido formuladas: en 1903 la reforma agraria alemana; en 1918 la agricultura orgánica de Howard; en 1924 la biodinámica de Steiner; en la década de 1920 mesiánica de Okada y de convivencia de Taniguchi, con antecedentes en la dama Oyasama 1828; los estudios de geógrafos de la producción en las décadas de 1940 a 1980; el método regenerativo de los hermanos Rodale en USA, que dominaron el tema entre 1940 y 1980; la teoría de trasmutación  de Kervran, iniciada a publicar hacia 1950; oración y cenizas de la familia Cady en Escocia, década de 1960; la trofobiosis de Chaboussou, 1964…y, en especial, la proliferación de métodos alternativos con motivo de la crisis energética de la década de 1970: tecnologías blandas, economía budista y Sermón de la Montaña, de Schumacher; agricultura biológica, de Aubert; agricultura natural, de Roger; agricultura Mahayana, de Fukuoka; versión chilena de agroecología; permacultura, de Molisson y Holgrem; método ANOG de arboricultura, lithotamne, Lemaire- Boucher, Rush – Müller… 

 

3. La era poscientífica

A finales del siglo XX se hace notoria la inserción  de la física en agricultura tratando de constituirse en vínculo con respecto a biología y química. Esta visión había sido iniciada por la radiónica, originaria en el siglo XVIII. La visión biológica – química había sido constante de casi todas las propuestas alternativas en agricultura, pero ya no era posible seguir a espaldas de la visión cuántica, de la visión a través de las leyes de la naturaleza y de las manifestaciones de las energías, de visiones alternativas al determinismo genético, de la visión homeopática y efectos del doping, de las visiones pertinentes al principio de indeterminación… es decir, desafíos al método científico.

 

Es en la posciencia, mediante el principio de imprecisión o indeterminación o incertidumbre, como podemos desenmascarar estrategias parasitarias de las transnacionales de los agroquímicos y semillas desnaturalizadas. Algunas de esas estrategias son: el análisis químico de suelos, el concepto de plagas y enfermedades, la nocividad de las arvenses, el agotamiento de los suelos por la agricultura, el “mejoramiento” de las semillas… estrategias que nos envían de compras, sin lugar a alternativas.

 

El suelo es escenario caótico, dinámico, de microorganismos, minerales, climas, energías, cuyas reacciones entre sí resulta estúpido degradar al dogma NPK y a la hegemonía nociva del nitrógeno. En realidad, una planta consta 85 % de agua, de donde los dos nutrientes fundamentales son hidrógeno y oxígeno, acompañados de carbono y silicio, minerales que definen la estructura de la planta y su relación inmediata con el entorno.

Existen al menos ocho métodos alternativos para apreciar el potencial productivo del suelo, (ver nuestro libro Sendas, 2015).

 

El concepto de plagas y enfermedades es inherente al monocultivo, éste con frecuencia repetitivo y monovarietal. Tan nocivo que ocasionó en la década de 1840 la hambruna de las papas. Callahan, entomólogo, en todos sus libros,[2] abre el horizonte de despistar (no matar) insectos mediante aromas y ondas electromagnéticas. Chaboussou había establecido desde 1964 que plantas en proteosíntesis son prácticamente inmunes a comensales. Los biocidas, al menos en agricultura, son una desviación científica hacia el mero lucro, degradación innecesaria, pero lucrativa, parasitando a los agricultores.

 

El benéfico papel de los arvenses ha sido demostrado por Coccanouer, Walters y Callahan.[3] Incluso, en la década de 1990, se originó en Brasil la escuela agrícola alternativa llamada de sol y malezas.

 

El mito de que la agricultura agota las tierras ha soportado la estrategia de los fabricantes y vendedores de fertilizantes (de éstos los más nocivos son los nitrogenados, problema que atormentó al gran Albrecht). Para sostener el mito de agotamiento de tierras ha sido preciso destruir las prácticas de barbecho y rotaciones, los modelos en biodiversidad,  la vía microbial de nutrición vegetal en el caos edáfico…

 

Bruce Lipton en Biología de las creencias, 2008, controvierte el determinismo genético del ADN, indicando que el ADN está sometido a las reacciones que ocurran entre los centenares de miles de proteínas de la pared celular a estímulo de factores del ambiente. En realidad un proceso caótico, impreciso.

 

Lipton y Baherman en Spontaneous evolution, 2009, controvierten cuatro dogmas de la genética convencional: todo depende de la materia, todo depende de los genes, la evolución es aleatoria, la supervivencia del más apto. La aplicación de estos dogmas al “mejoramiento” de semillas y a la transgénesis, se inspira en meras consideraciones de un posible lucro si esas semillas son acompañadas con costosas ayudas en insumos industriales. La aplicación de aquellos cuatro mitos a la herencia humana resulta aberrante, porque ignora lo cultural, lo espiritual y el entorno: no hereda lo mismo un esquimal que un sudafricano. Solo a partir de consideraciones de lucro podemos explicarnos que el caos de la herencia (vegetal, animal, humana) se degrade a meras manipulaciones técnicas. Sin la cultura de Abya Yala el teosinte tal vez no hubiera  derivado a  maíz.

 

 

4. Conclusión

En el siglo XXI podría acentuarse la idea de tratar de entender la naturaleza (el dios de Spinoza) desde las fuerzas naturales y sus manifestaciones energéticas. En la práctica agrícola sustitución de insumos por energías.

 

En el siglo XXI podría acentuarse realizar sueños como el de Taniguchi: si estás en paz con todos los seres del cielo y de la tierra, todo será tu amigo, y nada podrá hacerte daño. El sueño de Pannikar, hacer unidad entre ecología y espiritualidad, rescatar el sentido femenino de la vida. El sueño oriental de equilibrios Yin-Yang, que en agricultura Callahan interpreta como equilibrio día y paramagnético. El sueño de Schumacher de economía budista (no nacimos para el consumo), tecnologías blandas, Sermón de la Montaña. El sueño de Roger y de Fukuoka de humildad ante la madre mediante agriculturas naturales. El concepto originario, ancestral, por el cual accedemos a la comida como derecho (como bebés) y no como mercancía (como banqueros).

 

Que florezcan cien escuelas (Mao), y que cada cual construya la suya (Kuo Shi).

 

Autor: Mario Mejía Gutiérrez. Profesor, investigador. C.e. mmejiagut@gmail.com

 


[1] Ver de Tomkins y Bird, 1998, Secrets of the soil, Earthpulse press, 422 páginas.

[2] Ver de Philip S. Callahan, 1975, Tuning into nature y Exploring the Spectrum, 1994.

[3] Ver de Joseph Coccanouer, 1950, Weeds, guardians of the soil. Charles Walters, 1953, Weeds: control Without poisons. Callahan S. Philips, 1995, Paramagnetism.

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Publicado en Abril 02 de 2018| Compartir
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